sábado, 18 de septiembre de 2021

Una visita nocturna

Al despertar una mañana me encontré con los restos de un convite del cual no recordaba nada. ¿Desmemoria, sonambulismo o existen las entidades nocturnas?


Imagen ilustrativa: Quartz

Después del desmadre del viernes, esa noche de sábado se presentaba tranquila. Luego de culminar mi turno de trabajo, ya pasadas las diez de la noche, fui un rato a relajarme a la bodega de la esquina antes de dormir. 

Compré una cerveza y me senté sobre un pequeño cantero que estaba del otro lado de la vereda para intentar mitigar el tormento de la espantosa música lastimera que sonaba a todo volumen desde un Vitz negro. Me coloqué los audífonos y como en los viejos tiempos me puse a hacer zapping en FM. Me enganché con una maratón de rock clásico y ya fue cosa de pocos minutos matar la primera botella.

–Bueno, voy a tomar una última –me dije a mí mismo.

Traje la siguiente y me puse a tararear las melodías que se sucedían una tras otra. Pasadas las 23:00, el local empezó a bajar las cortinas de metal para cerrar. Luego de un rato todos se habían ido. No me pareció buena idea permanecer en ese lugar por mucho tiempo en medio del paroxismo del posconfinamiento.

Aunque sentí algo de hambre, ya estaba cansado de la comida rápida. Así que fui directo a casa pensando que me la arreglaría con un sándwich y unas frutas y listo. 

Puse la radio y en algún momento me quedé dormido. Entonces soñé que estaba bebiendo con un desconocido. No recuerdo ninguna conversación en particular; solo que ambos permanecíamos en silencio. 

El visitante tomaba de una lata y no emitía palabra alguna. Reconocí mi habitación, por lo que cuando me apresté a preguntarle cómo había entrado, noté que el intruso no tenía rostro, pero eso no me llamó especialmente la atención ni me dio miedo.

Cuando me desperté a la mañana, me sentí con buena energía luego del buen descanso y la poca libación de la noche anterior. Sin embargo, al girar me encontré con una sorpresa. Sobre la silla al lado de mi cama y que hace las veces de mesa había una ensalada de atún con aceitunas, choclo, arvejas, tomate cherry, entre otros ingredientes que podría asegurar no tenía en mi pequeño refrigerador. Además, dos latas de cerveza de una marca que dejé de comprar hace tiempo, una sin abrir y la otra a medio beber.

Si bien al principio me sobresalté con la idea de que la visita había sido real, me levanté y me desayuné lo que había quedado de la ensalada y puse a enfriar la cerveza para acompañar luego el almuerzo dominguero. 

Hasta ahora me pregunto quién habrá sido el extraño benefactor que me había visitado aquella madrugada.

sábado, 4 de septiembre de 2021

Ani rejevy*

Dicen que, cuando uno sale rumbo a algún lugar, nunca debe desandar el camino aunque haya dejado algo importante. Esta es la historia de una mujer que del apuro olvidó algo y tuvo que volver a su casa para recogerlo.


Pinterest.
La joven mujer salió presurosa de su casa rumbo a la universidad. Luego de caminar unas cuadras, se percató de que no llevaba consigo los avances de su tesis que quería mostrar al profesor para las orientaciones pertinentes. Quería acelerar lo máximo posible su trabajo final de grado antes de tomarse el reposo de maternidad, pues llevaba cuatro meses de embarazo.

Regresó a su casa, tomó sus apuntes y se aprestó a salir nuevamente lo más rápido que pudo. Cuando estaba a punto de llegar a la parada, de pronto el micro pasó como un rayo.

-¡Uhhh! –se lamentó. Como ya se estaba haciendo tarde, no se quedó a aguardar en el lugar, sino que siguió caminando en dirección a la avenida principal para tener más opciones de llegar lo antes posible.

En el momento en que pasaba frente a una plazoleta escondida advirtió que un hombre abandonó su asiento y se dirigió directamente hacia ella. De inmediato supo cuál era su intención. Miró a su alrededor por si necesitara pedir ayuda, pero no vio a nadie.

Controló de reojo al hombre mientras pasaba a su lado hasta que quedaron de espaldas. Aceleró el paso sin mirar atrás. Era una de esas tardes ardientes en que las calles parecen más silenciosas que la propia madrugada.

Instantes después sintió que alguien le jaló fuertemente la cartera. Entonces vio al hombre con el que se acababa de cruzar que la amenazaba con un cuchillo en la mano intimándola a que entregue sus pertenencias. De los nervios el bolso se le quedó enredado entre los brazos. El asaltante hizo un movimiento con la navaja, ella se sacudió y poco después sintió dos punzadas entre el vientre y la pelvis. Sintió la sangre tibia que corría entre sus piernas, que sucumbieron ante su peso dejándola caer sobre la baldosa.

Mientras se desvanecía escuchó vagamente el griterío de los vecinos que pedían socorro. Poco después llegaron raudamente una patrullera de la policía y una ambulancia. Los paramédicos le brindaron los primeros auxilios y luego la trasladaron al hospital por la gravedad de sus heridas. Gracias a la rápida intervención, los médicos pudieron salvarle la vida. Sin embargo, la estocada afectó el útero, por lo que perdió a su bebé.

Cuando le dieron la terrible noticia, recordó algo que siempre le decía su abuela y que hasta entonces no le había parecido más que una superstición sin sentido.

-Ani rejevy, che memby. Resê mboyve rerrevisa porã va’erã erekopápa nde kósa kuéra** –le advertía siempre las veces que luego de haber salido rumbo a algún lugar retornaba para recoger alguna cosa que había olvidado.

Se quedó con los ojos clavados al techo sin decir nada por un largo rato. Las sombras de los árboles se reflejaban como espectros en la pared anunciando la caída de la noche. Se tocó el vientre sollozando evocando en su mente una y otra vez aquel sabio consejo al que nunca había prestado la menor atención.


*“Nunca desandes el camino” en guaraní.

**Nunca vuelvas, mi hija, luego de que ya has salido. Antes debés revisar bien si tenés todas tus cosas.

Recreación de una experiencia compartida en el grupo Kyhyje Paraguay.


miércoles, 25 de agosto de 2021

El mito fundacional de la alianza hispano-guaraní en la identidad paraguaya

¿El tan declamado "orgullo guaraní" es un aspecto genuino en la formación de la cultura paraguaya o es apenas un lugar común de la retórica nacionalista instrumentalizado para encubrir sentimientos racistas?


Pintura de Pablo Alborno que representa la fundación del fuerte Nuestra Señora de la Asunción el 15 de agosto de 1537.

La construcción identitaria de la sociedad paraguaya está signada por la honda paradoja entre lo que, por un lado, proclama y, por el otro, quiere ser; o, en este caso más específico, no quiere ser y rechaza de manera más o menos explícita. En este sentido, la síntesis concreta que resume la condición de lo indeseable es la figura del “indio”.

Por ello, al mismo tiempo que la sociedad paraguaya hace alarde de ser heredera del “dulce idioma guaraní”, un amplio repertorio de prejuicios y prácticas racistas hacia los indígenas y su lengua resultan más que patentes en el día a día.

Una “rémora”

Pasando por alto el largo historial de persecuciones y proscripciones que sufrió la lengua indígena desde los tiempos de la Colonia, sigue aún muy arraigada la creencia de que el guaraní es una traba a la realización personal y una rémora de la que es preciso despojarse.

Por ello, a pesar de las acciones declarativas respecto al idioma guaraní, los paraguayos han internalizado hasta tal punto ciertos prejuicios que, de manera casi espontánea e inconsciente, manifiestan de manera permanente actitudes racistas hacia las sociedades indígenas en su conjunto. Esto aunque nos preciemos de haber heredado el idioma vernáculo; o, al menos, lo que resta de él.

Esta estratificación por razones de lengua se verifica notoriamente en la división de las funciones que corresponden respectivamente a cada lengua de acuerdo al contexto. Tal como lo señala Melià, “las dos lenguas del Paraguay cubren campos semánticos diferentes. Debido a factores de marginación cultural y social, el guaraní, ya desde los tiempos de la Colonia, quedó encerrado en el campo más conservador y estático de lo íntimo, y carece hoy de un léxico adecuado a las nuevas necesidades de un mundo en evolución. El guaraní no puede entrar en ciertos campos semánticos, concretamente aquellos de la ciencia y la técnica. Incluso el que se dice y se cree bilingüe no abordará nunca ciertos temas en la lengua indígena; sencillamente no puede, porque el hecho social no se lo permite (Melià, 1997: 47-48).

Así, pues, el guaraní se encuentra ante terrenos cercados en los que le está vedado el decir.

El ava

A pesar del orgullo declamado de ser una nación bilingüe y multicultural, la generalidad de los paraguayos, incluso cuando se están expresando en el “dulce idioma guaraní”, manifiestan un fuerte sentimiento racista hacia los indígenas. El calificativo ava o “indio” encierra un significado peyorativo y se utiliza para denostar contra determinadas conductas consideradas impropias de las personas “civilizadas” o “educadas”.

Consultada al respecto, la escritora Susy Delgado indica que el contenido semántico del término incluso se fue desvirtuando por efecto del desprecio hacia los indígenas. “Sabemos que en principio ava significaba hombre o persona. Luego se le agregó el significado de indígena y así se adoptó por ejemplo para nombrar a los avá-guaraní. Este habrá sido el disparador para que se le fueran agregando connotaciones negativas por el desprecio hacia el indígena. La variedad de acepciones que le atribuye nuestra sociedad va desde el rasgo de antisocial, pasa por el de áspero, el arisco, el salvaje, hasta los del terco o necio, lo que se suele aludir con la expresión «icerrado», que es prácticamente equivalente. Una persona de difícil trato”, señala.

Por su parte, Bartolomé (2003) identifica una importante característica de esta “fórmula agraviante” observando que el sustantivo ava no requiere de ningún adjetivo para constituirse en una ofensa. Es una injuria por fuerza propia. “En el Paraguay la expresión ¡nde ava!, «¡tú, indio! », no requiere de utilizar un adjetivo despectivo, ya que el concepto guaranítico de «hombre», ava, se considera un insulto en sí mismo, aunque las personas que así se ofenden estén hablando en guaraní” (Bartolomé, 2003: 235-236).

Las encomiendas

Esta negativa a considerarse indígenas no es propia o exclusiva de los paraguayos actuales, sino que es una práctica de los propios nativos que se remonta a los tiempos de la Colonia y que se habría acentuado de manera particular tras la expulsión de los jesuitas como una estrategia para escapar de la prestación de servicios bajo el régimen de la encomienda.

Telesca (2011) observa que además de la huida a los bosques y otros métodos para evadir la esclavitud colonial, muchos indígenas y mestizos lograron ser registrados como españoles en censos como el de 1782. Este mecanismo en muchos casos resultó conveniente para la propia élite provincial, que para entonces ya había acumulado importantes cantidades de tierra y necesitaba mano de obra indígena para cultivarla.

Sobre la eclosión repentina de “españoles” en la provincia del Paraguay a fines del siglo XVIII, este investigador se remite al empleo de una suerte de ficción jurídica mediante la cual en muchos casos los nativos lograron ser tenidos como españoles con el fin de evadir el régimen de servidumbre, una situación en muchas ocasiones también conveniente para los propios terratenientes criollos que necesitaban brazos para labrar las tierras que iban acaparando progresivamente.

En este sentido, Telesca señala que “si el dueño de la tierra reconocía que tenía un arrendatario indígena, entonces tenía que devolverlo al pueblo de indios de origen; en cambio, si lo reconocía como español, podía mantenerlo trabajando en su tierra. Por esta razón, tanto al propietario de la tierra como al indígena les convenía el trato. (…) El sistema de exclusión, marginación y de explotación a través de la encomienda obligó a esta población (mestiza e indígena) a tener que negarse a sí misma, negar su identidad indígena, para dejar de ser explotados (Telesca, 2011: 152).

La lucha contra los carios en Paraguay, grabado del explorador alemán Ulrico Schmidl, retrata un episodio de la rebelión de los guaraníes contra el dominio español registrado en 1545 en lo que sería la actual ciudad de Ñemby. 

“Caracterización estética”

Alvarado Borgoño (s/f) sostiene que en América Latina, la élite político-literaria de la romántica ha construido una comprensión del sujeto popular y del indígena desde una caracterización estética dominada por posiciones ideológicas que, en definitiva, han terminado justificando las formas en que se ha ejercido el poder sobre estos.

Al respecto este autor afirma: “Todo se hace por el indio o el pueblo en pos de su promoción, para ello el pasado es embellecido y el bárbaro pasa a ser el «ingenuo salvaje», bello tan solo por su misma ingenuidad. La nueva mitología se construye por lo tanto sobre la base de sujetos elaborados escénicamente como dignos y sufrientes, olvidándose al sujeto cultural concreto, con sus grandezas y contradicciones. (…). El liberal-romanticismo crea en Latinoamérica un concepto de cultura antes de que lo hiciese la ciencia antropológica, lo cual determinó una autocomprensión tanto con respecto a los efectos del proyecto ecuménico del Barroco como del Racional Iluminismo, sellándose así un tipo de legitimación estética del poder de esa élite” (Alvarado Borgoño, s/f).

En efecto, uno de los principales autores del romanticismo paraguayo y político colorado Natalicio González es uno de los que con mayor fervor y notable pluma proclamó el principio de la “alianza hispano-guaraní”. Este relato mitológico parte de la existencia de una supuesta unión pacífica entre los nativos y los colonizadores españoles basada en la entrega “consentida” de las mujeres con el fin de entablar pactos de parentesco.

De esta manera se omite la violencia, las fricciones y las resistencias en el marco de un contacto que, aunque eventualmente al principio pudo haber sido pacífico al punto de que se llegaron a establecer alianzas temporales, en ningún momento podría sustraerse de los principios de la dominación colonial.

La visión de esta pretendida alianza hispano-guaraní es expuesta por González en las siguientes palabras en una de sus principales obras: “La alianza del indio y del europeo realizó la síntesis racial en el mestizo, primera expresión de una nueva humanidad, típicamente americana, que iba a irrumpir con ideales y caracteres propios en la agitada historia del mundo. El español y el guaraní desaparecieron en el abrazo fecundo de la primera hora, para revivir en el vástago. El hijo de la india guaraní y del aventurero castellano poseyó, desde sus orígenes, un intenso patriotismo americano. Dueño de las conquistas de la técnica europea, la utilizó para ensanchar los dominios de la cultura autóctona. Mediante este proceso, América comenzaba por conquistar al conquistador (González, 1988:109).


La romántica paraguaya ha concebido el origen de la nación como el abrazo entre dos culturas y la sujeción consentida del indígena a la voluntad colonizadora. 

En este mismo sentido se expresa Efraím  Cardozo, uno de los autores más influyentes de la historiografía paraguaya, quien refiere que el vínculo de los indígenas con los españoles se definió por la renuncia a la guerra, la adopción de la fe católica y el cruzamiento. Así, expresa que la cultura guaraní es “de gran influencia en la formación histórica de nuestra nacionalidad, no porque fuera la única existente en el actual territorio del Paraguay, sino porque, en vez de hacer guerra viva a los conquistadores, aceptaron su alianza, y por el camino de un vasto y sistemático cruzamiento de sangres, o por su voluntaria conversión a la fe católica y reunión en pueblos y reducciones, organizados por autoridades y vecinos de Asunción y a cargo de religiosos franciscanos, mercedarios y jesuitas, se plegaron al nuevo orden de cosas. De la convivencia de las dos culturas resultó la cultura paraguaya (Cardozo,  2007: 24).

La alienación cultural

Como bien ha observado Augusto Roa Bastos en el prólogo a “Las culturas condenadas”, compilación de relatos orales indígenas, las culturas dependientes, en este caso la cultura mestiza paraguaya, sufren contradicciones y distorsiones que minan sus raíces e incluso la realización de su proyecto como sociedad.

Roa Bastos asevera que, debido a la alienación cultural, la sociedad paraguaya, “por lo menos en sus estratos más oprimidos y expoliados”, vive un proceso de destrucción comparable al que sufren las culturas indígenas. De manera análoga, como consecuencia de este desarraigo cultural, la literatura paraguaya no ha podido, según sus propios términos, “estructurarse como un sistema coherente”.

En un pasaje pleno de un profetismo lírico y trágico, nuestro más laureado escritor sentencia: “Orgullosa de una tradición cultural en la que continúan actuando o predominando los vestigios de la dominación y la dependencia o, en todo caso, los signos de una hibridación que no ha  alcanzado todavía a plasmar su propio sistema y pertinencia, los textos de esta literatura mestiza escrita en castellano, segregada de sus fuentes originarias, se apagan, carecen de consistencia y de verdad poética ante los destellos sombríos de los cantos indígenas tocados por el sentimiento cosmogónico de su fin último en el corazón de sus culturas heridas de muerte (Roa Bastos, 2011:23).  

Así, a veces motivo de orgullo y otros de vergüenza, fluctuando entre el guarango y la “garra guaraní”, nuestra autopercepción descansa en gran parte en estos sentimientos enfrentados que nos conducen a no terminar de asumir ni aceptar lo que decimos que somos.


BIBLIOGRAFÍA

Alvarado Borgoño, Ariel (s/f) Romántica, legitimación y dominación en nuestra visión de la cultura: Notas sobre las fuentes culturales de nuestras opciones paradigmáticas. Disponible en: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/alvarado.htm

Bartolomé, Miguel A. (2003) “Flechadores de Jornales. Religión e identidad guaraní en el Paraguay contemporáneo”. Suplemento Antropológico. Universidad Católica. Revista del Centro de Estudios Antropológicos (Junio 2003. Vol. XXXVIII, no.1), pp. 217-241.

Cardozo, Efraím (2007). Apuntes de Historia Cultural del Paraguay. Asunción: Editorial Servilibro.

González, Natalicio (1988) Proceso y formación de la cultura paraguaya. Asunción: Cuadernos República.

Melià, Bartomeu (1997) Una nación, dos culturas. Asunción: CEPAG.

Roa Bastos, Augusto (2011) Las culturas condenadas. Asunción: Servilibro.

Telesca, Ignacio (2011) “Una identidad para un Estado-Nación” en: Bartomeu Melià. Otras historias de la independencia. Asunción: Taurus, pp. 141-163.

 

sábado, 21 de agosto de 2021

Premonición

¿Es posible que los sueños puedan anticipar la ocurrencia de ciertos sucesos?

El escultor Sebastián Guggiari, posando frente al monumento de su creación en homenaje a los niños mártires de Acosta Ñu en la localidad de Eusebio Ayala, departamento de Cordillera. Foto: internet


Ya era como la una de la mañana y él seguía tocando la guitarra en el patio de su casa, debajo del mango, en el mismo lugar de siempre. Tomó el último trago de cerveza que quedaba en el vaso y se fumó un cigarrillo. No sintió ganas de comer nada y fue directo a acostarse.

Siempre le costaba quedarse dormido, pero esa noche el insomnio era más persistente de lo habitual. Sentía una profunda aprensión, aunque desconocía el motivo; era solo una vaga sospecha sobre algo insondable.

En algún momento de la madrugada se quedó dormido al fin. Entonces tuvo uno de esos sueños como cuando uno es consciente de que está durmiendo y que se encuentra flotando en el mundo onírico.

El escultor Sebastián Guggiari cruzaba en una ambulancia y le dijo en la manera en que las cosas ocurren en el sueño, de forma implícita, que se marchaba y que no se preocupara por él.

–Soy Guggiari, me estoy yendo. Te transmito todo lo mejor de mí para vos –le dijo palabras más, palabras menos. El sueño lo despertó inmediatamente. Se sintió muy inquieto, presentía que algo ocurría. 

Guggiari era un relativamente reciente entrañable amigo que había hecho en un viaje a Suiza, donde ambos fueron como artistas invitados a una feria cultural organizada por la comunidad paraguaya radicada en el país helvético.

Momentos después logró conciliar el sueño de nuevo hasta cerca de la media mañana. Chequeó el Whatsapp por si algún alumno hubiera cancelado alguna de las clases que debía dar en el día. Nada de eso; sin embargo, recibió una noticia del Rey del Barro que lo dejó helado. 

-Hola, Juan. Falleció Guggiari –decía el mensaje.

sábado, 14 de agosto de 2021

El blues de la redacción

¿Es posible que una persona que nos haya abandonado físicamente pueda seguir realizando algunas de sus labores rutinarias?


Imagen: istockphoto

Tras una crisis de paranoia pandémica, vuelvo con mucha reserva al trabajo presencial. Estaciono la bici, me lavo las manos y las desinfecto con alcohol. Saludo al guardia y a la recepcionista, marco la entrada y luego subo las escaleras.

A la hora del cierre ya no queda casi nadie de los pocos que concurren a la redacción. Todo está en silencio hasta que de pronto irrumpe el sonido de un blues a todo volumen. “Another empty hotel room/ Another lonely night ”, dice la canción. 

El solo de saxo me sumerge en una hipnótica somnolencia. Trato de hacer como si nada y vuelvo a lo mío. Pero todas las noches lo mismo. El blues a todo volumen y de fondo un tranquilo teclear casi al ritmo de la música como si alguien estuviera saboreando las palabras mientras las escupe en forma de caracteres.

-Es el póra de Mario Rubén –me asegura una corazonada.

 

sábado, 7 de agosto de 2021

Mangoré: el legado de un maestro que perdura en varias generaciones de guitarristas

El 7 de agosto de 1944 fallecía en San Salvador, El Salvador, el más eximio guitarrista clásico paraguayo de todos los tiempos: Agustín Pío Barrios Mangoré. En este in memoriam a 77 años de su muerte, se presenta a dos intérpretes contemporáneos de su obra: el paraguayo Juan Duarte y el inglés Richard Durrant, quienes cada uno desde su particular concepción técnica y estilística rinden un más que justo tributo al legado mangoreano. 
 
 

Agustín Barrios, el guitarrista clásico paraguayo más importante de todos los tiempos.

Las crónicas sobre la época refieren que Mangoré realizó su último concierto en Paraguay el 25 de enero de 1925 en la plaza Uruguaya, puesto que no podía hacer presentaciones en el entonces Teatro Nacional (actual Teatro Municipal) por supuestas razones políticas; luego se alejaría definitivamente del país.

Tras realizar una gira por Brasil en 1929, entre 1932 y 1934 hizo presentaciones en varios países latinoamericanos y europeos. En 1939 aceptó la invitación del presidente salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez de radicarse definitivamente en el país centroamericano, donde ejerció la docencia en el Conservatorio Nacional de Música de El Salvador.

En 1944 un infarto acabó con su vida a los 59 años de edad y fue sepultado en el Cementerio de los Ilustres. Sus restos fueron declarados patrimonio nacional en 1985, por lo que, a pesar de los diversos intentos a nivel gubernamental en el Paraguay con vistas a repatriar sus restos, todas las tentativas han fracasado debido a este blindaje legal.

La tumba de Mangoré fue declarada patrimonio nacional salvadoreño en 1985. Foto: Roberto Valencia


El redescubrimiento

Antes de que en las postrimerías del siglo pasado y el inicio de este su obra fuera revalorada en nuestro país gracias al trabajo de notables intérpretes como Cayo Sila Godoy, Felipe Sosa, Berta Rojas, Luz María Bobadilla, entre otros, la obra de Barrios era ciertamente poco conocida en el Paraguay.

Sin embargo, para la primera década de este milenio ya se habían realizado varias exitosas ediciones del Encuentro Internacional de Guitarra Homenaje a Agustín Barrios Mangoré, así como el concurso Barrios WorldWideWeb. En su primera edición, en el 2009, el premio del jurado se lo llevó el brasileño Glauber Rocha, en tanto que en la categoría de video más votado hace su primera aparición pública importante Juan Duarte, por entonces con 25 años.

Profesor superior de guitarra clásica por el Conservatorio Nacional de Música, Duarte cuenta que su primer contacto con Mangoré se dio cuando tenía 12 años, específicamente una tarde en el patio del Instituto de Bellas Artes. Mientras se dirigía al salón para la clase del día con el profesor Eduardo Benítez, se encuentra con que este estaba sentado en el patio ensayando unos acordes en la guitarra.

Por alguna razón las clases fueron suspendidas y para romper el letargo del calor asunceno se puso a tocar varias piezas de Barrios al hilo. El joven aspirante a músico quedó deslumbrado con “Las abejas” y otras piezas. A partir de allí Barrios dejaría en él una impronta profunda que aún perdura siendo, de hecho, la influencia más importante en su formación y producción musical. 


En 2011 Duarte lanzó “La guitarra en Paraguay. Compendio de obras paraguayas para guitarra clásica”, que incluye, además de las obras de Barrios, composiciones de Quirino Báez Allende y Felipe Sosa. Del repertorio mangoreano se pueden apreciar “Julia Florida”, “Danza Paraguaya”, “Ha Che Valle” y “Londón Karape”.

Duarte explica al respecto que “el espíritu de esta obra es recopilar el tesoro de la música paraguaya” y además es una suerte de continuum de la “Guitarra paraguaya” de Felipe Sosa. En este material discográfico Sosa interpreta a Barrios y Quirino. “A su vez, yo toco obras de estos autores, además de las del propio Felipe”, sintetiza Duarte.

Posteriormente, en el 2015 en un concierto realizado en la sala Baudilio Alió del Teatro Municipal presentó “Panambi raity”, que es una danza en homenaje a la “Danza Paraguaya” de Mangoré. La composición, que tiene contrapuntos y movimientos floridos, es un tributo al gran maestro que ejerció una profunda influencia en su escritura musical.

Más recientemente, en el 2020, ya en plena pandemia, ofreció a su público “Estaciones”, en formato exclusivamente digital, que presenta obras que fusionan el 6/8 tradicional de la música paraguaya con matices armónicos y momentos musicales contemporáneos con un repertorio que incluye un vals venezolano y otros ritmos populares latinoamericanos.

 

El arribeño


Un personaje ilustre y hasta infaltable en nuestra cultura es el popular arribeño. En este caso se trata del guitarrista inglés Richard Durrant, quien afirma que sus sueños de músico a tiempo completo se forjaron bajo el abrigo de las piezas de Barrios.

Como fruto de su contacto con la música de nuestro país, Durrant grabó tres discos a los que califica como puramente “paraguayos”. En primer lugar, “The number 26 bus to Paraguay”, que rinde tributo a sus piezas preferidas de Mangoré: “Cueca”, “Mazurka apasionata”, “Danza paraguaya”, “Aire de zamba”, “Maxixe”, “Un sueño en la floresta”, entre otras.

La serie continúa con “Hijo de Hombre”, que entre el acervo de Barrios incluye el “Vals opus ocho, No. 4”, los tres movimientos de la “Catedral” (Saudade, Andante religioso y Allegro solemne) y “Una limosna por el amor de Dios”. La selección se completa con “Gato Polkeado”, “Tarentelle” y “Florinda” de Quirino Báez Allende; “Villa Alondra” de Felipe Sosa; “Newcastle to Peterborough/Neike Javy’a” y “Cacique Jeroky” de Kike Pedersen, además de una obra propia, “Apretón de manos”.

 

Richard Durrant y Juan Duarte, en la previa de un concierto realizado en Asunción en 2013.

En tanto, tres solos de guitarra de Duarte integran “The girl at the airport”: “Panambi raity”, “Soliloquio” y “Romanza di un sole”. El disco está dedicado a las víctimas del desastre de Shoreham airshow, ocurrido el 22 de agosto del 2015, cuando durante una exhibición aérea un cazabombardero se estrelló en una zona urbana.

El álbum incluye también “Jha che valle” de Barrios, “Our man in Asuncion” –variaciones de “Madrigal Gavota”, “Recuerdos de Ypacaraí” de Demetrio Ortiz; “Vuelo de luciérnagas”, “Melodía para Rosemary” y “Margaret” de Kike Pedersen; “El Cóndor pasa” de Daniel Alomía Robles y de su autoría nos ofrece “The Girl at the airport 1 y 2”, “Night Flight to Lima” y “La Isla del Paraguay”.

Además de ello, Durrant editó un libro titulado “The number 26 bus to Paraguay”, que fue publicado en el 2016 y que reúne pasajes biográficos, fotografías y partituras de cinco músicos paraguayos: Agustín Barrios, Quirino Báez Allende, Juan Duarte, Kike Pedersen y Felipe Sosa. El compilador también presenta obras de su autoría en las que resulta patente la influencia de los cultores de la guitarra clásica paraguaya. 


El nombre del libro es un homenaje a la línea de bus en la que desde niño hacía el trayecto de su apartamento en las afueras de Brighton, al sur de Inglaterra y a una hora de Londres, rumbo a sus clases de guitarra. En esos viajes durante varios años contempló el paso de las estaciones poseído por el hechizo de Agustín Barrios y el lejano y mítico Paraguay que construía en su imaginación.

En uno de los mejores momentos del libro, Durrant habla sobre un encuentro frustrado con Barrios en el Hotel del Lago de San Bernardino. Fue en 2011 durante su primera visita al país, cuando dictó una conferencia y ofreció una audición en el mencionado hotel, hospedaje y escenario de memorables conciertos de Barrios en los años veinte. 

Según el relato del autor, una noche despertó, sintió la presencia del maestro que tanto le había inspirado y enseñado, por lo que se levantó y bajó las escaleras rumbo al bar convencido de que se encontraría con ese great man y a quien tenía tantas preguntas que hacer.

Pero el bar estaba desierto y cayó en la cuenta de que llegó ochenta años tarde. A la mañana siguiente el fallido encuentro le hizo escribir una breve pieza musical, “Apretón de Manos”, cuyo manuscrito original dejó en una vitrina del hotel en caso de que Barrios volviera a pasar por allí.

Sea una anécdota real o no, bien vale la ocurrencia literaria. Durrant, a más de ser uno de los más vibrantes intérpretes de la música paraguaya, con su libro nos propone un fascinante periplo a través de una diversidad de paisajes sonoros.

Durante su última visita en 2017, Richard grabó un emotivo y divertido video sobre ese viaje. Además de los conciertos que brindó, narra su visita al lago Ypacaraí, el encuentro con sus amigos, sus paseos por el centro de la capital y brinda una interpretación de "El último canto" en la plaza Uruguaya a manera de un hasta luego que esperemos pronto pueda concretarse. 






sábado, 24 de julio de 2021

Parto de emergencia

Durante una quieta y lluviosa noche de guardia en el hospital, una enfermera recibió en su puesto a una mujer en avanzado estado de gravidez. Había algo inusual en aquella paciente.

 

Foto: Haunted hospitals

Llegó empapada al hospital y tras cambiarse se hizo un té para calentarse un poco. La compañera del turno anterior se marchó y el médico de guardia fue a darse un descanso. Terminó su primer recorrido. Se hizo otro té y se lo tomó en su puesto. Luego hizo la ronda de las diez, cambió unos sueros, administró unas medicaciones y fue nuevamente a sentarse en la guardia para aguardar si se presentaba algún caso de urgencia.

Los minutos parecían horas en aquella tranquila y lluviosa noche de sábado. Los pacientes internados dormían apaciblemente, no había ningún nuevo ingreso y hasta le pareció que ella era la única persona despierta en toda la villa, ya que afuera no se escuchaba nada más que la borrasca.

Ya era medianoche, paró la tormenta, pero seguía cayendo mucha agua. El temporal había refugiado a toda la ciudad al interior de sus casas; no hubo ningún contuso herido en alguna riña o de esos motociclistas accidentados que nunca faltan los fines de semana. Cada tanto se escuchaba a lo lejos algún carro de bomberos.

-Será algún árbol caído o cables sueltos. Solo eso y nada más –se dijo a sí misma como si su pensamiento pudiera conjurar la amenaza de una tragedia.

Sintió muy secos los ojos y los cerró un momento para descansar. Hizo un leve cabeceo somnoliento e instantes después se reincorporó con cierto sobresalto. Se había quedado profundamente dormida por unos breves segundos. Hubo un pestañeo de luz y luego escuchó que se activó el motor del generador, por lo que dedujo que hubo un corte de electricidad.

Miró el reloj y vio que eran apenas las 00:05. De pronto advirtió a una mujer embarazada que ya estaba cerca de dar a luz parada frente al escritorio del puesto de guardia. A pesar del largo espacio que la separaba de la entrada principal, en ningún momento advirtió cuando la mujer pasó a través de la puerta de blindex a pesar de que desde su lugar tenía una amplia vista hasta las escaleras.

-Buenas noches –saludó serenamente la mujer encinta sin dar ninguna muestra visible de dolor, aunque tenía el rostro tan pálido que le extrañó que pudiera mantenerse aún de pie.

-Buenas noches, señora, cómo se siente –preguntó la enfermera.

-Creo que ya voy a tener a mi bebé –le respondió.

-Siéntese ahí, voy a registrar sus datos y luego voy a traer una silla de ruedas para llevarla a la sala de partos –le indicó la enfermera. Fue rápidamente a avisar al doctor y trajo la silla para trasladar a la paciente.

Sin embargo, cuando terminó de atravesar el pasillo y llegó nuevamente al puesto de guardia, la mujer ya no estaba. Con paso apresurado fue hasta la puerta de salida y dirigió la mirada hacia todos lados buscándola, pero afuera todo estaba a oscuras y no alcanzaba a distinguir ninguna forma más allá de unos pocos metros.

-¿Viste a alguna mujer embarazada salir hace un momento? –le preguntó la enfermera al guardia.

-No, nadie entró ni salió por este acceso hace ya un buen rato –respondió el vigilante.

Antes de volver a entrar, la enfermera escudriñó hacia ambos lados de la calle como intentando perforar la negrura, pero todo estaba desierto. No se escuchaba otro sonido más que el de las gruesas gotas de lluvia que se estrellaban contra el asfalto y destellaban bajo la luz intermitente de los relámpagos.

viernes, 16 de julio de 2021

Qué pasa en Cuba

Mi experiencia en la isla relatada en primera persona; un recuento sobre algunos aspectos de la realidad cubana y las protestas que tuvieron lugar en los últimos días.

 

Escenas inusitadas se vieron en San Antonio de los Baños, desde donde las protestas se replicaron en otras zonas de La Habana. Foto: Diario las Américas.


He visitado Cuba en dos ocasiones. La primera en 2014 como turista y la segunda en 2016 para un encuentro sindical, que culminó con una participación en la marcha del 1 de mayo en la Plaza de la Revolución, donde se rindió homenaje a Fidel Castro por sus 90 años. No obstante, en esta ocasión prefiero hacer mayor énfasis en mi primera experiencia.

Lo primero que noté al entablar conversación con la gente es que a los extranjeros nos trataban como si fuéramos las personas más afortunadas del mundo por poder salir de nuestros países; es decir, denotaban cierta sensación de encierro. En efecto, hasta hace poco tiempo el pasaporte cubano (225 dólares) era considerado uno de los más caros del mundo con relación al ingreso de sus habitantes hasta que en febrero pasado esta tarifa se actualizó en 100 dólares. (A modo de comparación, el pasaporte paraguayo cuesta unos 40 dólares).

A simple vista he notado que domina el porte de personas bien nutridas y sanas. Yo solo lo pensé, pero Marta, una amiga costarricense que hice en el viaje, hizo un comentario más o menos en el mismo sentido. Al charlar con la media de los cubanos, ya sea trabajadores de los hoteles, hospedajes, taxistas, conductores de “limusinas cubanas” (bicicletas con habitáculos traseros para los pasajeros), manifestaban casi unánimemente que deseaban procurarse sus propios ingresos y disminuir la dependencia de los sistemas de proveeduría del Estado. Tampoco es una gran novedad que al común de la gente no le alcance la plata para vivir como quisiera y darse unos gustos.


Las “limusinas cubanas” son un buen punto de partida para sondear el ambiente. Foto: Havana Times

Cuba, como cualquier otro país latinoamericano, adolece de la falta de cuadros técnicos en ingeniería y áreas tecnológicas afines que apuntalen el crecimiento económico. Como bien lo señaló uno de los propios ponentes del seminario al que asistí (aunque dije que no hablaría de mi segundo viaje), a pesar de que Cuba tiene uno de los más altos niveles de egresados en ingeniería informática, esto no se ha traducido en un mayor desarrollo del país.  

No obstante, el Paraguay puede aprender mucho de sus muy eficientes programas de turismo cultural que atraen a viajeros de todo el mundo a través de cursos de filosofía, cine, literatura, música, etc. Así, basa su diplomacia cultural en tres premisas fundamentales: el fin del bloqueo, la devolución de la bahía de Guantánamo y una tercera reivindicación que ya fue lograda: la libertad de los cinco agentes de inteligencia cubanos presos en Estados Unidos y que fueron liberados durante el deshielo de las relaciones entre ambos países.

En mi caso participé en un taller de técnicas narrativas realizado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí con los escritores Eduardo Heras de León y Francisco López Sacha, el primero de ellos excombatiente de Playa Girón. El curso, más la estadía de seis días y la alimentación, tenía un costo de 310 pesos convertibles cubanos (CUC).

Esta moneda se cambia uno a uno con el euro, no así con el dólar, que tiene nominalmente el mismo valor, pero está sujeto a un impuesto del 10%. Para empezar, nunca lleve dólares. También debía aprender a manejarse con el peso cubano (CUP), que tiene una relación de 25 a 1 con el CUC. Este sistema rigió desde 1994 hasta enero de este 2021, cuando se eliminó la doble moneda.

El monstruo

Al abordar un taxi, se debe aguardar que los tres lugares del asiento trasero se ocupen.

-Cuando llenemos el taxi, salimos –dice el chofer luego de advertir que yo miro por todos lados como preguntándome qué esperábamos. Los taxis hacen un trayecto más o menos fijo como los buses. Si no van exactamente donde querés ir, uno debe abordar otro para llegar a su destino.

Le indico al conductor el lugar adonde me dirijo.

-A Mar Azul, por favor.

Una niña de cabello ensortijado sentada en el regazo de su madre en el asiento de al lado me interrogó rápidamente.

-¿Por qué usted habla otro idioma? –dijo inquisitiva.

-No es otro idioma, es el mismo que el tuyo, pero vivo en otro país.

-Y cómo va a salir y dejar a su mamá –me cuestionó.

-¿En su país también hay gente maleducada? –añadió antes de que pudiera contestar a su primera pregunta.

-Es que en mi país no hay mar y siempre quise conocer. Sí, también hay mucha gente maleducada –respondí.

-Ahhh, si no hay mar, entonces no quiero ir a su país –dijo tranquilizada. Me ofreció un caramelo y se aprestó a seguir hablando.

-¿Usted sabe que nosotros peleamos contra un monstruo que quiere comernos y que vive al otro lado del mar? –preguntó.

-Ahh, ¿en serio? –dije haciendo un gesto de gravedad con la alarma que requería una amenaza de este tipo.

Su madre lanza una discreta risotada y le dice que ya ha hablado suficiente, que ya basta. Ella asintió obedientemente y no volvió a emitir palabra alguna hasta despedirse. Al llegar a la playa, compro una botella de ron y enciendo un habano.

El escenario pandémico

Claramente Cuba no es ajena a las tremendas dificultades económicas que está causando la pandemia a nivel mundial, a lo cual se suma el endurecimiento de las medidas del embargo norteamericano dictadas por la administración Trump tras la política de acercamiento de Barack Obama. Voceros de la cancillería cubana indican que la administración Biden no ha levantado ninguna de las 240 sanciones impuestas por su antecesor tras un informe en el que declara a Cuba como una dictadura que viola sistemáticamente los derechos humanos.

A las dificultades del embargo, se suman los problemas estructurales de la producción centralizada dirigida por el Estado, que fueron agravados por la caída del turismo a raíz de la pandemia, un sector con una incidencia del 10 por ciento del producto interno bruto.

Los portales internacionales hablan de que en Cuba están teniendo lugar actualmente las mayores manifestaciones en 60 años bajo el grito de “libertad” y “abajo la dictadura”. Las principales exigencias son alimentos, vacunas y el fin de los apagones. Ya se ha registrado una víctima mortal, así como heridos, detenidos y un fotógrafo de la AP agredido por agentes. También se denunció la interrupción del servicio de internet móvil.


El corresponsal de AP en La Habana, el español Ramón Espinosa, fue atacado por agentes durante las protestas. Foto: Adalberto Roque (AFP)

Grito de guerra

“La orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios”, fue la respuesta del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ante las protestas instando a los defensores de la revolución a salir a enfrentar a los “gusanos y mercenarios”. Acusó a su vez al gobierno de los Estados Unidos de estar detrás de los disturbios.

El récord diario de 3.519 infecciones hizo estallar escenas inusitadas como vehículos volcados, cuando lo que comúnmente estábamos habituados a ver era a unas viejitas de blanco que lanzaban consignas contra el régimen luego de la misa de los domingos.

En este apremiante contexto sanitario se está aguardando la aprobación de la vacuna Soberana 02, que según se ha reportado tiene un 91.5% de eficacia. Hasta ahora se ha celebrado un contrato de transferencia tecnológica entre el Instituto de Vacunas Finlay de Cuba y el Instituto Pasteur de Irán para la producción de la Soberana 02 en el país islámico luego de la fase tres de pruebas clínicas. Tras las primeras pruebas, desde el instituto iraní se ha anunciado que se ha detectado un 100 por ciento de efectividad para los peores casos de covid-19. El gobierno mexicano también ha manifestado interés en participar del proceso de elaboración de los inmunizantes.


“A la calle los revolucionarios”, fue el grito de guerra que lanzó Miguel Díaz-Canel convocando a los defensores de la revolución. Foto: Eliana Aponte (AP)

La “guerra informativa” y la economía

Consultado por un medio de prensa local sobre la situación que se vive en la isla, el embajador paraguayo en Cuba, Bernardino Cano Radil, con la natural reserva de quien ejerce un cargo diplomático, habló de que existe una guerra informativa asegurando que, a pesar de la profunda crisis económica, las protestas han sido sobredimensionadas en las redes sociales y que el movimiento en las calles fue mucho menor al presentado en los medios internacionales. Esto último va en cierta consonancia con la campaña denunciada por el gobierno sobre fotografías de marchas de adherentes a la revolución presentados en publicaciones del New York Times como opositores.

En cualquier caso, hacer oídos sordos al grito de las calles nunca es la mejor opción. En efecto, el gobierno cubano ha anunciado un paquete de medidas para enfrentar la crisis, entre ellas la liberación de aranceles a la importación de alimentos y medicinas. Así también, dos medidas económicas para “dinamizar a la empresa estatal socialista”.

La primera se parece a un plan de flexibilización laboral que consiste en la eliminación de la escala salarial, lo que podría asimilarse a la supresión del salario mínimo, bajo el principio de que “se gana más mientras más riqueza se crea, más eficiente se es y mientras más se aporte al Estado, con un patrón de razonabilidad y sentido económico”, señala una publicación de Granma.

La segunda liberaliza las empresas estatales incentivando el trabajo por cuenta propia y permitiendo la participación de emprendimientos privados, universidades, centros científicos y unidades presupuestadas para ser socios en las mipymes estatales con participación en la gestión y el directorio.

Este es más o menos el complejo escenario que se vive en La Mayor de las Antillas, con una población que crecientemente exige para la vida cotidiana nuevas victorias de Playa Girón.

sábado, 10 de julio de 2021

El hombre que hablaba la lengua de los loros

Un chofer de la Línea 15-1 retornaba de su último redondo de la jornada cuando una inusual pasajera tomó el bus a la altura del famoso vivero. Desde entonces las cosas nunca volvieron a ser iguales.



 

Era un domingo de una típica tarde del invierno paraguayo, es decir, hacía unos treinta grados. Conversábamos distendidamente y tomábamos tereré con una amiga en la plaza. De pronto nos interrumpe el grito de un vagabundo que corría y hacía con los brazos un movimiento como si fuera a volar.

-Rrr, rrr, rrr, rrr, rrrrrrr –refunfuñaba el hombre imitando el garrido de los loros.

Ciertamente sentí una mezcla de conmiseración y estupor, pero lo único que atiné a hacer es lanzar una risa nerviosa como para intentar desviar el asunto hacia otra cosa.

-Es el hombre que habla la lengua de los loros –dijo mi amiga con naturalidad y hasta con cierto tono de burla por mi desmedida reacción. Ella era muy aficionada al esoterismo y lanzaba las cartas. De hecho, parecía una gitana. Usaba polleras largas, aros de pluma y a veces hasta se ceñía un pañuelo a la cabeza.

-¿Querés que te cuente su historia? –agregó sin darme tiempo para responder a su primer comentario.

-Sí, claro –repliqué inmediatamente así de aficionado como soy a escuchar historias sin prestar mucha atención a si son reales o ficticias.

-Bueno, él era chofer de la Línea 15-1. Dicen que, como muchos otros también cuentan en esta ciudad, una vez tuvo un encuentro con la mujer de blanco que cada tanto se aparece a quienes la noche sorprende caminando hacia la floricultura.

Luego hizo una pausa, encendió un cigarrillo y prosiguió su relato.

-Una noche, cuando estaba volviendo del último recorrido del día, una mujer le hace la para hacia Parque Serenidad. El conductor detuvo la marcha y abrió la puerta. La mujer subió y cuando esta le extendió la mano como si fuera a pagar el boleto, el hombre vio que en lugar de dedos tenía garras de loro.

Terminó de sorber el tereré que ya hacía varios minutos tenía en la mano y continuó.

 -Al mirarle a los ojos, dicen aquellos que hablaron con él antes de que pierda el juicio, vio unos círculos de fuego en sus pupilas. Dicen que es el alma en pena de una mujer que fue arrollada por un colectivo en esa zona y que vive entre las aves del vivero, pudiendo tomar la apariencia de cualquiera de ellas.

Mientras revivía la experiencia, al tratar de contar la visión que tuvo, el chofer perdió la razón. Desde entonces anda como si la lengua se le hubiera trabado, sin poder pronunciar las palabras, al menos así como lo hacen los humanos -finalizó mientras lanzaba la última bocanada de humo y apagaba la colilla del cigarrillo contra el banco de madera.

Tras escuchar toda la historia, me volteé para observar nuevamente al hombre, quien con gesto desesperado trataba de decir algo en la lengua de los loros haciendo graciosos ademanes, pero nadie puede entender de qué se trata.