lunes, 15 de julio de 2019

A 92 años de la matanza de Puerto Pinasco

El 15 de julio de 1927 se registró un sangriento episodio que ha quedado casi en el olvido: la matanza de Puerto Pinasco. Al cumplirse 92 años de la masacre contra trabajadores de una taninera, comparto una entrevista realizada vía correo electrónico al investigador británico Andrew Nickson, autor de un artículo sobre este episodio poco conocido de nuestra historia. 
 

Imagen de la fábrica de tanino de Puerto Pinasco (Colección del explorador suizo Louis de Boccard).

   
En su artículo “Una historia olvidada. La matanza de Puerto Pinasco”, publicado en la revista “Novapolis” en octubre de 2013, el profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Birmingham reseña la historia de una huelga realizada en la taninera de la empresa norteamericana International Products Corporation (IPC) en la ciudad de Puerto Pinasco, departamento de Presidente Hayes.

La medida en reclamo de mejores condiciones laborales fue respondida con una represión que derivó en una cantidad de víctimas de al menos una docena de personas entre muertos y heridos graves, según Milda Rivarola, y más de veinte, según Juan Alfredo Ramírez, señala el autor.
 

Andrew Nickson, investigador británico.
Nickson subraya que el gobierno de Eligio Ayala logró ocultar el episodio “con mucho éxito”. Por entonces, el exmandatario Eusebio Ayala, quien volvería a ocupar la presidencia en 1932, se desempeñaba como vicepresidente de la firma en Paraguay y director regional en Asunción.


Las versiones sobre el suceso indican que el levantamiento fue iniciado por los hacheros, los más explotados en la cadena de la industria del quebracho. En una comparación casi obligatoria, el autor señala las similitudes con la masacre de Curuguaty y la operación llevada a cabo por las autoridades con el fin de ocultar la verdad de lo ocurrido. Al igual que en Marina Cue, no fueron investigadas ni la actuación oficial ni la de los directivos de la empresa y todo el castigo recayó en los huelguistas.

Además de las mejoras salariales, jornada de 8 horas, derecho a la sindicalización y turnos rotatorios en la fábrica, los obreros también exigían terminar con el monopolio de la despensa de la IPC y su combo de “vales”, tan bien descrito por Rafael Barrett como una estrategia de esclavización de los mensúes. 


–Existe una controversia sobre la fecha exacta en que ocurrieron los acontecimientos. ¿Fue el 4 o el 15 de julio? ¿Por qué esta diferencia en el registro? ¿En qué se basa para sostener que fue el 15 de julio?

–Aunque no es cierto que “la prensa asuncena no se hizo en absoluto eco de estos acontecimientos”, según señala Milda Rivarola, debido a la gran distancia y pésimas comunicaciones al interior del país de entonces solamente unas magras y muy distorsionadas noticias se filtraron en la capital sobre lo acontecido. Tres periódicos asuncenos de la época (El Diario, El Liberal y La Nación) reportaron sobre los “Sucesos de Pinasco”.

El Diario basaba su informe casi exclusivamente en las declaraciones de Eusebio Ayala, quien había viajado a Pinasco después de la matanza. “Los sucesos de Puerto Pinasco” (El Diario, Asunción, 25 de julio de 1927). Es en esta entrevista con Ayala en la que aparece una fecha exacta (15 de julio): “Los obreros no habían pedido ninguna modificación en las condiciones de trabajo, hasta después de descubrirse el complot. El mismo día de los sucesos, o sea el viernes 15, el administrador, Sr. Scott, recibió una hoja sin firma escrita con visible prisa pidiendo la jornada de ocho horas y otras mejoras”. Por otro lado, Ayala miente cuando dice al inicio de la entrevista: “En Pinasco no hubo huelga”. ¿Quizás tuvo algún motivo de ‘cambiar’ la fecha de la huelga?

Por otro lado, en “Los sucesos de Pinasco” (La Nación, 21 de julio de 1927), se dice lo siguiente: “El gobierno está en el deber de investigar la verdad de los hechos ocurridos. En Puerto Pinasco se ha producido hace unos días una huelga”. Aun cuando es impreciso, “hace unos días” se aproxima más al 15 de julio que al 4 de julio.

Es probable que la fecha del 4 de julio se basa en los informes de la diplomacia francesa de la época (Perrot a Briand) citados en el excelente trabajo de Milda Rivarola “Obreros, utopías y revoluciones”.

Hasta ahora no existe una fuente definitiva sobre la fecha de la huelga y matanza de Puerto Pinasco. Esto refleja tanto la lejanía del lugar en esa época, pero también sigo teniendo la fuerte sospecha que la magnitud del mismo fue encubierta por razones políticas. Si tuviera que apostar, diría que fue el 15 de julio.

–¿De qué manera un episodio de la magnitud y gravedad como la matanza de Puerto Pinasco pudo quedar en el olvido?  

 –Entre los factores figuran el obvio interés por parte de las autoridades de la época de tapar lo ocurrido así como la lucha entre socialistas y anarquistas para el control del movimiento sindical en panales. Para 1927 el liderazgo nacional del movimiento obrero quedó firmemente bajo el control de socialistas, quienes se oponían al liderazgo de la huelga en Pinasco, de tendencia mayormente anarquista. Las escasas referencias a la huelga de 1927 en el segundo tomo de las memorias de Francisco Gaona, fuente principal de la historia sindical paraguaya, son muy llamativas. Asimismo, a pesar de que cubre el periodo, el informe –de fuerte contenido antianarquista– presentado por Rufino Recalde Milesi a la Internacional Sindical Roja en Moscú, en el año 1930, no dice nada de Puerto Pinasco. 

A esto hay que añadir la tradición básicamente oral del pueblo rural de entonces, cuyo idioma fue en un casi cien por ciento el guaraní. Pero aun así, llama poderosamente la atención que la llegada de aproximadamente 500 personas (entre huelguistas y familiares expulsados) en el puerto de Asunción a los pocos días de la tragedia no despertó eco alguno en la prensa local. A mi parecer, el hecho de que los periodistas de la época no hayan buscado testimonios “de primera mano” al entrevistar a los recién llegados nos habla a montones acerca de la enorme brecha social entre la intelectualidad asuncena y el pueblo en ese entonces.

Existe poca información acerca del génesis de la protesta de 1927, aunque probablemente fue liderada por los hacheros, los más explotados del personal, a quienes se les pagaba por destajo, a través de terceros, y con mucha demora. Los huelguistas marcharon al puerto, donde consiguieron la solidaridad de los obreros de la fábrica y del puerto. Sus demandas fueron la apertura del puerto, atención médica a sus familiares y un aumento salarial. Al ser negados sus reclamos, como medida de protesta ocuparon la usina y la comisaría, amenazando con incendiar los depósitos. 

La respuesta de la gerencia fue contundente. El comisario local, que en la práctica actuaba como funcionario de la empresa, mandó apresar a los líderes de la “comisión directiva” de la huelga. Pero al serle imposible realizarlo, la empresa envió un mensaje por código Morse pidiendo auxilio del cuartel de Concepción, que envió un pelotón de 30 a 35 soldados quienes, en su intento de desocupar el puerto, ametrallaron a los huelguistas.

También hay una clara explicación política de autocensura por parte de la prensa asuncena, que lo destapa una carta con fecha 20 de julio de 1927 del Cónsul Francés en Asunción, Monsieur G. Perrot, dirigida al Ministerio de Relaciones Exteriores en París sobre lo acontecido en Puerto Pinasco. La misiva destaca el hecho de que la prensa haya seguido las instrucciones del gobierno de no hacer ruido sobre el tema y haber demostrado un ejemplo de disciplina periodística.

–Antes de la matanza se refiere a otras grandes huelgas realizadas bajo la inspiración de las corrientes obreristas de entonces. ¿Sabe de otros dirigentes, además del obrero Esteban Cardozo y el argentino Benigno Castaño, que hayan participado de la huelga?

–De hecho, hubo una creciente militancia de los sindicatos a partir de la segunda década del siglo veinte. El caso más emblemático fue el de los obreros marítimos, cuyo sindicato –la Liga de Obreros Marítimos del Paraguay (LOMP)– fue, sin duda, el más organizado y más fuerte. Como parte de ese auge, una serie de grandes huelgas ya habían sacudido antes a Pinasco –en 1913  y en 1922/23–, cuando hasta se fugó el Comisario Wagner y se instaló en su reemplazo una guarnición militar a cargo de un Mayor Barboza. Todas estas luchas apuntaban a la introducción de derechos laborales básicos tal como las ocho horas diarias (en vez de las doce horas que fue la norma en la fábrica). 

Como nos recuerda Milda Rivarola, el segundo quinquenio de la década de 1920 también fueron años de creciente “contestación al orden liberal” y no es de sorprender que, a pesar de su lejanía, estos nuevos vientos hayan soplado también en Puerto Pinasco. No hay que olvidar que el plantel de personal de IPC –en el puerto, la fábrica, ferrocarril y los hacheros contratados en los obrajes– era del orden de 3.000 personas, de lejos el  mayor empleador en todo el país y se estima que la población total de Puerto Pinasco rondaba los 14.000 habitantes.



Imagen de los vales de la despensa de la IPC.

–A parte de las reivindicaciones relacionadas con los salarios y las jornadas de trabajo, en su artículo menciona que uno de los motivos de la rebelión fue el sistema de “vales”.

–Además de la lucha por las ocho horas de trabajo, una reivindicación constante fue la apertura del puerto y el libre ingreso de vendedores de productos básicos para competir con el monopolio ejercido por la despensa de la empresa, que explotaba al personal mediante el sistema de compra con “vales”. Pero en su afán de mejorar sus condiciones, los obreros tropezaban con la férrea negación de IPC, durante décadas, de reconocer un sindicato. 

La IPC solía contratar a “cowboys” norteamericanos, en muchos casos con antecedentes criminales en su país de origen, tal como relata el testimonio de C. W. Thurlow Craig, aventurero inglés y exempleado de la empresa en Puerto Pinasco. Es muy probable que el comportamiento de los gerentes y subgerentes extranjeros hacia el personal local fuera fuertemente influenciado por el racismo y sentido de superioridad anglosajón, propio de la época. Esta cultura empresarial de capitalismo salvaje habría inculcado una actitud intransigente respecto a las demandas laborales. 

–Qué rol cumplieron Eusebio Ayala, funcionario de IPC, y Eligio Ayala, entonces presidente de la República.


–Dos aclaraciones. Primero, que los dos Ayala (ambos liberales, ndr) no fueron parientes, tal como se suele decir. Segundo, Eusebio Ayala –presidente de la República entre noviembre de 1921 a abril de 1923, además de ser rector de la Universidad Nacional –en el momento de la tragedia en julio de 1927 siguió ocupando  al mismo tiempo el cargo de vicepresidente de IPC y el de director regional en Asunción. De hecho, esa misma noche él viajó en seguida a Pinasco y sus declaraciones al regresar formaban la base de la escasa memoria colectiva de lo que pasó. Pero la veracidad de sus declaraciones a la prensa es muy cuestionable. Ayala hablaba de un duro enfrentamiento, pero no menciona en absoluto la existencia de muertos. Además dice una barbaridad, o sea que “no fue una huelga sino un atentado anarquista frustrado” y vuelca toda la culpa a un “grupo de exaltados liderado por un individuo de nombre Benigno Castaño, desertor del Ejército argentino”.


El presidente Eligio Ayala logró ocultar los pormenores de la matanza con mucho éxito.

En fin, es entendible que destacados liberales de la época hayan tratado –con mucho éxito– de encubrir la matanza de Puerto Pinasco. No es difícil imaginar que un arreglo privado entre Eusebio y Eligio –respectivamente el principal director local de la empresa y el jefe de Estado– explique el porqué nunca hubo una investigación oficial acerca de la  matanza, el porqué ningún policía fue arrestado por la matanza y el porqué el mismo IPC nunca recibió ni una amonestación por lo ocurrido.
  
La relación con el caso de Marina Cue en 2012 en cuanto al comportamiento del Estado es muy llamativa. En esencia sigue siendo un Estado esclerótico, cuyo elitismo se esconde detrás de una canalla de pomposos “magos”, expertos en abstracciones de “derecho constitucional” que dan la espalda a las apremiantes necesidades de un pueblo huérfano de acceso a la justicia.

–¿Qué datos se tienen sobre Mr. J. H. Scott,  gerente de la empresa durante la matanza? 

–Del gerente Scott, de nacionalidad canadiense, se sabe poco. Después de la matanza, el conflicto laboral en Pinasco seguía siendo tirante. En una posible represalia, el 1 de diciembre de 1929, Dr. MacDonald, un médico inglés recién llegado para trabajar  en la empresa, murió en una emboscada en compañía de Scott, en las afueras del puerto cuando inspeccionaban un obraje. Se supone que la bala, tirada por desconocidos desde un bosque, fue dirigido a Scott. Aun así Scott se quedó por muchos años más en Pinasco, dejando el puesto y despidiéndose de Pinasco finalmente el 26 de julio de 1939.

–En su texto habla de un gran mitin contra la matanza realizado el 19 de julio de ese año en el que intervinieron Hérib Campos Cervera y Obdulio Barthe. ¿Hay transcripciones de esos discursos? 
 
–Lastimosamente creo que no hay transcripciones de sus discursos.

–¿Aún existe la International Products Corporation (IPC)?

–La empresa International Products Corporation, que en su momento tenía su sede en 120 Broadway en pleno Manhattan, Nueva York, y una oficina de tres pisos en Calle Palma 211, ya no existe más. En 1920 había comprado un frigorífico del Farquhar Syndicate en San Antonio, cerca de Asunción, y pronto llegó a ser, con la empresa Liebigs, uno de los principales exportadores de carne en conserva. También adquirió enormes extensiones de tierra en Paraguay, pasando de 200.000 hectáreas en 1935 a 620.825 en 1946. 

Después de la caída del precio internacional de tanino en 1955, IPC vendió los activos en Pinasco en 1965. La venta fue dudosa y el comprador, INVICTA, pronto se fue a la bancarrota, causando mucha protesta en Pinasco en plena dictadura de Alfredo Stroessner. En 1966 la empresa transnacional, Ogden Corporation, compró la IPC. Para 1975 siguió siendo uno de los latifundios más grandes del país, con 607.000 hectáreas, de las cuales los dos tercios se mantenían sin uso. A  raíz de la baja repentina en la demanda internacional de carne en conserva, la planta de San Antonio dejó de producir y se vendió en 1979. Como consecuencia de la falta total de políticas públicas de desarrollo territorial, la población de Puerto Pinasco cayó  vertiginosamente de 14.000 en la década de 1920 a 2.148 en 1972, 519 en 1982, recuperándose levemente hasta llegar a los 3.313 en 1992 y 3.328 en 2002.



El hotel construido por la IPC hacia la década del veinte en la ciudad de San Antonio (departamento Central), ubicado frente al frigorífico que fue operado por la misma empresa. Al lado del edificio central existían chalets donde se alojaban los obreros que provenían de zonas distantes para trabajar en la matadería y hasta contaba con una sala de cine, según el relato de una pobladora de la zona. Actualmente se encuentra abandonado y derruido.
 
–¿Qué hay respecto a ese libro inubicable que menciona, “Sangre Proletaria: la Masacre de Puerto Pinasco”, de Enrique Volta Gaona, quien fuera hombre duro de la dictadura stronista?

–El título aparece en la entretapa de la segunda edición (1957) de un libro escrito por Volta Gaona, llamado 23 de Octubre, bajo una lista de “obras en preparación”. Varios intentos de ubicarlo han sido infructuosos y llegué a la conclusión de que no existe semejante obra, sino que más bien se trató de un “proyecto” no cumplido de Volta Gaona. De paso, Luis Verón nos recuerda que Enrique Volta Gaona, inspirador del sindicalismo amarillo, Organización Republicana Obrera (ORO), y “asesor legal” de la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT) después de la huelga general de 1958, fue nada menos que primo hermano de José Asunción Flores.


ANEXO

  • Transcripción de una publicación de la época sobre los sucesos de Pinasco incluida en el texto de Andrew Nickson
Los sucesos de Puerto Pinasco
El Diario (Asunción) 25 Julio 1927
Uno de los directores de la compañía suministra a ‘El Diario’ informes completos acerca de lo ocurrido en aquel puerto.
Hemos tenido oportunidad de hablar sobre los sucesos de Pinasco con uno de los Directores de la Cia., el Doctor Eusebio Ayala, quien se había trasladado a Pinasco tan luego como recibió noticias de lo ocurrido habiendo, sin embargo, llegado cuando todo había terminado.

Dice el Dr. Ayala:

“En Pinasco no hubo huelga. Un individuo, de nombre Benigno Castaño, desertor del Ejército Argentino, hace algún tiempo llegó a Concepción. Se empleó en casa de Antonioli, de donde poco después fue echado y denunciado a la justicia por robo. Trató de organizar el Partido Anarquista en la Ciudad del Norte, pero tuvo un choque con los obreros con motivo de la manifestación patriótica a raíz de la muerte del Tte Rojas Silva. Castaño trató de persuadir a los obreros, diciéndolos que los obreros no debían tener patria. No pudiendo medrar en Concepción, se trasladó a Pinasco, donde inició una Sociedad Secreta, con el objetivo aparente de sindicarse y con el objetivo real de hacer propaganda anarquista. Unos pocos exaltados entraron en su plan.

La administración tuvo noticias de lo que se fraguaba, y despidió a Castaño y once trabajadores complicados. Este fue el origen de los incidentes.


Un número de más o menos 100 obreros se solidarizó si no con las ideas con la suerte de estos promotores. Castaño y los demás complicados entonces resolvieron llevar a cabo sus planes de destrucción, atacando la fábrica, quemando las pilas de madera, prometiendo el saqueo libre del Almacén, etc., etc.


Uno de los primeros actos debía ser matar al Comisario y desorganizar así la Policía. Felizmente los tiros contra el Comisario no hirieron sino a un sereno. La Policía largó tiros, la mayor parte al aire, a fin de dispersar a los hombres reunidos y, también para ahuyentar a los que prendían fuego a las pilas de madera, resultando algunos heridos leves.


Según todas las informaciones que se pueden recoger de toda clase  de gente en Pinasco, los discursos fueron de corte anarquista. Castaño incitaba a quemar la fábrica,  como una protesta contra la Sociedad capitalista, otros hablaron contra la Patria, contra la bandera tricolor y, un orador dijo que era preferible que el Chaco pasase a manos de Bolivia.


Los obreros no habían pedido ninguna modificación en las condiciones del trabajo, hasta después de descubrirse el complot. El mismo día de los sucesos, o sea el viernes 15, el Administrador, Sr. Scott, recibió una hoja sin firma escrita con visible prisa pidiendo la jornada de ocho horas y otras mejoras.


El Administrador contestó por escrito en el acto en una forma conciliadora, proponiendo someter el asunto al Directorio de la Compañía. Pero los Directores no querían discutir nada. Uno de los contadores de la Compañía, señor Augusto Mendonca, estuvo a hablar con Castaño y compañeros con el propósito de apaciguar los espíritus y tratar de encauzar  en una negociación pacífica la cuestión. El señor Mendonca hubo de ser asesinado por dos de los hombres con sendos puñales y salvó la vida mediante la oportuna intervención de algunos trabajadores.


Como se ve, no fue una huelga sino un atentado anarquista frustrado.


La mayor parte de los trabajadores huyeron a los montes vecinos con sus familias y unos cuantos se presentaron en la Administración a ofrecer sus servicios en defensa de la Cía.

El viernes a la tarde llegó a Pinasco el Sr. Vicente Silveira, Secretario de la Delegación de Concepción con 10 agentes. De acuerdo con él, los Directores del movimiento se prestaron a salir de Pinasco, invitando y amenazando a los demás, a fin de obligarlos a abandonar el puerto con ellos. El Sr. Silveira manifestó a todos los obreros que la Cía ponía a disposición un barco para trasladar a todos los  que quisieran salir hasta Concepción. Haciendo uso del ofrecimiento, se embarcaron los doce Directores y poco más de cien trabajadores con sus familias.

Cuando yo llegué a Concepción, vinieron a verme una delegación de los salidos de Pinansco, pidiéndome hacerlos llegar hasta Asunción, pedido que fue concedido.


El número de individuos que se han plegado, por temor u otro causa, el movimiento, no representa sino el 5% del personal. Todos los demás continúan trabajando sin ninguna queja.


La empresa de Pinasco atiende especialmente  a su personal, y no creo que haya ningún establecimiento en la República en el cual  los obreros tengan un trato mejor.


He conversado con muchos obreros, y la impresión mía y la de cualquiera que habla con ellos sería la misma.


Es muy triste que individuos que no son obreros ni paraguayos, puedan causar daños considerables a una empresa y a los compatriotas que trabajan.


Sería muy deseable una investigación seria a fin de tomar  las  medidas oportunas para impedir el desarrollo de la acción anarquista en nuestro país”.


Fin





Al momento de la matanza, el expresidente Eusebio Ayala se desempeñaba como directivo de la IPC.


  • Transcripción y traducción de Milda Rivarola de un fragmento de la Carta del 20 de julio de 1927 del cónsul francés en Asunción, Monsieur G. Perrot, al Ministerio de Relaciones Exteriores en París.
Actividades bolcheviques en Paraguay
Disturbios de carácter bolchevique, que hubieran podido ser graves, estallaron en Pto Pinasco (…) donde se encuentran las fábricas de extracción de tanino de la importante sociedad americana The International Products Corporation de New York, cuyo presidente local es el Dr. Eusebio Ayala, ex presidente de la República, hermano de Bordenave y uno de nuestros más fieles amigos aquí.

Esos disturbios habrían sido fomentados por agitadores bolcheviques expulsados del Brasil a la Argentina, y de allí a Paraguay. Esos agitadores, entre los cuales había muchos alemanes,  estarían en número de 8, y habrían encontrado, según se aseguró, si no apoyo al menos cierta complacencia entre rusos emigrados aquí, que sin embargo se vanaglorian de ser “blancos”.


(…) En fin, parece que según lo que yo pude constatar, los rusos blancos o monárquicos no manifiestan sino una aversión bastante relativa a los rusos bolcheviques que no son judíos, reservando su repulsión para estos últimos.


Las autoridades paraguayas han actuado con rigor. Ante las amenazas de incendiar todo, fábricas y depósitos, hechas por los huelguistas de Pto Pinasco, la tropa respondió a tiros de salva que hicieron numerosos  heridos, algunos de los cuales estarían en peligro de muerte.  Se anuncia oficialmente que el trabajo fue retomado en Pto Pinasco y que el Dr. Eusebio Ayala, luego de haber arreglado las cosas en el sitio, estaría ya de retorno en Asunción.


Doscientos huelguistas o agitadores han sido expulsados. Los extranjeros han sido echados sea a la Argentina, sea al Brasil.

Es de notar que la prensa paraguaya parece haber escuchado las indicaciones del gobierno de no hacer mucho ruido sobre estos hechos. Hay allí un ejemplo de disciplina periodística que es nueva en el Paraguay. En fin, debo hacer saber que los americanos del norte siguen con atención constante las actuaciones de agentes bolcheviques en este país.



jueves, 27 de junio de 2019

Un viaje en bus desde Brighton hasta los maestros de la guitarra paraguaya

Luego de su trilogía dedicada casi íntegramente a la música paraguaya, el guitarrista inglés Richard Durrant presenta un libro con fragmentos biográficos, fotografías y partituras de Agustín Barrios, Quirino Báez Allende, Felipe Sosa, Juan Adolfo Duarte y Kike Pedersen. 

En su cuaderno de viajero titulado The Number 26 Bus to Paraguay, Durrant nos cuenta las peripecias de su travesía rumbo a las tierras de Mangoré.
 


“The Number 26 Bus to Paraguay” se titula el periplo musical de Richard Durrant, lanzado en octubre de 2016, que reúne pasajes biográficos, fotografías y partituras de cinco músicos paraguayos. El compilador también presenta obras de su autoría en las que los cultores de la guitarra clásica nacional han dejado impresa su huella. En nuestro medio solo circulan unos pocos ejemplares de gentileza en inglés y aún no ha sido editado en castellano.

El nombre del opúsculo homenajea a la línea en la que desde niño hacía el trayecto de su apartamento en las afueras de Brighton, al sur de Inglaterra y a una hora de Londres, rumbo a sus clases de guitarra en Waterloo Street, Hove. En esos viajes durante varios años contempló el paso de las estaciones poseído por el hechizo de Agustín Barrios y el lejano y mítico Paraguay  que construía en su imaginación.

Sus sueños de músico a tiempo completo se forjaron bajo el influjo mangoreano, entre ensayos y su grabación preferida flotando en el aire del piso donde vivía, Barrios interpretado por el venezolano Alirio Díaz, fallecido en julio de 2016 pocos meses antes de cumplir 93 años. A inicios de 2011, mientras trabajaba en unas grabaciones y resistía la tentación de ir a pescar, sonó el teléfono. Al otro lado del tubo un hombre con marcado acento sudamericano le preguntó si quería viajar al Paraguay. No pudo decir más que “OK”.

Las crónicas del viajero nos ofrecen unas páginas llenas de colores y la revelación de que entre los músicos que conoció en nuestro país lo sorprendió especialmente Juan Adolfo Duarte, nacido en Asunción en 1984. Durrant asegura que la obra de Duarte le cambió la vida. Se conocieron en 2012 en la casa de otro devoto mangoreano, el compositor y maestro caazapeño Felipe Sosa.

“En un oscuro rincón del cuarto de Felipe, divisé una misteriosa figura sosteniendo la guitarra. Era Juan Duarte. Todavía en las sombras Juan empezó a tocar su nueva pieza: ‘Panambi raity’ y supe que mi vida había cambiado. Él era tan original, efusivo y colorido que, hasta entonces, solo había escuchado algo semejante en el trabajo de Agustín Barrios. Juan Duarte, humilde y de hablar bajo, estaba tejiendo la misma magia que con Felipe me indicaron, a través de su música, que volvería al Paraguay muchas veces”, escribe Durrant en un estilo coloquial que invita al lector a un diálogo íntimo.

Richard Durrant y Juan Duarte, en la previa de un concierto del músico inglés en Asunción en 2013.

La mayor parte de su vida se figuró una tierra mitológica en la que, por fin, puso los pies en abril de 2011, dominado por el afán de encontrarse con Barrios. Del aeropuerto se dirigió a la casa de Felipe, quien tras recibirlo se puso a tocar Villa Alondra. Mientras lo escuchaba, el arribeño quedó convencido de que su estadía no sería solo por Barrios. El amor al oficio construyó entre ambos un mutuo entendimiento a pesar del inmenso mar y las palabras no dichas.

La trilogía
En el curso de este trayecto Durrant ha dedicado casi íntegramente una trilogía a la música paraguaya. El primero y más importante para el autor, “The Number 26 Bus to Paraguay”, rinde tributo a sus piezas favoritas de Mangoré: “Cueca”, “Mazurka Apasionata”, “Danza Paraguaya”, “Aire de Zamba”, “Maxixe”, “Un sueño en la Floresta”, “Minuet”, “Gavota al estilo antiguo”, “Aconquija”, “Villancico de Navidad” y un reprise de la “Danza”. 

La serie continúa con “Hijo de Hombre”, que entre el acervo de Barrios incluye el “Vals Opus ocho, No. 4”, los tres movimientos de la “Catedral” (Saudade, Andante Religioso y Allegro Solemne) y “Una limosna por el amor de Dios”. La selección se completa con “Gato Polkeado”, “Tarentelle” y “Florinda” de Quirino Báez Allende; “Villa Alondra” de Felipe Sosa; “Newcastle to Peterborough/Neike Javy’a” y “Cacique Jeroky” de Kike Pedersen, además de una obra propia, “Apretón de Manos”.
 
Sobre esta última narra un episodio en que se entremezclan la ficción y lo onírico. En aquella primera visita Durrant dictó una conferencia y ofreció una audición en el Hotel del Lago de San Bernardino, hospedaje y escenario de memorables conciertos de Barrios en los años veinte. Allí conoció a dos estudiosos del guitarrista misionero, el biógrafo e intérprete norteamericano Richard Stover y el historiador norteamericano de origen paraguayo Carlos Salcedo.

Pero había alguien más en el lugar. Podía sentir la presencia de Nitsuga. En medio de la noche Durrant despierta, se levanta y baja las escaleras hacia el bar convencido de que se encontraría con ese great man, según sus propias palabras, y a quien tenía tantas preguntas que hacer. Pero el bar estaba vacío y cayó en la cuenta de que llegó ochenta años tarde. A la mañana siguiente el frustrado encuentro le hizo escribir una breve pieza musical, “Apretón de Manos”, cuyo manuscrito original dejó en una vitrina del hotel en caso de que Barrios volviera a pasar por allí.



La propagación de las cuerdas
Resulta especialmente destacable el valor divulgativo de la publicación puesto que, además de difundir las obras de los jóvenes Duarte y Pedersen, rescata al olvidado Quirino, hijo del intelectual y expresidente liberal Cecilio Báez. Hacia los años treinta, Báez Allende se consolidó como uno de los mejores guitarristas de la región haciendo escala en varios países. En 1950 emprendió su retorno y se dedicó fundamentalmente a la enseñanza del instrumento. A su muerte, acaecida en 1963, siguió un largo silencio hasta que en 2012 una sobrina nieta, Leticia Báez, publicó un libro con su biografía y obras, “Quirino Báez Allende. Sonidos y Alma entre cuerdas”.

Durrant añade unas notas y un pasaje extra en la primera parte del final de “Tarantelle”. La afición por la velocidad deja su impronta en todas sus ejecuciones. Duarte reconoce que nunca disfrutó tanto de sus obras como al escucharlas versionadas por el intérprete británico, que en los conciertos acostumbra a subir pynandi al escenario como si también tocara con los dedos de los pies.
Tres solos de guitarra de Duarte integran “The Girl at the Airport”: “Panambi raity”, “Soliloquio” y “Romanza di un sole”. Durrant afirma que este último fue un pedido especial al compositor compatriota a fin de hacer un espacio entre los destellos de virtuosismo y jazziness. El disco está dedicado a las víctimas del desastre de Shoreham airshow, ocurrido el 22 de agosto de 2015 cuando durante una exhibición aérea un cazabombardero se estrelló en una zona urbana.

El álbum incluye además “Jha che Valle” de Barrios, “Our man in Asuncion” –variaciones de “Madrigal Gavota” con arreglos de Beto Barsotti–, “Recuerdos de Ypacaraí” de Demetrio Ortiz; “Vuelo de Luciérnagas”, “Melodía para Rosemary” y “Margaret” de Kike Pedersen; “El Cóndor Pasa” de Daniel Alomía Robles y de su autoría nos ofrece “The Girl at the Airport 1 y 2”, “Night Flight to Lima” y “La Isla del Paraguay”.

Respecto a esta última composición explica que fue concebida durante un encuentro en el que, un tanto perdido en la conversación sentado a la mesa de un tradicional bar de la calle Palma, su mente se puso a flotar entre notas musicales. Extraviado entre palabras que le resultaban apenas comprensibles se dejó llevar por el exotismo y el lirismo del guaraní y el español para convertir en música esos sonidos cuyos conceptos se le escurrían.

Un encuentro prolongado por los raudales
De su paso por Arpa Róga resalta la amistad entablada con Crystóbal y Kike Pedersen. De este ofrece dos interpretaciones en guitarra de las composiciones para arpa “Melodía para Rosemary” y “Margaret”, y “Newcastle to Peterborough”. Una tormenta prolongó su estancia en los salones de la academia ante los raudales que disuadían cualquier tentativa de aventurarse por las calles. A manera de un presente versiona estas obras para arpa con varias guitarras, ukeleles, doble bajo, percusión y sintetizadores.

“Como la mayoría de las grandes obras, hay varias maneras de tocar una pieza si la abordamos con amor y respeto”, acota. En cada interpretación Durrant se entrega a sus propias vivencias y en las presentaciones en vivo no lee las partituras. 
 
Voy por las últimas páginas del libro mientras espero el bus en plena hora pico sobre Mariscal López. Una Línea 26 se detiene en el semáforo. En el cartel se lee Acceso Sur. Ante el despliegue de tantos asientos desocupados no pude evitar la tentación de subir urgido por la necesidad de esbozar las primeras líneas de esta reseña. Ni siquiera atino a preguntar qué parte de Acceso Sur. Entre vueltas y vueltas, muy lejos de mi destino, deambulé tantos kilómetros que por un momento se me hizo que estaba llegando a Brighton.



miércoles, 19 de junio de 2019

Magia en Mangoty

Esta es la historia de un mago del fútbol que, tras los sucesos de una mañana de domingo, despertó varios meses después en un mundo distinto al que había vivido hasta entonces.


Miguel Antoliano Chávez, alias Cayé, un cultor del arte del fútbol.


Siete frondosos árboles de mango proyectaban una fresca sombra sobre la cancha de arena del barrio, donde ahora solo queda un baldío alambrado. Junto con el recuerdo de Mangoty, a muchos no se nos borra la magia de Miguel Antoliano Chávez, alias Cayé. Así era conocido por la mayoría por el parecido físico que le atribuían tenía con el exfutbolista y técnico de fútbol Cayetano Ré. Pero si de comparaciones hablamos, su magia podría ser ciertamente comparada con la de Ronaldinho Gaúcho.


Hábil con la pelota, en la corrida y de un salto impecable a pesar de su baja estatura. Amague, chuleo, velocidad, fuerza y definición. Presencié su magia y sufrí sus goles tantas veces en nuestra entrañable canchita de yvyku’i del barrio Gloria María de Villa Elisa. Muchos no dejamos de preguntarnos qué hubiera sido de él si aquella mañana la sucesión de hechos se hubiera encadenado de otra manera.

Fue a principios del año 2002. Tenía poco más de 20 años y jugaba en la reserva de club Sol de América. Según recuerda uno de sus compañeros, Remi, el equipo de Primera iba mal y la amenaza del descenso hizo que el DT se viera forzado a empezar a mover las piezas. Estaba casi cantado que sería llamado a jugar en el plantel principal. Aquel domingo tenían planeado ir a un paseo a Piribebuy que era organizado por su equipo del torneo de la plaza Acosta Ñu, Las Palmas. 

Sin embargo, andaban algo cortos de plata, por lo que decidieron quedarse. Ni siquiera un golpe de suerte de último momento varió la decisión. El sábado Remi ganó 500.000 guaraníes jugando a la quiniela, pero los planes del paseo ya fueron cancelados. No obstante, el premio ganado bien valía una celebración y esta se extendió ya bien entrada la madrugada.

Aquella mañana el sol encendía la tierra colorada exacerbando los vapores de la noche anterior. En esa jornada dominguera jugaban Málaga versus Sport Selvita, el clásico de ese coliseo natural formado en la cúspide de una meseta enclavada entre profundas zanjas formadas por los raudales.

A pesar de la resaca de su máxima estrella, su equipo logró arrancar al menos un empate 1-1. Terminado el partido, reciben una oferta extra. Prometen pagarles un cierto dinero dependiendo del resultado para disputar un partido de otro torneo en la cancha de Coronel Martínez, en el vecino barrio de Ypatí, a menos de cinco minutos de donde estaban.

Deben salir rápidamente porque el partido empezaba en 20 minutos. Un Hyundai rojo del año estaba aguardando. El auto no arrancaba. Un primer presagio se hacía sentir. Alguien se acercó para ayudar, alzó el capó y advirtió que un cable que va a la batería estaba desconectado. Solucionado el percance, suben todos al auto. 

El conductor, un tal Choko, había prolongado la fiesta de la noche del sábado y pasada la media mañana del domingo seguía sin dormir. A su lado se sentó una chica. En el asiento de atrás se acomodó primero Fredy, detrás del acompañante tomó un lugar Remi y Cayé se ubicó en el medio. Esta sería su condena.

–Acá a la derecha bajeá para irnos a la cancha, dirige Remi.

–No, vamos a arribar a cargar combustible, retruca el conductor.

–Llevame nomás a mi casa, voy a dormir –pide finalmente Cayé, quizá súbitamente alertado por una corazonada tras el anuncio de que desviarían el camino.

El auto subió la calle José Asunción Flores hasta Américo Picco. Al tomar la doble avenida empezó a picar y picar. A apenas una cuadra de la curva de Sol de Mayo el chofer no daba señales de disminuir la marcha para girar. Remi echó un ojo al velocímetro y observó con pavor que iban a 170 km/h en rumbo directo a la muralla que bordea la esquina de la pollería. El conductor apenas atinaba a bambolear la cabeza en medio de su ebria somnolencia.

Milésimas de segundos después de los gritos desesperados para despertarlo, todo se puso oscuro. A Remi ya lo habían cubierto con una sábana blanca dándolo por muerto. No recuerda nada del momento del choque. Solo despertó en el hospital con la cabeza vendada. Cayé salió despedido a través del parabrisas y su cabeza se estrelló contra la columna de cemento reduciendo a polvo una fracción de su cráneo. Pasó seis meses en terapia intensiva y muchas cosas cambiaron desde entonces. 

-Qué hubiera pasado o dónde estaría hoy si aquella mañana las cosas hubieran ocurrido de otro modo –me pregunto a menudo. Muchos otros que también lo vieron jugar con seguridad se preguntarán lo mismo.


La excancha de Mangoty, ahora reducida a un baldío con cercas.

martes, 18 de junio de 2019

Travesía al país donde viven los loros

Rescato una crónica escrita en marzo de 2015 tras una visita que realicé a la comunidad sanapaná Xákmok Kásek, en el Chaco paraguayo. 

martes, 4 de junio de 2019

La historia soñada, cantada y danzada de los tomárãho

En este post quiero compartir algunas palabras sobre mi libro “La narrativa tomárãho como estrategia de adaptación”, un análisis de tradiciones orales de los yshyr transcriptas y traducidas por el antropólogo Guillermo Sequera.

 
Portada y contratapa del libro.

Como primer punto cabe resaltar que, más allá de los análisis intrínsecos o formales, pretendo demostrar la utilidad material de la oratura como un sistema que ha desempeñado una función activa en la gestión de los recursos, en especial del principio de escasez. Es decir, la administración de bienes limitados ante deseos siempre ilimitados. Si los economistas sostienen que sin escasez no habría existido la economía, es posible ir más allá y sostener que sin escasez no habría existido la cultura misma, pues no habría sido necesario producir ni transformar la naturaleza. 

Los estudios literarios raramente han valorado la oratura indígena más allá de la función poética o el valor literario de las tradiciones orales. En la mayoría de los casos ha predominado una visión romántica y el afán de rescatar elementos extravagantes de la fantasía de culturas agonizantes. Es lógico que así haya sido a fuerza misma de nuestra propia competencia disciplinaria y sus limitaciones. En este breve libro me aventuro en el campo de la antropología y la economía para intentar explicar de qué manera y cómo estos relatos constituyen un sistema lógico y coherente que tiene un indiscutible valor adaptante. Es decir, ha contribuido a la gestión de los recursos y a la supervivencia de la especie.

Para la elaboración del ensayo, realicé una breve visita de unas semanas a fin de conocer la realidad actual de los tomárãho a fin de intentar evitar presentar una visión muy deformada o lejana tomando en cuenta que los relatos analizados fueron colectados hace más de treinta años y la fuente principal son relatos escritos mediados por el compilador. Esto resulta completamente ajeno a la naturaleza de la tradición oral de este pueblo que tiene, en primer lugar, un origen onírico y su plano de expresión se basa en el canto y la danza, métodos de registro dinámicos, múltiples y cambiantes con relación al carácter estático y unívoco de la escritura.

La organización del texto
El primer capítulo está dedicado al marco teórico desde el cual se aborda el análisis. En este se explican someramente, entre otros, el concepto de estrategia adaptante, propuesto por el antropólogo norteamericano Yehudi Cohen. Las estrategias adaptantes son definidas por Cohen como el sistema de producción económica en función al uso de las energías del hábitat, incluyendo las del propio cuerpo, con fines productivos. Por ello, mi propósito es presentar una explicación materialista del universo simbólico de los tomárãho. Así también se hace referencia a investigaciones que han destacado la función adaptante del arte, en contraposición a la concepción occidental, que considera al arte como una actividad separada de la vida y que, incluso, para gozar de tal dignidad no debe tener otro fin más que él mismo.

Posteriormente, en el segundo capítulo se desarrolla propiamente el tema objeto del libro: el análisis de la oratura tomárãho. A lo largo del ensayo se analizan doce cuentos, de los cuales se incluyen seis relatos inéditos en el anexo. El enfoque maestro parte de un clásico de la antropología, Bronislaw Malinowski, quien en sus trabajos sobre el totemismo resaltó el afán, expresado en el ritual y las relaciones de parentesco, de entablar una afinidad entre el mundo vegetal, animal y humano de manera que este último pueda, a través del empleo de sus propias fuerzas reproductivas, colaborar en la multiplicación de especies indispensables para la vida, pero cuya muerte, sin embargo, le es necesaria.

La vida nómade
Una de las principales estrategias de adaptación de los forrajeros es la vida nómade. Estas sociedades mudaban permanentemente de asentamiento para evitar el agotamiento de los recursos y permitir su regeneración. En arreglo a esto, las historias dan cuenta de la lucha entre el individuo y la sociedad, las guerras intertribales, el enfrentamiento contra los espíritus y la transgresión (muchas veces expresada en el hecho de cazar más de lo necesario) que impulsan las migraciones como la principal estrategia de restablecer el equilibrio roto o en riesgo.

Pero finalmente el conflicto es siempre necesario. La sublevación tiene como desenlace la neutralización de las fuerzas disgregadoras. En este sentido, hay que observar que Pierre Clastres ya había destacado la función sociológica de la guerra en estas sociedades, a las que calificó como sociedades contra el Estado. Para el antropólogo francés, a través de la guerra se combatía la estratificación social, la fuerza unificadora del Uno. A esto se puede añadir que la razón de la guerra es la necesidad de migrar. Sin conflicto, no habría nomadismo. Sin nomadismo, se agotarían los recursos necesarios para la vida. En contra de lo que nos ha enseñado la cultura sedentaria de la polis, es necesario mudarse siempre, comenzar de nuevo de manera constante y permanente.

sábado, 4 de mayo de 2019

Abrir los ojos y ver






He fumado durante 20 años y no ha sido una elección libre. Además de los antecedentes familiares, que siempre tienen su cuota de incidencia, he sido inducido de manera perversa por la publicidad desde niño. Entre las “propagandas” de la tele que mejor recuerdo hasta ahora están las del jinete de Marlboro y la del motociclista de Lucky Strike, con la canción de Bon Jovi de fondo incluida.

La publicidad de productos tan altamente perjudiciales como el cigarrillo debería estar prohibida en horarios de “protección al menor”. Por supuesto, también la cartelería callejera. Siguiendo con el relato de mi propia experiencia, ese mismo motociclista de Lucky Strike siempre se me aparecía camino a la casa de mi abuela, sobre la avenida España y San Martín, en el giro en dirección a Sacramento. Además de las advertencias sobre los daños en la salud en las cajetillas, las presentaciones deben ser uniformes y opacas, pues los diseños llamativos son un poderoso elemento de iniciación en los adolescentes.

Sé que todo esto que digo es inútil. Yo mismo he escuchado durante años tantas advertencias y nunca he prestado atención a ellas. Pero si al menos me hubieran dicho que el cigarrillo también afecta gravemente los ojos quizá no hubiera hecho oídos sordos, por lo que el relato de mi experiencia podría ayudar a alguien. Ya he perdido un ojo y debo extremar los cuidados y atenciones al que me queda para postergar la inexorable ceguera a la que estoy destinado. Cuando me diagnosticaron glaucoma, lo primero que el oftalmólogo me preguntó no era si fumaba, sino hace cuánto tiempo lo hacía. Su sentencia inapelable fue que el tabaco era la causa principal. Por supuesto, habrá otras, sin duda, como los factores genéticos, ya que hay varios antecedentes de la misma enfermedad en mi familia. Y también he hecho muchas otras cosas.

No me quejo de mi suerte. Gracias a esto he dejado de fumar, que es una de las mejores cosas que he hecho. Mi cuerpo ha demostrado una sorprendente capacidad de resiliencia. Hago diariamente varios kilómetros en bicicleta y otros deportes con la debida precaución.

También escribo esto contra la complicidad criminal del silencio y porque haber dejado de fumar ha generado varios malentendidos. Siempre me alejo o me retiro cuando alguien prende un cigarrillo, una reacción que ya ha molestado a varias personas. De paso pido disculpas a todos a quienes les he fumado en la cara. Y también escribo esto para repudiar la nueva trampa de la industria tabacalera, los vaps, el engaño del fumar que supuestamente reduce los daños, pero lo único que ha hecho es iniciar en el hábito a quienes nunca antes lo habían hecho.

Ahora más que nunca valoro lo que es despertar cada mañana, abrir los ojos y ver. Esta es una razón suficiente para ser feliz y ya nada es capaz de ponerme mal. No sé hasta cuándo podré ver y debo aprovechar el tiempo.

miércoles, 20 de marzo de 2019

“La oralidad es un acto de congregación”

Con motivo del Día Internacional de la Narración Oral, que se recuerda el 20 de marzo, reedito esta entrevista con el escritor cubano Francisco López Sacha en la que se abordan algunos de los aspectos centrales de los cambios en las maneras de contar, desde los narradores africanos, el periodista y la novela moderna. 

Francisco López Sacha subraya el papel fundamental de la música en su oficio de escritor. 

Cada palabra se hace gesto, seña y música. Francisco López Sacha, escritor, crítico y docente cubano, representa coreográficamente cada frase y vocablo. “Yo soy un griot”, dice al compararse con los narradores africanos que actúan la historia contada.

López Sacha inició su odisea en los narradores orales africanos llegando hasta los maestros de la novelística como Faulkner, Joyce, García Márquez, entre otros. Afirma que la gracia de la oralidad es la presencia de un público, que con el texto escrito se convierte en un público virtual dilatado en el tiempo. La escritura, a su vez, aporta la perdurabilidad, sostiene. Observa que la oralidad es un acto gregario mientras que la literatura es un hecho más bien individual. De esta manera, retomamos aquellas preguntas fundacionales sobre la acción de narrar.

En el entrecruzamiento entre los universos de la oralidad y la escritura, el autor resalta la labor del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos en eliminar la barrera entre el narrador y el personaje. Asimismo, Sacha es concluyente al señalar la influencia de la música en su obra y asevera sin ambages que “sin música no habría literatura”.

Autor de El descubrimiento del azul, La nueva cuentística cubana, entre otros títulos, conversamos con él al término del seminario de narrativa del Instituto Internacional de Periodismo José Martí de La Habana, Cuba.

–Desde la perspectiva del oficio de contar, ¿qué se ganó y que se perdió en la transición de la oralidad a la escritura?

–En principio fue una necesidad humana, transformar el sonido en palabra escrita, en texto.  La oralidad tenía la gracia de tener al público presente. Cuando llegamos a la escritura ese público presente desaparece, se convierte en un público virtual. Virtual en el sentido de que no está aquí y ahora con el narrador, sino que lo acompañará a lo largo del tiempo si alcanza a ser leída por varias generaciones de lectores. El lector potencial es mucho mayor que el público presente en la narración oral, pero también es un público muy dilatado en el tiempo.

La escritura sí tiene la ventaja de la permanencia en el tiempo. La oralidad es, como dice Peter Brook, un lenguaje escrito en el tiempo.  Se va. Pero la escritura permanece. Y el hecho de permanecer es lo que nos permite realmente conceptuar el relato dentro de una estructura que se modifica y vemos la modificación a lo largo de los siglos.

–Aunque la escritura goce de mayor estatus social, ciertamente la oralidad apela a una mayor cantidad de recursos: entonación, gestualidad, interacción con el público, etc.

–Ambos cumplen funciones distintas. La oralidad es un acto gregario. Es un acto de congregación. La oralidad implica unión. En cambio la escritura implica un acto individual. En el acto de escritura está la intimidad del lector frente al texto. En el acto de la oralidad está la comunión del narrador con el espectador y de este con los demás espectadores. Son funciones diversas y ambas son necesarias. Por eso la narración oral sobrevive, todavía existe y existirá. No es un remanente de la cultura, sino un hecho real de la cultura.

–¿Cuál es el espacio que se abre entre los narradores orales y el relato moderno?

El griot africano cuenta, canta y actúa la historia. Y es la presencia del público. El griot podría contar una historia como lo puede contar el narrador moderno con la diferencia de que el griot baila, canta, escenifica la historia y obliga al público a participar de ese espectáculo. El griot es un espectáculo. El narrador contemporáneo no es un espectáculo. Está escribiendo para ser publicado, no para ser leído de inmediato. Por tanto, recurre a otros resortes de carácter emotivo, de estructura, de lenguaje, de escritura, que hace muy compleja la narración. La diferencia también es que el griot está obligado a contar historias. En cambio, el narrador contemporáneo puede contar historias, o puede contar argumentos o puede contar tramas o puede contar muchas cosas porque va a ser leído, no exactamente escuchado.

–Roa Bastos es un escritor que intentó eliminar esa frontera entre oralidad y escritura o al menos estrechó fuertemente a ambas.

–Roa Bastos es uno de los grandes maestros del idioma. Yo el Supremo es una de las grandes novelas que se han escrito alguna vez en español. Nos mostró, al menos a mi generación de escritores, una apertura enorme hacia el lenguaje oral. Para mí es una obra maestra de la oralidad latinoamericana porque colocó a un narrador en tercera persona y en primera persona mezclado. Y violó la frontera del diálogo. El diálogo se incorpora al relato de una manera natural. Estás dialogando y narrando, dialogando y narrando y no echas de menos a un narrador. Eso es extraordinario. Da la sensación de que es el personaje mismo el que está desarrollando la historia. Para mí Yo el Supremo tiene esa novedad y al mismo tiempo cuenta una historia con un aparato crítico. Tú sientes la fuente del historiador, la fuente del investigador. De modo que no está haciendo una ficción propiamente dicha, está reelaborando materiales históricos, pero la estructura es de ficción. Creo que esa novela le abrió un universo grandísimo a la literatura en español.

Fachada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí de La Habana, Cuba.

–¿Y qué lugar ocupa el periodista entre estos contadores de historias?

–El periodismo tiene un género narrativo esencial que es la crónica. La palabra lo dice: el desarrollo de una historia en el tiempo, el proceso temporal en el cual uno incorpora sucesos, acontecimientos de importancia que el cronista registra. Ese es el género para mí más narrativo del periodismo. Tienes a Martí, a Hemingway, a Carpentier, que han sido grandes cronistas. La crónica trabaja con los mismos ingredientes del relato de ficción, solo que muchas veces procede de un hecho real.

El otro género periodístico de importancia es el reportaje, que da origen a un género incluso: el testimonio. El reportaje narra acontecimientos que el periodista investiga, monta, desarrolla, dramatiza y le da un sentido de causalidad y continuidad. Como ocurre en un cuento. Hasta una noticia puede ser objeto de análisis narrativo. Hay noticias que tienen su dramaturgia narrativa y que se conciben prácticamente como un cuento o como un minicuento. El periodismo le debe mucho a la narrativa. Lo que pasa es que el periodismo trabaja no con referentes, sino con sucesos objetivos de la realidad. Mientras que la ficción sí trabaja con un sistema referencial. Y ahí hay una diferencia como entre el cine documental y el de ficción. De hecho, hoy un documental se hace como una película de ficción con la diferencia de que la ficción trabaja con personajes y el documental con personas. A los efectos reales se realizan casi de la misma manera.

–Usted se desmarca de esa discusión entre forma y contenido.

–Eso no tiene razón de ser ahora, tuvo su justificación en el siglo XIX y parte del siglo XX cuando había una batalla por el llamado contenido y la forma. Hoy sabemos gracias a los estudios de los formalistas rusos, de la escuela de Frankfurt, y de una serie de investigaciones de la semiología y de la semiótica, que lo que hay son expresiones. Hay un plano de la expresión y un plano de la historia. Eso es lo que realmente opera en un relato. Y por tanto no es dable hoy hablar de forma y contenido, sino de plano de la expresión y plano de lo expresado, de desarrollo de estrategias discursivas en un texto con los sucesos, los conflictos, los personajes. Lo que te da precisamente la capacidad de que eso sea una historia y de que se convierta en un argumento. Eso lo resuelves en la lectura. Y lo resuelves teóricamente cuando estudias las zonas específicas en las cuales se desenvuelve el relato. Ya sea la causalidad, la continuidad, la función del narrador, la función del contexto, la función del aparato referencial, la función misma de la escritura, del lenguaje. Todo eso son valores, están más allá de una definición binaria entre forma y contenido, que no tiene sentido hoy.

–¿Cómo se da la influencia africana en la narración cubana?

–Es una pregunta difícil de responder. Ya no podemos hablar de una influencia africana porque África ya no está en Cuba. Podemos hablar más bien de una influencia de origen africano debido a la larga tradición mediante la cual el mundo de las culturas africanas se asentó en el Caribe y desarrolló perspectivas para todas las artes. En la literatura se ve menos porque el idioma que hablamos es el español no el yoruba, por ejemplo. Por tanto la influencia africana en el idioma es menor que por ejemplo en la plástica o en la música, donde la influencia es determinante. Aun así hay influencia africana en el ritmo, en el tempo, en el uso de palabras. Yo creo que un poeta como Nicolás Guillén no sería un poeta completo sin los sonidos yorubas y bantús en sus poemas.  Y de hecho, la asimilación de la música cubana dentro de la poesía implica una influencia africana también. Ya en los demás géneros es muy difícil hablar de eso.

–En la concepción de su obra literaria usted rescata especialmente el papel de la música.

–Yo creo que la música es el sostén de la literatura. Ya sea la música del idioma, la búsqueda del escritor de la musicalidad en el idioma, ya sea la estructura musical propiamente dicha aplicada a los cuentos y a las novelas. En ambos casos la música tiene un valor preponderante. Yo no podría ser escritor si la música no existiera. Yo soy un escritor de oído. Cuando siento el texto siento la musicalidad interna del texto. Y a veces la musicalidad provocada por algo que yo le pongo intencionalmente al texto que proviene de la estructura musical. Hay otros escritores que trabajan con la imagen plástica, otros que trabajan con la imagen arquitectónica, otros que trabajan con el baile, con la danza. Pero en el fondo todos estamos vibrando con la música. Sin música no habría literatura.


domingo, 30 de junio de 2013

De reciclador a artista callejero

Breve diálogo con un ilusionista que anima los semáforos de Asunción.

La suave llovizna que cae sobre Asunción intensifica ese no sé qué de los atardeceres de domingo. Me detengo con la moto en un semáforo de la avenida Félix Bogado y me distraigo con el truco del tubo y el vaso de agua. ¿Cómo carajo hace?, me pregunto. Paso un trapo para escurrir las gotas que nublan el visor del casco. Da verde y sigo el camino. Al primer retorno giro para volver sobre la marcha. Me detengo frente a la catedral y paro el motor.

Con cierta sorpresa me responde que sí cuando le consulto si puedo hacerle unas preguntas. Me cuenta que se llama Fernando Cabrera y tiene 23 años. Terminó el colegio y por falta de plata no pudo “estudiar un oficio”, según dice. Relata que vive en el barrio Primero de Marzo y que estuvo trabajando como reciclador de plásticos hasta que conoció a su senséi, como llama con reverencia a quien lo instruyó en las artes de los malabares y el .
“Por un momento estuve reciclando plásticos y después le empecé a ver a la gente de la calle que hacía malabares. Me llamó la atención y me acerqué a ellos y le pregunté cómo se hacía. Me comentaron sobre un lugar que queda en el Centro, que se llama  y que te pueden enseñar de todo”, refiere sobre sus inicios.
Fernando guarda mucha gratitud hacia quienes le enseñaron lo que sabe sin cobrarle nada solo con el fin de ayudarlo a encontrarse una forma de ganarse la vida y “no estar de balde”, además de que también “puedo ayudarle a mis hermanos más chicos”, cuenta con satisfacción.
“Hace tres años que estoy trabajando con los malabares y temas mágicos, o sea ilusionismo es lo que yo hago porque no es magia”, aclara.
“Y yo pienso que soy un artista”, responde ante la pregunta sobre cómo se definiría con relación al trabajo que hace. “Además de los malabares y trucos de ilusionismo, hago zancos, monociclos”, añade.
“Algunos no me dan nada. Algunos me suelen dar 2.000 y otros que son más calidá hasta 5.000. Pero así nomás luego es. Para todos los artistas cada momento se tiene que vivir”, reflexiona sobre la respuesta de la gente cuando él se acerca a sus ventanillas después de ofrecerle un momento de distracción antes de reanudar la marcha.
Después del diálogo me hago a un costado para filmarlo y quitarle algunas fotos mientras repite el truco. Además de los minutos que le saqué, apenas termina la demostración el semáforo da verde y los automovilistas hacen sonar sus bocinas en señal poco amable de que despejemos el camino. Saltamos rápidamente a la acera y mientras los vehículos pasan escupen sus escapes en nuestras caras sin tirar una sola moneda. “Creo que fue mi culpa”, me excuso. Fernando solo sonríe restándole importancia al asunto.
Volví a pasar varias veces por esa misma esquina, pero no lo volví a ver. Si usted se lo cruza en algún semáforo de Asunción mientras realiza sus trucos, quizá podría hacer algo más que dar impacientes bocinazos y escupirle el humo del escape en la cara.