Mostrando entradas con la etiqueta #Paraguay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #Paraguay. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de julio de 2025

Guerra del Chaco: ¿Paraguay perdió o ganó la pulseada diplomática?

El 21 de julio de 1938, luego de arduas negociaciones y no pocos fracasos, Paraguay y Bolivia firmaban el Tratado de Paz, Amistad y Límites que ponía fin a la larga controversia por la posesión del Chaco Boreal. En esta entrevista, el historiador y diplomático Ricardo Scavone Yegros brinda mayores detalles sobre el desenlace diplomático de la contienda.


Integrantes de la delegación paraguaya durante la firma del tratado. Entre otros, el canciller Cecilio Báez, el general José F. Estigarribia, presidente de la delegación paraguaya, y el delegado Luis A. Riart

Fotos: Gentileza

En el sentido común de la generalidad de los paraguayos ha que­dado impregnada la idea de que la guerra fue ganada en el campo bélico, pero que las negociaciones diplomáticas terminaron siendo desfavora­bles a nuestro país. ¿Verdad o mito? Sca­vone Yegros ofrece algunas claves para entender la reso­lución final del diferendo en el contexto de la correlación de fuerzas, el derecho interna­cional y la presión de los paí­ses mediadores.

¿Cómo se llega al Tratado de Paz, Amistad y Límites entre las repúblicas de Boli­via y el Paraguay?

–El tratado de 1938, que puso término a la larga controver­sia paraguayo-boliviana por la definición de los límites terri­toriales en el Chaco Boreal, se concretó en el marco de una Conferencia de Paz espe­cialmente constituida por el Protocolo del 12 de junio de 1935. Como es bien sabido y se recuerda todos los años en nuestro país, por dicho proto­colo se acordó el cese de hos­tilidades en el Chaco, pero no se resolvió la cuestión de fondo, es decir, la controver­sia de límites. A efectos de solucionar esa controversia y, en general, los diferendos existentes entre el Paraguay y Bolivia, se estableció una Conferencia de Paz, integrada por representantes de los dos países en conflicto y de los seis países que mediaron para el cese de hostilidades, que fue­ron Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uru­guay. La Conferencia de Paz, que funcionó en Buenos Aires entre 1935 y 1938, supervisó el cese de hostilidades, orga­nizó y acompañó la desmovi­lización de las fuerzas com­batientes y la devolución de los prisioneros de guerra y, finalmente, obtuvo que los exbeligerantes aceptaran los términos del Tratado de Paz firmado en julio de 1938.

 

El diplomático e historiador Ricardo Scavone Yegros

El diplomático e historiador Ricardo Scavone Yegros

PRINCIPALES CLÁUSULAS

¿Cuáles son algunas de las principales cláusulas esta­blecidas en el tratado?

–En primer término, resta­blecía la paz entre el Para­guay y Bolivia, y disponía que los límites serían determina­dos mediante un arbitraje de equidad, no de derecho (es decir, más que lo probado o demostrado conforme a las reglas jurídicas se apelaba a una solución justa o equita­tiva) por los jefes de Estado de los países mediadores en la zona comprendida entre la línea de la última propuesta formulada por la Conferen­cia de Paz y la línea de la con­trapropuesta presentada por el Paraguay. Sin embargo, el tratado ya contenía las defini­ciones principales, pues preci­saba que en el norte el límite debía partir del meridiano del Fortín 27 de Noviembre (actual Gabino Mendoza), en el Pilcomayo debía ubicarse entre Pozo Hondo y D’Or­bigny, y en el este, excluir el litoral sobre el río Paraguay al sur de la desembocadura del río Otuquis o Negro. En tér­minos más sencillos, se dejaba en claro en el tratado que Boli­via renunciaba a su antigua aspiración de un puerto al sur de la Bahía Negra y el Para­guay accedía a alejar la fron­tera de la zona petrolífera boliviana. Como una suerte de compensación, se garan­tizó el más amplio libre trán­sito por territorio paraguayo, especialmente por la zona de Puerto Casado, de las merca­derías que llegasen con des­tino a Bolivia y de los produc­tos procedentes de Bolivia, y que este país pudiese insta­lar allí agencias aduaneras y construir depósitos y alma­cenes en condiciones que se determinarían.

¿En qué cedió y en qué ganó el Paraguay con este tratado?

–El Paraguay dio un carácter de estatuto territorial provi­sional a la demarcación de las posiciones militares ocupadas por los dos países al cese de las hostilidades y consideró que sobre esa base debería negociarse el arreglo defini­tivo. Tal demarcación, tam­bién denominada línea de hitos, mantenía bajo posesión paraguaya el camino que iba de Villamontes a Boyuibe y Santa Cruz de la Sierra, for­mando una cuña amenazante hacia la zona petrolífera boli­viana. Los países mediado­res no compartían la inter­pretación del Paraguay, pero ella era bastante firme, tanto por lo previsto en el Proto­colo de junio de 1935 como en el acta de enero de 1936, que resolvió la cuestión de la devolución de los prisioneros de guerra. En ese contexto, la solución se alcanzó final­mente cuando Bolivia, para asegurar la zona petrolífera, se resignó a no insistir en su pretensión de contar con un puerto sobre el río Paraguay al sur de la desembocadura del Otuquis, siempre que se corriese hacia el este el límite occidental, con compensacio­nes en el norte. Como para el Paraguay era clave la intangi­bilidad del río Paraguay hasta Bahía Negra, o sea, que Boli­via no dispusiera de un puerto apropiado desde el cual prepa­rase una eventual revancha o reanudación de la guerra. Así se dieron las condiciones para el entendimiento que se for­malizó mediante el tratado de julio de 1938.

Plano adjunto al laudo arbitral que determinó los límites entre Paraguay y Bolivia

Plano adjunto al laudo arbitral que determinó los límites entre Paraguay y Bolivia

ARBITRAJE

¿El arbitraje que definió los límites definitivos fue favorable o desfavorable para nuestro país?

–En realidad, el arbitraje fue solo un procedimiento utili­zado para hacer más aceptable el acuerdo por las opiniones públicas de los exbeligerantes. Los límites, en líneas genera­les, se acordaron previamente por los delegados de Bolivia y el Paraguay en un acta sus­crita el 9 de julio de 1938, que se mantuvo en secreto. A mi criterio y con el mayor res­peto a las opiniones en contra­rio, los críticos paraguayos al Tratado de Paz han dado una importancia desmesurada al acta secreta del 9 de julio, por­que los renunciamientos más relevantes se consagraron en el propio tratado, sin ocul­taciones: Bolivia no tendría puerto al sur de Bahía Negra y el Paraguay se alejaba de sus posiciones avanzadas del occidente, otorgando a Boli­via libre tránsito hasta el río y depósito franco en Puerto Casado. Eso fue público, lo que se reservó fue el trazado que tendría, a partir de tales defi­niciones, la frontera paragua­yo-boliviana dentro de la zona arbitrable.

Persiste el sentimiento entre los paraguayos de que la guerra se ganó en el campo bélico, pero se per­dió en el diplomático. ¿Fue efectivamente así?

–El Paraguay consiguió durante la guerra del Chaco ocupar casi la totalidad del territorio disputado. Llegó a donde nunca había llegado. Esa ocupación se consolidó con el Protocolo de Paz y el acta de enero de 1936. Pero era una ocupación provisio­nal, que tenía un valor rela­tivo. ¿Por qué? Primero, por­que por el Protocolo de 1935 el país se comprometió a resol­ver la controversia de límites por acuerdo directo o, en su defecto, por un arbitraje de derecho. Segundo, porque en el mismo protocolo recono­ció expresamente la decla­ración americana del 3 de agosto de 1932, que determi­naba la invalidez de las con­quistas territoriales obteni­das por la fuerza. En suma, Bolivia y el Paraguay con­servaban intactos sus dere­chos territoriales. La guerra creó una situación de hecho en la que el Paraguay era más fuerte, pero no una situación jurídica definitiva. Si el Para­guay y Bolivia no alcanzaban un entendimiento, la contro­versia se tendría que someter a un arbitraje de derecho, desig­nándose ya como árbitro en el Protocolo de Paz a la Corte Permanente de Justicia Inter­nacional de La Haya. Hasta ese tribunal irían los dos paí­ses con sus antiguos títulos de dominio a obtener una solu­ción en la que poco podrían incidir una vez presentados los alegatos. La diplomacia paraguaya se encontró, pues, en esa encrucijada, que no era para nada teórica.

Rúbricas de los representantes de Paraguay y Bolivia junto con las de los delegados plenipotenciarios de los países mediadores

Rúbricas de los representantes de Paraguay y Bolivia junto con las de los delegados plenipotenciarios de los países mediadores

PAZ ARMADA

¿Qué implicaba esa situa­ción?

–Que era tangible, con­creta. Con base en los infor­mes reservados del delegado peruano Felipe Barreda Laos, pude señalar en un libro publi­cado recientemente que, en junio de 1938, tras largas ges­tiones infructuosas, los dele­gados de los países mediado­res consideraron necesario dar por terminada la etapa de negociación del arreglo directo y pasar a discutir el compromiso arbitral, para lo cual estaban dispuestos a fijar un plazo. En último término, Bolivia pensaba recurrir a la Corte Permanente de Justi­cia Internacional a fin de que esta se avocara al estudio de la controversia en vista del com­promiso asumido en el Proto­colo de Paz de 1935. Por tanto, a la delegación del Paraguay no le quedó mucho margen de maniobra. De mantenerse en su intransigencia sobre la línea de hitos, se hubiese clau­surado la negociación del arreglo directo para pasar a la del compromiso arbitral. Meses más o menos, con su consentimiento o sin él, la cuestión del Chaco caería bajo la jurisdicción de la Corte Per­manente de Justicia Interna­cional y no sería imposible un fallo que, salomónicamente, partiese el Chaco en dos, o que dejase a Bolivia una sección del litoral del río Paraguay al sur de la Bahía Negra. La negativa paraguaya a admi­tir la competencia o las reso­luciones de dicho tribunal podría llevar de nuevo a los dos países a la guerra y, antes de eso, serían cinco, siete, diez años de paz armada. En con­trapartida, la Conferencia de Paz ofreció una fórmula con la que se anulaba la aspiración portuaria boliviana, lo que se estimaba como una garantía para la seguridad paraguaya, y se reconocía al Paraguay la mayor parte de lo que pudo recuperar militarmente durante la guerra del Chaco.

Luego del estableci­miento definitivo de los límites, ¿el Para­guay ganó, perdió o quedó con la misma cantidad de terri­torio que detentaba antes del inicio del conflicto?

–Al utilizar la pala­bra detentaba usted me da pie para des­tacar una diferencia que, a mi entender, es fundamental. El Paraguay aspiraba a que se le reconociese el dominio de todo el Chaco Boreal, pero no detentaba más que una parte de dicho territorio. Durante la guerra, la ocupación se amplió significativamente, sin abar­car tampoco por completo el territorio disputado. Aun­que las fuerzas paraguayas llegaron hasta el ansiado río Parapití, una contraofensiva boliviana las empujó nueva­mente lejos de allí y la línea de hitos quedó distante de dicho accidente geográfico. Entonces, si se mira la ocupa­ción efectiva del territorio en disputa, el avance fue muy grande. Otra cosa es la aspiración o los derechos invo­cados por cada parte. Así como el Paraguay, Bolivia sostenía que le correspon­día todo el Chaco Boreal, hasta la desembocadura del Pilcomayo en el río Paraguay y ese país no solo no llegó al río Paraguay, sino que tuvo que abandonar gran parte de la zona que detentaba al inicio del conflicto.

PROEZA

Usted menciona en un libro que el acuerdo de paz en 1935 fue propiciado por el estancamiento de las acciones bélicas. Es decir, ¿la victoria militar del Paraguay sobre Bolivia debe ser matizada?

–El Paraguay consiguió prác­ticamente expulsar al Ejér­cito boliviano de la región dis­putada. Fue una proeza que parecía imposible al inicio de las hostilidades. No obstante, esta victoria resultaba insu­ficiente para imponer las pre­tensiones paraguayas. Boli­via no estaba vencida, podía resistir y, de hecho, las nego­ciaciones que llevaron al Pro­tocolo de Paz de 1935 fueron bastante difíciles. Continuar la guerra hasta estar en con­diciones de imponer las bases para la paz requería recursos logísticos, financieros y huma­nos con los que el Paraguay ya no contaba, y desplegarlos en un medio desconocido, muy alejado de los centros de abas­tecimiento del país.

Durante las negociacio­nes diplomáticas, el Para­guay vivió dos golpes de Estado. ¿Cómo pudo haber influido esto en el resul­tado final de las negocia­ciones?

–También Bolivia padeció dos golpes de Estado en ese tiempo y uno durante la guerra. Indu­dablemente los hechos que usted menciona debilitaron la capacidad negociadora del Paraguay, no tanto en lo con­cerniente al funcionamiento de la Conferencia de Paz, sino más bien porque los cambios de gobierno debilitaron la uni­dad y la disciplina de las Fuer­zas Armadas, y ahondaron las diferencias políticas internas.

¿Cómo influyó la con­tienda en el escenario polí­tico local posterior?

–La guerra del Chaco pro­vocó, tanto en el Paraguay como en Bolivia, cambios profundos en la organiza­ción del Estado. Tras la gue­rra, se puso término al orden liberal en lo político y eco­nómico, y se buscó dar res­puesta a los problemas socia­les por medio de programas ideológicos distintos, con una fuerte injerencia de los jefes y oficiales que habían com­batido en el Chaco. Creo, en tal sentido, que la decisiva intervención de las institu­ciones armadas en la con­ducción política del país fue la consecuencia más ominosa del conflicto chaqueño, que se extendió durante el resto del siglo XX para­guayo. Digo ominosa, por­que los militares en polí­tica, al contar con la fuerza, representan un factor que, aunque no anule del todo, desbalancea o distorsiona el equilibrio entre los que gobiernan y los que ejer­cen como contralores en la oposición, que es esen­cial para el buen funciona­miento de las instituciones democráticas.


sábado, 8 de febrero de 2025

De cuando el Paraguay le declaró la guerra a la Alemania nazi

Este 8 de febrero se cumplen 80 años de un hecho poco conocido de la historia moderna paraguaya, al menos fuera de los ámbitos especializados: la declaración del estado de guerra efectuado por nuestro país a las potencias del Eje cerca del final de la Segunda Guerra Mundial. Esto le garantizó al Paraguay participar como país beligerante en las deliberaciones que tendrían lugar en el seno del emergente nuevo orden internacional que se construyó tras la gran conflagración, que reconfiguró el mapa geopolítico mundial.

 


 

El historiador y diplomático Ricardo Scavone Yegros, coautor junto con Liliana Brezzo del libro “Historia de las relaciones internacionales del Paraguay” (El Lector, 2010), brinda detalles sobre los alcances políticos y diplomáticos de esta medida adoptada por nuestro país frente al régimen del Tercer Reich, que por entonces ya se precipitaba hacia su final inexorable con la consumación de la victoria militar de las fuerzas aliadas.


¿En qué momento se dio la declaración de guerra del Paraguay a la Alemania nazi?

–El 8 febrero de 1945, poco antes de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno del Paraguay declaró al país en estado de guerra con Alemania y Japón, las denominadas potencias del Eje. De tal manera, aseguró su intervención en las deliberaciones entre los Estados aliados vencedores para el establecimiento de un nuevo orden internacional, que se concretó con la firma de la Carta de las Naciones Unidas.

 

El historiador y diplomático Ricardo Scavone Yegros


¿Qué consecuencias militares y jurídicas implicó la declaración?

–Militares, ninguna; el Paraguay no intervino en las acciones bélicas, aunque sí lo hicieron pilotos paraguayos dentro de las fuerzas brasileñas. Ahora bien, sí se generaron consecuencias en el orden jurídico interno y en la política exterior. Hay que recordar que ya en enero de 1942, tres años antes de la declaración del estado de guerra, el Gobierno paraguayo había resuelto, después del ingreso de los Estados Unidos a la guerra y de acuerdo con lo recomendado por la Reunión de Consulta de Cancilleres americanos efectuada en esos días en Río de Janeiro, la ruptura de las relaciones políticas, comerciales y financieras con los gobiernos de Alemania, Italia y Japón. En consecuencia, se interrumpieron las relaciones diplomáticas mediante la expedición de pasaportes para que los representantes de los tres países se retirasen del Paraguay y se dispuso el retorno de los agentes diplomáticos y consulares paraguayos acreditados en aquellos países.

Asimismo, se determinó que los nacionales de Alemania, Italia y Japón continuaran gozando de los derechos y garantías consagrados por la Constitución, pero con la prohibición de realizar cualquier actividad que pusiera en peligro la seguridad de la República y la del continente en general. En consecuencia, no podían ejercer los derechos de reunión, de asociación y de libre emisión del pensamiento con fines patrióticos; ni entrar o salir del país sin permiso especial del gobierno. Se prohibió también que comerciaran o utilizaran armas de fuego, explosivos, aparatos radiotransmisores u otros instrumentos de propaganda, espionaje o sabotaje, y que formasen parte de organizaciones controladas por los países de su nacionalidad. Las instituciones culturales, educativas, de beneficencia y socorros mutuos, deportivas o de mero esparcimiento creadas por las colectividades alemanas, italianas y japonesas debían abstenerse de realizar propaganda o cualquier acto en favor de sus respectivas naciones o en contra de sus enemigos; y el Gobierno las intervino de manera permanente, por medio de funcionarios que debían ser remunerados por las mismas colectividades.

Además, se prohibió toda transacción comercial y financiera con las potencias del Eje y los territorios que ocupaban, al igual que las transferencias de fondos de los nacionales o de personas jurídicas dirigidas o controladas por nacionales de esos países residentes en el Paraguay, para lo cual se habilitó la fiscalización de las operaciones comerciales y financieras que efectuasen. Con la declaración del estado de guerra, estas restricciones se endurecieron aún más.

 

En junio de 1943, Higinio Morínigo se convirtió en el primer presidente paraguayo en visitar la Casa Blanca. Aquí junto con el entonces mandatario norteamericano, Franklin Delano Roosevelt


 SOLIDARIDAD CONTINENTAL

¿En la decantación del Paraguay hacia el bando aliado hubo de por medio asistencia financiera norteamericana?

–Hubo dos elementos o factores determinantes. Por una parte, la construcción previa de un sistema de solidaridad continental, que se activó cuando Estados Unidos entró en guerra. En la ruptura de relaciones, el Gobierno paraguayo procedió conforme a los compromisos sobre defensa continental y solidaridad, asistencia recíproca y colaboración defensiva entre los Estados americanos asumidos en la Conferencia de Lima de 1938 y en las posteriores Reuniones de Consulta de Cancilleres de Panamá y La Habana, y siguiendo lo recomendado por la Tercera Reunión de Consulta de Cancilleres, celebrada en Río de Janeiro después de la agresión japonesa a los Estados Unidos.

A su vez, la declaración del estado de guerra se fundamentó en el deseo de “reafirmar la más completa solidaridad y determinación del Paraguay de seguir cooperando en un plano de mayor y recíproca protección de los intereses comunes del continente”. Pero, a más de esto, había reforzado significativamente las relaciones con el Paraguay mediante la concesión de asistencia técnica y financiera. En 1939, concedió tres millones de dólares para la construcción de una carretera de Asunción hacia el este, en dirección a la frontera con el Brasil, y medio millón más para mejorar las reservas del Banco de la República, y se comprometió a enviar misiones técnicas para colaborar en la modernización del sistema financiero y la atención de la salud pública en el Paraguay.

En 1941, acordó transferir a nuestro país armamentos y municiones en el marco de la ley de préstamos y arriendos; y tras la ruptura de relaciones con los países del Eje, a mediados de 1942, aprobó un nuevo paquete de ayuda, destinado a financiar proyectos de obras públicas, agricultura, salud y desarrollo industrial. En diciembre del mismo año se convino el establecimiento en el Paraguay del STICA (Servicio Técnico Interamericano de Cooperación Agrícola), que suministró asistencia técnica, recursos y capacitación para el desarrollo de la producción agraria. Al año siguiente, Estados Unidos comprometió el envío de una Misión Militar Aérea y poco después de otra Misión Militar con instructores para la Escuela Superior de Guerra. Las relaciones culturales y comerciales también se incrementaron significativamente.

“BUEN AMIGO”

¿Cuál es el provecho que sacaba Estados Unidos de este trato?

–Naturalmente, la ayuda estadounidense no era desinteresada. El Paraguay debió comportarse durante la guerra como un “buen amigo”, aplicando las medidas que se estimaban necesarias a efectos de contrarrestar cualquier acción que pudiera ser favorable a los países del Eje. Para ello, el Gobierno paraguayo, ejercido por el general Higinio Morínigo desde 1940, debió afrontar la resistencia de algunos jefes militares que lo respaldaban y que no consideraban apropiado inclinarse completamente hacia Estados Unidos, observando el ejemplo cercano de la Argentina que, a pesar de los compromisos de solidaridad continental, mantuvo su neutralidad durante la conflagración.

Hay que considerar, igualmente, la influencia de los inmigrantes de aquellos países, sobre todo los italianos y los alemanes, en la sociedad paraguaya. Las medidas adoptadas a su respecto no fueron muy suaves. Aparte de la intervención de sus asociaciones y establecimientos educativos, y de la internación o deportación de los considerados peligrosos, los comerciantes de esas nacionalidades sufrieron perjuicios directos al ser incluidos en las listas negras elaboradas por Gran Bretaña y los Estados Unidos.


Decreto-ley 7190, del 8 de febrero de 1945, por el cual el Paraguay se declara en estado de guerra con las potencias del Eje

 

¿Esta ayuda norteamericana implicó como contraprestación que el Paraguay se alinee al país del norte en las votaciones en las Naciones Unidas?

–Concluida la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno paraguayo fue reafirmándose en su posición de rechazo al comunismo internacional, la que quedó completamente definida desde 1947. Cabe recordar que, a pesar de que la Unión Soviética fue uno de los aliados en la lucha contra el Eje, el Paraguay resistió la posibilidad de establecer relaciones diplomáticas con dicho país, lo que se planteó con más fuerza en 1945 en vista de la creación de la Organización de las Naciones Unidas.

En consecuencia, además de la importancia concedida a la asistencia estadounidense, esa definición de política interna y de política exterior, que se mantuvo por largo tiempo, contribuyó a que el país se alineara resueltamente con los Estados Unidos en el marco de la confrontación ideológica, económica y militar sostenida con la Unión Soviética durante la Guerra Fría que siguió a la Segunda Guerra Mundial, tanto en el ámbito de las Naciones Unidas como en el hemisférico, dentro del Sistema Interamericano.

ASISTENCIA TÉCNICA Y FINANCIERA

¿De qué manera influyó la Guerra Fría durante la continuidad de las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos y el Paraguay?

–Dentro del orden mundial bipolar, el Paraguay reafirmó durante los sucesivos gobiernos del Partido Colorado y la larga dictadura del general Alfredo Stroessner su alineamiento internacional, desde una posición periférica, con los Estados Unidos, la potencia predominante en el hemisferio americano. Tal alineamiento aseguró al país la continuidad de la asistencia técnica y financiera estadounidense, que fue relevante. En esos años, el Paraguay sostuvo una sólida posición anticomunista y apoyó las iniciativas estadounidenses en los foros globales y regionales.

Las coincidencias con Estados Unidos quedaron manifiestas, por ejemplo, en la actitud del gobierno de Asunción frente a la Revolución Cubana. El Paraguay respaldó con energía las medidas adoptadas contra el régimen cubano por la Organización de los Estados Americanos (OEA) y estuvo entre los primeros países en concretar la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba. Las buenas relaciones paraguayo-estadounidenses comenzaron a deteriorarse a partir de la década del 70. Primero, por las dilaciones y dificultades suscitadas en el proceso para la extradición del francés Auguste Ricord, residente en el Paraguay y reclamado por tráfico de heroína a los Estados Unidos, caso que afectó seriamente la imagen internacional del país y de su gobierno, a los que se vinculó con el tráfico de drogas ilícitas.

En segundo lugar, porque se intensificaron las denuncias de violaciones sistemáticas de los derechos humanos por parte del Gobierno paraguayo formuladas por organismos no gubernamentales y en el propio Congreso de Estados Unidos. En consecuencia, el gobierno de Washington redujo drásticamente la asistencia militar y financiera al Paraguay, y asumió una actitud más crítica contra la dictadura que imperaba en el país.

jueves, 8 de agosto de 2024

Emiliano R. Fernández: el Homero de las trincheras paraguayas

A 130 años del nacimiento del más popular de los poetas épicos paraguayos, Emiliano R. Fernández, lo evoco en este artículo reflexionando sobre el papel de la oralidad en la preservación de la memoria histórica y en la generación de una conciencia nacional.

Fotos: Gentileza



 

Los íconos de la cultura popular superan a menudo el plano de la historia y se funden con la leyenda. Así, es frecuente que se conviertan en motivo de disputa entre poblaciones e incluso naciones que reivindican cada uno para sí el privilegio de haber engendrado a tal o cual genio. 

En este sentido, Emiliano no fue la excepción, pues aún hoy su lugar de nacimiento es causa de controversia. No obstante, la versión que fue imponiéndose fue que nació en la compañía Yvysunú, Guarambaré, el 8 de agosto de 1894, aunque hay versiones que indican que nació en Curusú Isabel, Concepción.

De cualquier manera, nuestra intención no es aquí redundar en los ya consabidos datos biográficos, sino más bien reflexionar sobre el sentido de la práctica poética y valorar el legado de Emiliano en su justa dimensión como cultor de la palabra oral y cronista de hechos que vivió en carne propia.

Pero primero indaguemos someramente sobre qué es la poesía. Aunque en primera instancia su definición pueda remitirnos a conceptos esteticistas o románticos como la expresión de la belleza a través de la palabra o la puesta en arte de los sentimientos amorosos, podría afirmarse que la poesía nació ante el horror de la tragedia humana y ante la angustiosa sensación de vacuidad del hombre ante la inmensidad del mundo que lo rodea.

A los poemas cosmogónicos que intentan explicar el origen del mundo, sigue la poesía historiográfica que cuenta, aunque con fuerte influencia de la ficción, los orígenes de la sociedad y las guerras entre los primeros pueblos.

Homero, cuya vida también se entremezcla con la leyenda, es considerado el primer poeta de Occidente y a quien son atribuidos los cantos épicos La Ilíada y La Odisea, que narran el último año de la guerra de Troya, el primero, y la vuelta de Odiseo tras la contienda, el segundo. Por tanto, poesía e historia estuvieron íntimamente ligadas en sus orígenes hasta que esta última logra formarse como disciplina independiente, algo que no sería posible si no hasta la creación de la escritura. Al mismo tiempo, la poesía se libera de la obligación de contar la “verdad” y pasa a ser en sí misma su propio objetivo.

EL MECANISMO DE LA ORALIDAD

Antes de ser escrita, la poesía era transmitida de manera oral de generación en generación, por lo que con frecuencia se ha planteado el problema de la fidelidad de su conservación a través del tiempo a consecuencia de los olvidos, omisiones y otras distorsiones.

Ante este problema, el filólogo Milman Parry y el profesor de literatura eslava Albert Lord crearon la teoría oral-formularia, que plantea que los cantos orales no se conservaron mediante la memorización textual, sino a partir de la retención de patrones de las estructuras básicas del relato (fórmulas) de tal suerte que, si bien se pueden presentar variaciones en la literalidad a lo largo del tiempo, el sentido general de la historia se mantiene. Los patrones rítmicos, pues, cumplen una función mnemotécnica al fijarlas en la memoria de los cantores, quienes iban trasmitiendo a través de las generaciones la historia de sus pueblos. El ritmo del canto –en sus constancias y variaciones tonales– cumple un papel que excede el mero goce estético. Es decir, las melodías y ritmos son herramientas para fijar en la memoria los hechos, por lo que la función musical está estrechamente relacionada a la salvaguarda de los saberes de los pueblos.

HEREDERO DE UNA TRADICIÓN

Para Parry, Homero no sería más que un compilador muy posterior que dio unidad a una vasta tradición oral de diversos dialectos que lo precedió y que se mantuvo relativamente inalterable a través del tiempo gracias al mecanismo de la oralidad que ya hemos mencionado. En efecto, se ha llegado a dudar de la existencia histórica de Homero o que este haya vivido en el tiempo en que se dice que vivió, el siglo VIII antes de nuestra era, puesto que la escritura en Grecia se desarrollaría en tiempos posteriores.

Sin embargo, en defensa de la hipótesis unitaria, que atribuye La Ilíada a un autor único, el poeta y crítico literario norteamericano Adam Kirsch alega que es posible apreciar una estructura formal constante en el poema, constituido por hexámetros dactílicos, es decir, cada línea está conformada por versos de seis grupos de sílabas, una larga seguida de dos breves.

Además de ello, apunta al empleo permanente de descripciones fijas aplicadas a personas o cosas a las que se recurre de manera constante: “Hera de brazos blancos”, “Aquiles de pies veloces”, “mar oscuro como el vino”, “Héctor el del tremolante casco”, etc.


 

LA MARCA DE LA GUERRA

Si como hemos dicho al principio la poesía es fruto del horror ante la tragedia humana, Emiliano R. Fernández rinde con creces tributo a esta tesis, sobre todo con sus poemas épicos escritos durante los intermedios en las batallas de la Guerra del Chaco. La fuerza de su legado, además de su calidad técnica y expresiva, sin duda está abonada por el favorable contexto de que la memoria histórica nacionalista en el Paraguay sigue aún hoy muy marcada por las dos grandes contiendas que enfrentó el país durante los siglos XIX y XX. Esto al punto de que, al decir del profesor alemán Wolf Lusting, epopeya e historia pasaron a ser expresiones sinónimas.

Aunque Emiliano en sus inicios se hizo conocido recorriendo el país recitando y cantando sus poemas, que ocasionalmente publicaba en revistas de la época, su creación lírica fundamentada en la oralidad precede a la escritura y la trasciende a través de la música.

Pero más que un mero poeta de la tradición popular, como bien observa el escritor rosarino de origen paraguayo Mario Castells, Emiliano cabe en la definición de lo que es un intelectual, es decir un “individuo que construye imaginarios”.

Así, Emiliano pasó a ser parte de la conciencia de la nación, por lo que en los actos de tinte patriótico no puede faltar la interpretación de sus obras, en especial 13 Tuyutí, regimiento del cual formó parte en la Guerra del Chaco. Esta obra se refiere a un episodio específico de la guerra, la batalla de Nanawa, librada desde el 20 al 26 de enero de 1933.

UN HIMNO ÉPICO


Para analizar este poema tomaremos como punto de partida un estudio realizado por el docente de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) Óscar Pintasilgo Solís titulado Análisis de la retórica de la canción 13 Tuyutí, de Emiliano R. Fernández. Saltando el preludio y la glorificación a las tropas que tomaron parte de la batalla, una de las más notables características de la poesía épica que presenta esta obra es el ensalzamiento de los héroes guerreros, en este caso el general de División Luis Irrazábal, el coronel Francisco Brizuela y el general de División Francisco Caballero, que son presentados los dos primeros como guitarra del diablo y el tercero como león chaqueño. Para facilitar la comprensión de esta pieza que al traducir pierde gran parte de su valor hemos adaptado la letra a la grafía guaraní actual.

“Mi Comando Irra, hendive Brizuela / mokoīve voi aña mbaraka / Ha el león chaqueño ijykére kuéra, / mayor Caballero ore ruvicha”. (Mi comandante Irrazábal, con él Brizuela / los dos son guitarra del diablo / y el león chaqueño a su lado/ el mayor Caballero, nuestro jefe).

Con respecto al valor histórico del relato, cabe destacar un fragmento que hace referencia al intento boliviano de tomar el fortín Nanawa mediante una maniobra envolvente para salir al río Paraguay a la altura de la ciudad de Concepción y controlar de esa manera un eje logístico de importancia para el Ejército paraguayo. Sin embargo, la estrategia resultó un rotundo fracaso para los bolivianos al mando del general alemán nacionalizado boliviano Hans Kundt, que planificó la operación ignorando las condiciones del Chaco como la falta de agua dulce.

“Reínte voli heko ensugūyva / ndohechamo’ãi y Paraguay. / Oihaperãme ipopía rasýva / Regimiento 13, kavichu pochy” (Inútilmente, Bolivia, de malas intenciones, / no verá el río Paraguay / Estará en su camino con doloroso aguijón/ el Regimiento 13, avispón furioso).

SÁTIRA

En otro pasaje Emiliano apela a un recurso que fue ampliamente utilizado en la Guerra contra la Triple Alianza en los diarios de trinchera como Cabichuí, la ridiculización del enemigo refiriéndose con sorna al jefe militar de las tropas enemigas, que se toparon ante una sólida puerta impenetrable en las defensas paraguayas.

“Kundt ko oimo’ãnte yvypyro / Ojuhúta ápe pire pererî / Ha ojepojoka gringo tuja výro/ Nanawa rokême ojoso itî”. (Kundt habrá imaginado al principio/ que encontrarían aquí a gente floja / Y se rompió las manos el gringo viejo tonto/ Contra las puertas de Nanawa se aplastó la nariz).

Así también, es posible encontrar referencias temporales específicas que narran los episodios bélicos en las que, como es lógico, no están ausentes las apreciaciones personales del autor, que emplea metáforas para describir la situación.

“Oguahê jave 20 de enero / Iko’êha’ára vierne rovasy / Ohuã'iva’ekue a sangre y fuego/ Oikepávo ápe ña boli memby./ Ko’êtî guive ore retén dospe / Kundt rembijokuái ndikatúi oike / Osegui hapére Rodolfito López / Mboka’i ratápe ohovapete”. (Cuando llegaba el 20 de enero/ amanecía un viernes triste,/ acudieron con sangre y fuego / irrumpiendo aquí los hijos de Bolivia. Desde el amanecer en nuestro Retén Dos/ los enviados de Kundt no pudieron ingresar / porque les salió al paso Rodolfito López / con el fuego del fusil los abofeteó).

 

Emiliano R. Fernández junto con su madre, Bernarda Rivarola

 

EL INFIERNO

En un pasaje homérico de potente estrofa, Emiliano ofrece una descripción descarnada del campo de batalla cuando los soldados paraguayos con machete en mano, como si fueran a limpiar la chacra, hacían caer las cabezas del enemigo por doquier. Con seguridad este episodio impresionó profundamente al poeta, que compara la escena con las profundidades del Hades cuando la ira está de fiesta, y asegura que solo aquellos que vieron y escucharon lo ocurrido podrán creerlo.

“Ava’i akângue ko’ápe ha pépe/ Akã Vera kuéra omosarambi/ A lo chirkaty machéte haimbépe/ ikokuepeguáicha lo mitâ okopi”. (Cabezas de indiecitos aquí y allá los (del regimiento) Acá Verá esparcían/ Como en el chircal con el filo del machete como en su chacra los muchachos carpieron).

“Péichane voi aipo Aña retãme/ la mba’e pochy ifunsionjave./ Ohecha, ohendúvamante ogueroviáne / Nanawa de Gloria fárra karape”. (Seguramente es así en el infierno / cuando la ira está de función / solo el que ve y el que escucha creerá / el enfrentamiento que hubo en Nanawa de Gloria).

Por lo demás, no dejan de resultar curiosos los eufemismos y las traducciones pacatas de expresiones como “ava”, que si bien en el guaraní originario se utiliza de manera neutra para referirse al hombre, en el jopara o guaraní paraguayo es una expresión marcadamente peyorativa para aludir a los indígenas.

Si en un primer momento se festeja que “ndopamo’ãiha (no va a terminar) la raza guaraní”, reivindicando la herencia indígena en la cultura paraguaya, a reglón seguido se trata despectivamente al enemigo de “ava’i” (indiecitos) o “tembiguái ava” (indios serviles), ya sea en referencia a los bolivianos propiamente o a los indígenas chaqueños reclutados como guías, la más de las veces de manera forzosa.

En definitiva, Emiliano resume la paraguayidad en su más amplio sentido, desde la lengua en la que habla, el jopara; sus fervientes sentimientos nacionalistas y las contradicciones identitarias en su relación ambigua con el ser indígena del que se dice heredero.

sábado, 6 de noviembre de 2021

Periplo al kurusu bicicleta

Esta es la historia de los hermanos Sergio (20) y Gregorio (17) Aguilera Arias, los “ángeles protectores” de los ciclistas; en memoria de ambos fue erigido el kurusu bicicleta, un nicho ubicado en el kilómetro 109,5 de la ruta PY02 en San José de los Arroyos, departamento de Caaguazú.




La noche del 2 de enero de 2007 Sergio se presentó a trabajar en la planta de faenamiento de pollos que estaba a dos kilómetros de la casa familiar en la compañía Yacú Barrero, por lo que siempre se trasladaba a la fábrica en bicicleta.

Esa noche, el encargado de organizar las labores nocturnas pasó revista al personal disponible, luego de lo cual informó que faltaría uno más para cumplir el trabajo extra programado para esa noche y madrugada.

Cuando escuchó el requerimiento del jefe de cuadrilla, Sergio levantó rápidamente la mano para decir que él podía conseguir a alguien. El primero en quien pensó fue en su hermano Gregorio, tres años menor que él y con quien desde muy chiquitos se acostumbraron a trabajar para aportar a la precaria economía familiar. En total eran siete hermanos, pero entre Sergio y Gregorio había una conexión especial. Eran muy unidos y todo lo hacían juntos.

Cuando recibió el permiso del puntero para ir a buscar a su hermano, tomó su bicicleta y se puso a pedalear lo más rápido que pudo. Cuando al fin llegó jadeante hasta la puerta del rancho, su familia se sobresaltó pensando que algo malo había ocurrido.

-Mba’e piko ojehu ndéve* –le preguntó su madre.

–Mba’eve, che sy. Ajúnte aheka Gregorio-pe. Che hermano, jaha ñamba’apo. Oñeikotevê peteî personal ko pyharépe amo fábrica-pe** –le dijo Sergio a Gregorio.

–Nooo. Che ajapo va’erã voi peteî chánga ko’êro. Aháta aity takuare’ê. Che namba’aposéi pyharekue*** –se excusó el hermano menor.

–Jaha katu. Enohê porãvétako amo**** –le insistió Sergio.


Sergio Aguilera Arias. Foto: Crónica

Aunque no sentía ganas de ir, terminó cediendo ante la insistencia de su hermano. Suspirando con cierto fastidio se cambió la ropa y se calzó las botas para ir a trabajar. Cuando Sergio se montó a la bicicleta, Gregorio se acomodó sobre el portabulto trasero e iniciaron el camino cuesta arriba rumbo a la planta.

La jornada de trabajo se extendió hasta la madrugada. Fuera del establecimiento, como lo hacía todas mañanas bien temprano antes del amanecer, ña Rosita aguardaba con su canasta de chipa y cocido bien caliente frente al portón del criadero de aves. Sergio y Gregorio estaban fatigados y con mucha hambre.

Les pareció buena idea desayunar y luego dirigirse a la casa para ir a acostarse directamente sin armar barullo en la cocina. Cuando acabaron de comer, se montaron a la bicicleta y se enfilaron hacia la ruta rumbo a casa. Los primeros destellos del día se insinuaban tímidamente en el horizonte.

Adelante iba un pelotón de trabajadores que salían de la fábrica y se dirigían a sus hogares luego de la extenuante jornada. Al pie de la cuesta escucharon el ronquido de un autobús avanzando a sus espaldas a alta velocidad.

Todos voltearon para ver a qué distancia se encontraba el camión, pero la ofuscante luz alta apenas permitía ver una silueta fantasmagórica que rugía como un dragón furioso.

Sergio le daba al pedal con todas sus fuerzas en su intento de terminar la pendiente antes de que el ómnibus los alcanzara. Sin embargo, la empinada no solo los impulsaba a ellos, sino también a la humeante bola de hierro que tronaba detrás de ellos. Aferró fuertemente la manopla del manubrio y posó firmemente ambos pies sobre los pedales. Se puso rígido, al igual que Gregorio, quien se ceñía con todas sus fuerzas a la parrilla del portabulto.


Gregorio Aguilera Arias. Foto: Crónica

El chofer cabeceaba adormecido mientras sujetaba débilmente el volante, que cedía ante sus manos y giraba lentamente como las manecillas de un reloj. No fue sino hasta que sintió el crujir debajo de las ruedas cuando el conductor se repuso de su somnolencia y clavó los frenos. El bus derrapó y cuando logró enderezarlo ya había dejado atrás dos cuerpos inmóviles que yacían sobre el asfalto.

Como Gregorio iba atrás, sufrió más directamente el impacto, por lo que murió en el acto. En tanto, Sergio fue trasladado inconsciente y en estado de gravedad al entonces Hospital de Emergencias Médicas, donde falleció pocas horas después. 

La maltrecha Phoenix gris enarbola la ermita erigida en memoria de los hermanos, que se ha convertido en lugar de culto para los ciclistas ruteros, quienes concurren al sitio para encomendarse a la protección de los hermanos Aguilera Arias.

Cuando llegué al lugar cerca de las once de la mañana luego de hacer escala la noche anterior en Itacurubí de la Cordillera, el cielo estaba encapotado y empezaron a caer las primeras gotas acompañadas de un fuerte viento. Encendí una vela rápidamente, pues no había tiempo para demorarse. Escudriñé los detalles del memorial, entre ellos la placa con los datos de las fechas de nacimiento y de muerte de ambos (Sergio Aguilera Arias/Q.E.P.D./ 20-VIII-1987 + 3-I-2007/ Fabián Gregorio Aguilera Arias/Q.E.P.D./ 20-V-1990 + 3-I-2007). 

Luego de unos breves minutos, apurado por la amenaza de tormenta, emprendí el camino de regreso. Pero apenas al llegar al pueblo de San José, el sol del mediodía empezó a quemar nuevamente. El temporal había quedado atrás.

 

Notas

*Qué te pasa.

**Hermano, vamos a trabajar. Se necesita a un personal para trabajar esta noche en la fábrica.

***No. Yo tengo una changa para hacer mañana. Voy a recolectar caña de azúcar. Yo no quiero trabajar de noche.

****Dale, vamos. Vas a ganar más dinero allá.