sábado, 10 de octubre de 2020

El espectro de la antena

Hace muchos años fui testigo de un horrible crimen ocurrido en una zona despoblada. Ahora quiero contarles sobre una extraña aparición que se me manifestó una madrugada cuando pasaba cerca del mismo lugar.


Foto: Pikist.com

Durante el invierno, cuando salíamos del colegio a las 6:00 de la tarde, ya estaba totalmente oscuro. De regreso a nuestras casas, siempre íbamos por un camino oculto de una zona despoblada. Nos sentábamos debajo de un árbol de guayaba que lindaba con una extensa propiedad donde se erigía una antena de radio de alta potencia. Íbamos siempre por allí, pues, como es lógico, a nuestros 15 años debíamos escondernos para fumar.

Ese día solo estábamos Javier y yo. Justo en el momento en que atravesábamos el caminito que bordeaba el tejido de la estación repetidora escuchamos el grito desesperado de un hombre pidiendo socorro.

-¡Auxilio, auxilio! –gritaba con una voz ronca y quebrada.

Nos miramos el uno al otro y empezamos a correr hacia nuestras casas para buscar ayuda. Cuando llegamos a Mangoty, la canchita de nuestro barrio, nos encontramos con Ariel, Cayé y Gustavito, unos amigos con quienes nos reuníamos cada noche en La Casita, una construcción abandonada pegada a la cancha donde nos juntábamos para hacer cocido con tortilla, fumar, contar anécdotas, chistes y otras historias. No faltaban tampoco las rondas de caña con pomelo y, de vez en cuando, hasta algún porrito.

Cuando nos vieron llegar tan apresurados, se levantaron rápidamente del tronco en el que estaban sentados advirtiendo que algo grave había ocurrido. Intenté contener los jadeos para explicar la situación.

-Hacia la antena un tipo estaba gritando pidiendo auxilio en el yuyal, parece que le van a matar –les conté tan tranquilo como pude.

-¡Jaha, jaha, vamos, vamos! –arengó Javier.

Cuando al fin llegamos, el hombre estaba abrazando entre llantos a una mujer que yacía en el suelo inmóvil y con la ropa desgarrada. Se asustó al vernos, pero luego se tranquilizó al darse cuenta de que nuestra intención era ayudar.

-Fue Kavaju, fue Kavaju –dijo y quedó tendido entre las malezas con los ojos abiertos como si solo hubiera estado esperando delatar a su asesino antes de irse junto con su amada lejos, donde ya no pudiera sentir dolor.

Varios minutos después llegó la Policía. Acordonaron el área hasta la llegada del forense, que examinó la escena y luego autorizó que los cuerpos sean entregados a los familiares. Gracias a la confesión que nos hizo el hombre antes de morir, los atacantes fueron identificados rápidamente siguiendo la pista de una vieja disputa entre clanes familiares.

Cada vez que pasaba cerca de allí, no podía evitar evocar el episodio. Así pasaron unos dos años hasta que en las primeras horas de la madrugada de un domingo volvía solo a mi casa luego de una fiesta del colegio. Cuando terminé de cruzar la placita del eucaliptal, un hombre giró y empezó a caminar en mi misma dirección. Pensé en correr, pero no quise hacer el ridículo de espantarme ante una falsa alarma.

De pronto me puse a pensar nuevamente en aquel suceso y sobre qué habría pasado si hubiéramos auxiliado de inmediato a ese hombre y su novia. Quizá seguirían vivos o yo también estaría muerto con ellos. Pero un fuerte golpe en la cabeza me hizo volver de mis pensamientos. El sujeto que me seguía apretó el cuchillo contra mi cintura e hizo la voz de asalto.

-La guita, la guita, dame toda la guita –dijo con cierto acento rioplatense y una voz entrecortada como si tuviera la lengua endurecida.

-No tengo nada. Vengo de farrear –le expliqué.

-El reloj, dame el reloj –exigió señalando mi preciado Citizen negro con malla de metal que me había regalado mi padre.

Pero antes de que pudiera quitármelo, una sombra negra envolvió al desconocido y lo arrojó golpeándolo contra el empedrado una y otra vez. Apenas pudo recuperarse, el asaltante huyó espantado y yo me quedé mudo sin saber qué hacer.

Entonces repentinamente se hace nítida la figura de aquel hombre y la mujer a quienes intentamos auxiliar aquella vez.

-Hemos vuelto para ayudarte porque gracias a tu testimonio hemos encontrado la paz de que los responsables de lo que nos hicieron han pagado su culpa –me dijo aquel espectro mientras se desdibujaba y se alejaba perdiéndose en la oscuridad tomado de la mano de su novia.

sábado, 26 de septiembre de 2020

La engañosa diplomacia electoralista de Donald Trump

¿Cuáles serían las motivaciones del presidente norteamericano en impulsar los “acuerdos de paz” entre Israel, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos, que nunca estuvieron en guerra? Si no es un acuerdo de paz, qué es. Cómo queda Palestina.


Foto: Alex Wong/Getty Images

Las elecciones presidenciales de los EEUU están previstas para el próximo 3 de noviembre y –como ocurrió casi siempre, salvo algunas excepciones– el mandatario en ejercicio, en este caso Donald Trump, optará por buscar su reelección para ejercer otro mandato de cuatro años. Para ello deberá superar al exvicepresidente Joe Biden.

El mal manejo de la crisis sanitaria por el COVID-19, con más de 7.000.000 de casos y más de 200.000 muertos, y las protestas por la muerte de ciudadanos afroamericanos a manos de la policía, además de los incendios forestales en la costa oeste, son elementos que conspiran en contra del éxito de cualquier campaña electoral. En este sentido, tampoco debe perderse de vista que Trump accedió al cargo habiendo perdido la elección popular por casi 3.000.000 de votos y solo gracias al particularísimo sistema norteamericano de los colegios electorales fue consagrado como el 45.º presidente de los EEUU.

Ante este escenario, el propio Trump abrió el paraguas de antemano y denunció un inminente fraude en el voto por correspondencia para supuestamente favorecer a su rival demócrata. Además, se negó a hacer un compromiso de transición pacífica del poder en caso de que resulte derrotado en los comicios.

Por su parte, Biden, con la elección de su compañera de fórmula, la senadora “birracial” Kamala Harris (hija de madre india y padre jamaiquino), hizo un claro guiño al efervescente movimiento Black Lives Matter. Las protestas antirracistas se diseminaron a lo largo del país por una multiplicidad de factores como la crisis sanitaria y económica. Sin embargo, el impacto no hubiera sido tal sin una prueba documental tan contundente como el video en el que un agonizante George Floyd suplica al policía que le presiona la garganta con la rodilla: “Please, I can’t breathe, man” (Por favor, no puedo respirar, tío).

El “acuerdo de paz”

En este contexto general se realizó la firma de los Acuerdos de Abraham entre el premier israelí, Benjamin Netanyahu; el ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), el jeque Abdullah bin Zayed al-Nahyan, y el ministro de Relaciones Exteriores de Bahrein, Abdullatif Al Zayani, mediante los cuales estas tres naciones establecen relaciones diplomáticas.

Poco después del anuncio del “acuerdo de paz histórico”, Trump, quien calificó el hecho como el “amanecer de un nuevo Medio Oriente”, ya fue nominado para el premio Nobel de la Paz 2021 de la mano de un político noruego ultraderechista. Para añadir más pirotecnia mediática al asunto, se adelantó que pronto se sumarían otros cinco países árabes, entre ellos Arabia Saudita.

Sin embargo, algunos analistas han cuestionado el empleo del término “tratado de paz” entre estos países que nunca estuvieron en guerra y que están separados por unos 2.000 kilómetros de distancia. Lo que realmente se efectuó fue el establecimiento de relaciones diplomáticas.

“No es un tratado de paz porque no había guerra. Se está formalizando una relación que no existía y, como en las telenovelas, había una fobia, pero ahora se casaron, y eso es importante”, dijo citado por la cadena rusa Sputnik Arieh Kacowicz, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

No obstante ello, no le restó significación al acuerdo y lo calificó de muy positivo, teniendo en cuenta la importancia estratégica y lucrativa de los países del Golfo. En cambio, enfatizó que estos acuerdos no resultan en nada comparables a los de Camp David de 1978, mediante los cuales Israel y Egipto firmaron la paz tras la Guerra de los Seis Días. Las negociaciones se realizaron también a instancias de un presidente norteamericano, el demócrata Jimmy Carter, quien en el 2002 recibió el premio Nobel de la Paz por “sus esfuerzos para resolver conflictos”. Sería esto lo que Trump está intentando emular.

¿Pero si no es un tratado de paz, como se vio, entonces qué es? Además de lo que ya se ha dicho en materia de cooperación en ciencia y la tecnología, se trata de una alianza estratégica entre Israel y las monarquías sunitas para enfrentar al enemigo en común, el chiíta Irán. Desde su toma de mando, Trump ha maniobrado para aislar a este país del escenario mundial a fin de no permitirle extender su influencia. Una de sus primeras medidas importantes en materia de política internacional fue el retiro de EEUU del acuerdo firmado con Irán en el 2015 por su antecesor, Barack Obama, más Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, con el fin de levantar las sanciones económicas contra el país persa a cambio de una limitación de su programa nuclear a objetivos civiles.

Otro importante trasfondo de los Acuerdos de Abraham es que darían vía libre a una millonaria venta a EAU de aviones cazabombarderos F-35 de fabricación norteamericana, algo a lo que se había opuesto Israel hasta antes de la firma de este pacto.

Tras la firma del acuerdo, EAU podría concretar una multimillonaria compra de cazabombarderos F-35 de los EEUU. Foto: USAF

Citada por la BBC Mundo, Bessma Momani, experta en Oriente Próximo de la Universidad de Waterloo, Canadá, señaló que el gran interés de Trump es captar el apoyo del “lobby israelí”, que suele realizar donaciones importantes a los candidatos del Partido Republicano. Además, observa que el presidente norteamericano ha dejado en claro que su principal interés hacia el Oriente Próximo es la venta de armas.

“Para él, la política exterior se reduce a cuánto cuesta y qué se puede conseguir a cambio”, afirmó en declaraciones a la cadena británica.

Todo este barullo y un eventual Nobel de la Paz al promotor del convenio también es una oportuna maniobra de divertimento para el premier israelí, quien junto con su esposa enfrenta un proceso judicial por presuntos hechos de corrupción. Total, en la práctica Israel no cede nada, ya que mediante este trato el país hebreo solo renuncia a un plan de anexión de territorios palestinos aún no consumado y que además recibió críticas de todo el mundo apenas hecho público. Es decir, solo se abstendrá de concretar un hecho repudiable condenado por gran parte de la comunidad internacional.

De todas formas, Trump tiene razones para estar optimista, pues por mucho menos su antecesor recibió la preciada condecoración apenas nueve meses después de asumir en el cargo, quizá por ser el primer presidente afroamericano de los EEUU y el sucesor de George Bush, quien terminó su mandato bastante desprestigiado en el ámbito internacional luego del engaño sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak utilizado como pretexto para deponer a Sadam Husein.

¿Y Palestina?

Mientras todo esto tiene lugar, no hay vestigio alguno de una pronta perspectiva de paz con los palestinos. La principal traba sigue siendo la falta de acuerdo para la creación de los dos Estados, que contemple para los palestinos una capital en Jerusalén Este. Esta aspiración choca con la férrea postura israelí de reclamar para sí la totalidad de la ciudad de Jerusalén como “capital eterna e indivisible” del Estado hebreo.

La situación de crisis humanitaria en Palestina no tiene visos de una pronta solución. Foto: Reuters

Como era de esperarse, los Acuerdos de Abraham fueron recibidos con lanzamientos de cohetes de parte de Hamas. En tanto, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, advirtió que una paz en el Medio Oriente no sería posible sin un acuerdo israelo-palestino que implique el retiro de Israel de los territorios ocupados.

Con este “último clavo en el ataúd de la solidaridad árabe y musulmana”, según las palabras del Dr. James Dorsey, Hamas y la Autoridad Palestina sufren un duro revés diplomático por la prevalencia de otros intereses y se ven compelidos a subirse a este carro para no quedarse hablando solos. Entre tanto, lo único que se avizora por lo pronto son más lanzamientos de cohetes desde Gaza, a los que de muy buena gana Israel responderá con represalias feroces y desproporcionales que irán agravando progresivamente la crisis humanitaria en la que se halla sumido el pueblo palestino.

sábado, 22 de agosto de 2020

Presente musical en tiempos de pandemia: compositor ofrece gratuitamente un mix de sus obras

El intérprete y compositor paraguayo de guitarra clásica Juan Adolfo Duarte pone a disposición del público de manera totalmente gratuita un mix de piezas que conforman los tres discos que ha lanzado hasta el momento a lo largo de su carrera: “La guitarra en Paraguay” (2011), “Panambi raity” (2015) y “Estaciones” (2020), lanzado el pasado abril en diversas plataformas virtuales.

El intérprete y compositor paraguayo de guitarra clásica Juan Adolfo Duarte.


En “La Guitarra del Paraguay. Vol. 1”, Duarte reúne interpretaciones de obras de Agustín Barrios y Felipe Sosa así como composiciones de su autoría. El álbum está disponible en YouTube y tiene una duración total de 43 minutos y 42 segundos.

Tiene un total de 12 tracks: El último tren (Juan Duarte), Villancico de Navidad (Agustín Barrios), Laila (Juan Duarte), Villa Alondra (Felipe Sosa), May's Love (Juan Duarte), Ha che valle (Agustín Barrios), Pequeña arpa de seis cuerdas (Juan Duarte), Oración, (Felipe Sosa), Londón Karapé (Agustín Barrios), 12 Días (Juan Duarte), Suite paraguaya - Amo a mi patria (Felipe Sosa) y, por último, Adiós Papillons (Juan Duarte).



Cabe mencionar que respecto a su segundo disco, “Panambi Raity”, el autor afirma: “Se trata de la alegoría de una búsqueda, principalmente de transformación de la vida y de los sueños. Para muchas culturas el panambi (mariposa) simboliza la metamorfosis, el transitar de un huevo, a una larva, a un capullo que luego adquiere alas y vuela. También hay una intención de sacudir la quietud, retomando esa famosa figura de que el aleteo de una mariposa puede generar un huracán al otro lado del mundo”.

En tanto, sobre “Estaciones” refiere que “es la metáfora de un anhelo que tiene como inspiración y fuente el ferrocarril, ese lugar común del techaga’u paraguayo que resume las remembranzas del pasado y la búsqueda constante de nuevos confines donde recomenzar todo de nuevo.”.


Sobre el motivo que lo llevó a producir este cuarto disco a manera de síntesis de su obra como compositor e intérprete, refirió que además de brindar un presente a toda la gente que lo acompañó y vivió su música tras el lanzamiento de “Estaciones”, ya en plena pandemia en abril pasado, al mismo tiempo su objetivo es rendir tributo a sus dos maestros, Agustín Barrios y Felipe Sosa.

Felipe Sosa, guitarrista y docente, publicó el año pasado sus “Memorias”. Foto: UH

Sobre este último refirió que hace poco debió enfrentar una dura prueba ante la vida durante esta pandemia y al superar el cuadro por el que estaba atravesando quiso homenajear al músico caazapeño interpretando las obras cuya transcripción le fueron encomendadas por su guía y maestro en ese largo camino de una década que le llevó convertirse en profesor superior de guitarra clásica en el Conservatorio Nacional de Música.

"Un día me llama Felipe y me dice que está internado y debe ser sometido a un cateterismo. Con firme voz corta la llamada diciéndome: ‘Nos vemos luego’. Yo no tuve otra idea más que tocar todas sus obras que me mandó editar y así transmitir mi más sentida admiración y amor a él. Hice eso con mayor intensidad en las horas de su cirugía. Hoy Felipe está acompañándome en esta tierra. En resumen, es un homenaje a mis dos héroes que vivirán en mi corazón por el resto de mis días”, relató.

Cabe recordar, por otra parte, que en mayo del 2019 Sosa publicó un libro bajo el título de “Felipe Sosa. Memorias del maestro, intérprete y compositor”. El autor explica al respecto que el material resume sus casi seis décadas de carrera musical y que, a la vez, es una suerte de testamento de su obra y el anuncio de su retiro definitivo de los escenarios a raíz de su delicado estado de salud, pero no así de su labor docente y de compositor, que la sigue realizando en la medida de sus posibilidades a pesar de que ya no brinda presentaciones ante el público.


sábado, 15 de agosto de 2020

“Asunción está resignando la posibilidad de ser su mejor versión posible para todos”, afirma arquitecto

Con motivo del aniversario de la ciudad de Asunción, al cumplirse este 15 de agosto 483 años de su fundación, conversamos con el arquitecto Carlos Zárate, docente y coordinador del Área de Teoría y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), sobre la situación actual de nuestra capital y su visión sobre cuáles podrían ser las propuestas para hallar una solución que revierta el franco deterioro de su patrimonio histórico.

Imagen: Fotociclo

Aunque evita aventurarse a ser categórico respecto a una fórmula que remedie los múltiples males que la aquejan, sostiene que esta, de existir, debe estar basada “en el entendimiento y la valoración de la importancia de todos sus antecedentes y la riqueza de su variedad en todos los ámbitos posibles”.

No obstante, sí es concluyente al afirmar su oposición al otorgamiento de exoneraciones impositivas a los propietarios de edificios históricos en mal estado a cambio de su conservación, tal como se planteó tras el incendio que afectó al edificio del excine Victoria. Así también, señala que la proliferación de viaductos como modelo de intervención urbana revela la existencia de un modelo pensado para los automóviles en lugar de soluciones basadas en la diversificación de las alternativas de transporte, lo cual atribuye al hecho de que el sistema de transporte público es privado.

Arquitecto Carlos Zárate, docente y coordinador del Área de Teoría y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

–¿Qué diagnóstico y qué propuestas de solución se pueden hacer para remediar la actual situación de la capital de nuestro país?

–Al igual que muchas otras ciudades, Asunción se construyó a lo largo de la historia con solidaridad entre vecinos, adaptación al entorno, sueños de mejores tiempos, alegrías, dolores, fracasos y esperanzas. Para poder acercarnos a un diagnóstico certero de la situación actual de la ciudad, tenemos que incluir esos elementos en el análisis. Si no lo hacemos, el resultado del diagnóstico y las soluciones propuestas siempre van a limitarse a mostrar carencias en función a las ambiciones de apenas una pequeña porción de sus habitantes o en función de representar la idea genérica de ciudad con que la abordará cualquier persona que no esté vinculada a ella. Si consideramos los elementos referidos al principio, vemos hoy una Asunción que crece y cambia –situación lógica, normal y esperable–, pero a una velocidad y dirección que la aleja vertiginosamente de sus propios fundamentos. Asunción está resignando la posibilidad de ser su mejor versión posible para todos, buscando convertirse en lo que terceros indolentes quieren que sea. Y aquí hay que hacer una aclaración importante: muchos de esos terceros han nacido y crecido aquí, pero alimentados siempre con la ambición de convertirla en algo distinto a lo que es, lamentando, desconociendo o despreciando sus componentes más característicos y significativos. Están dentro, la habitan, pero no la sienten ni la entienden.

–¿La situación de la ciudad tiene cura o padece un mal que ya está en fase terminal?

–Está grave si consideramos que se está alejando de sí misma día a día. Las supuestas soluciones que se la insertan no solo no resuelven los problemas que abordan, sino además generan, como efecto colateral, daños incluso mayores que los que pretenden sanar. Y la situación es tan, pero tan grave, que ya estamos delirando, por ejemplo, al considerar que si cruzamos el río podremos expiar todos nuestros males sentándonos sobre la cabeza de nuestros vecinos del Bajo Chaco.

No sé cuál será la cura, pero estoy seguro de que está basada en entender y valorar la importancia de todos sus antecedentes y la riqueza de su variedad en todos los ámbitos posibles, incluyendo la idiosincrasia de su gente, la exuberancia vegetal, los arroyos, los barrios populares consolidados a lo largo de décadas, las edificaciones modestas que fueron y son escenarios de miles de historias cotidianas, los espacios públicos de distintas escalas, desde calles y plazoletas, hasta parques y la relación de los bordes con el río, donde habita más del 20% de su población.

–Ya se fue el “malvado” Plan CHA, pero la sensación que queda es que no estamos mejor, sino todo lo contrario.

–Como terminó cajoneado sin ser aplicado, al Plan CHA no se le puede acusar de otra cosa más que de habernos hecho perder tiempo y energías sin llegar a buenos diagnósticos y soluciones. La ciudad no está peor porque no se aplicó ese Plan en particular. Ojalá fuese tan sencillo como eso. Invierto los términos. Ese Plan en particular no llegó a nada porque fue concebido dentro de una matriz muy restrictiva y direccionada, no por los que diseñaron el Plan, sino por los que establecieron las bases de aquel concurso. Burócratas ignorantes y oportunistas que anteponen sus beneficios propios al bien común, por el cual deberían velar celosamente.

El arquitecto Carlos Zárate sostiene que agregar más viaductos y asfalto solo aumenta el problema de la congestión al estimular solamente la movilidad en automóviles. Foto: MOPC.

–¿Cómo ves esta proliferación de los viaductos? ¿Son intervenciones bien pensadas y que podrán generar soluciones más allá del corto plazo?

–Los viaductos son de los indicadores más precisos para evaluar cuánto de la ciudad en general y del espacio público en particular ha sido consagrado al desplazamiento en automóvil. Nos indican además lo amateur y obsoletos que están los políticos responsables de la incorporación de estos elementos, anclados mentalmente en la primera mitad del siglo pasado, impulsando este tipo de visiones y propuestas hoy ya vetadas en todas las teorías de planificación urbana contemporánea. Los viaductos son soluciones miopes al problema de la movilidad, tan absurdos como tratar con un jarabe expectorante un cáncer de pulmón. El problema de la movilidad es complejo, tiene muchas aristas y debe ser abordado en consecuencia. Agregar más viaductos, más carriles, más asfalto, solamente da espacio para que el problema siga creciendo. Todas las mañanas, un millón y medio de personas de ciudades aledañas hacen decenas de kilómetros perdiendo tiempo, paciencia y dinero para llegar a sus lugares de trabajo en Asunción. Hagamos entonces las preguntas que corresponden ¿Por qué no trabajan en sus ciudades? Porque somos una república descentralizada solo en papeles. ¿Por qué no viven en Asunción? Porque no hay leyes que impidan la especulación inmobiliaria. ¿Por qué se desplazan en automóviles y motocicletas si saturan de esa manera las calles? Porque el transporte público es privado.

El siniestro ocurrido en el excine Victoria trajo nuevamente a colación el preocupante estado del patrimonio histórico de la ciudad. Foto: elpoder.com.

–Tras el incendio del excine Victoria, saltó nuevamente al tapete el preocupante deterioro del patrimonio histórico arquitectónico. ¿Qué medidas se deberían tomar para conservarlo y mejorar su estado?

–El Estado –a través de sus distintas reparticiones– es el principal responsable de velar por el patrimonio de interés público. Esto no debería ser siquiera opinable. “Soluciones” como las que acaban de anunciar representantes de la Municipalidad, el MOPC y la SNC, basadas en un acuerdo con los propietarios del excine Victoria, en el que se plantea liberar de impuestos a cambio de la puesta en valor del edificio, nos indica, entre otras cosas, un Estado débil e inútil, sin credibilidad, creatividad ni compromiso para defender el bien común. Liberar de impuestos a los grandes propietarios de inmuebles del centro histórico no resolvió antes nada y no lo hará ahora. Los Sabe, Saba, Zuccolillo, Bendlin, Mendelzon y otros no solo son apellidos de propietarios. Son corporaciones con intereses comerciales. Demás está decir, privados. Poseen muchísimo capital, no necesitan que el Estado les esté perdonando nada. Al contrario, debería estar exigiéndoles que cuiden y respeten el patrimonio urbano, con instrumentos legales que van desde las multas hasta la expropiación. Pero con la poca credibilidad que tienen los entes estatales, ¿qué ciudadano saldría a dar la cara y el pecho para defender esas medidas? Ese ciudadano no recibe del Estado la más mínima señal o garantía de que lo recaudado será devuelto a la ciudad de una manera inteligente. Es, claramente, un círculo vicioso. Urge quebrarlo. Y una de las herramientas efectivas para eso, en lo que a conservación de patrimonio arquitectónico y urbano se refiere, es contar con profesionales e instituciones (sobre todo la universidad pública) que entiendan tanto la dimensión técnica del tema como el valor de la cosa pública. Y la defiendan con argumento y sentimiento.

lunes, 3 de agosto de 2020

De cuando al Führer le pintaron la cara en las Olimpiadas de Berlín

A 84 años de las cuatro medallas de oro conquistadas por el afroamericano Jesse Owens en las competencias organizadas por el régimen nazi. La recreación de los hechos en la biopic "Race".

El récord de medallas olímpicas obtenido por Owens no fue superado hasta ahora y solo fue igualado en 1984 por su compatriota Carl Lewis.


Por estas fechas debíamos encontrarnos en pleno desarrollo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, que tuvieron que ser postergados hasta el próximo año a raíz de la pandemia del coronavirus.

Por ello, quiero valerme de la suspensión de las competencias como excusa para hablarles de la película “Race” (2016) y del contexto de los hechos recreados en este filme, que narra una de las más grandes hazañas del deporte de todos los tiempos: las cuatro medallas de oro ganadas por Jesse Owens en las Olimpiadas de Berlín en agosto de 1936, una marca que solo sería igualada casi 50 años después en Los Angeles 1984 por su compatriota Carl Lewis.

El atleta norteamericano –de raza negra, vale subrayarlo– se impuso en las modalidades de 100 metros, 200 metros, salto de longitud y carrera de relevos de 4x100 metros (fue el primer corredor), logrando tres récords mundiales y olímpicos.




Decíamos que era negro y que habría que subrayarlo, pues esos Juegos fueron organizados por el régimen nazi, que utilizó el evento para desplegar un enorme aparato de propaganda supremacista. Owens resultó un tremendo aguafiestas en aquel tenso período –apenas tres años antes de la Segunda Guerra Mundial– al punto de que es el principal ícono de aquellas competiciones. Esto a pesar de que Alemania terminó encabezando el medallero con 89 preseas (33 de oro, 26 de plata y 30 de bronce) frente al segundo, Estados Unidos, con 56 medallas (24 de oro, 20 de plata y 12 de bronce).

Además de la puesta en escena, la injerencia política del nazismo en el campo deportivo alcanzó ribetes de trampa. Especialmente controvertido fue el partido de fútbol en cuartos de final entre Austria, país donde nació Hitler, y Perú. Disputado el 8 de agosto, el encuentro terminó con marcador final en tiempo extra de 4-2 a favor del equipo latinoamericano, que logró imponerse en el alargue a pesar de la invalidación de tres goles.

Sin embargo, el partido fue anulado por supuesta invasión del campo de juego de parte de los aficionados sudamericanos –cuando la inmensa mayoría de los presentes, si no todos, eran austriacos–, por lo que el derbi fue reprogramado. El equipo peruano se retiró en forma de protesta, por lo que la clasificación fue para la escuadra europea.

El boicot

Tras la llegada al poder de los nazis en 1933, hubo varias propuestas para retirarle la sede a Alemania, otorgada en 1931 durante la República de Weimar, así como sucesivos proyectos de boicot, incluyendo en los Estados Unidos. Esto al principio puso en duda la presencia de Owens, quien fue presionado por la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por su sigla en inglés) con el argumento de no legitimar con su presencia al régimen del Tercer Reich.

Según el relato de sus hijas, el atleta decidió finalmente participar debido a que, en pleno periodo de la Gran Depresión, las oportunidades para los negros eran aún más escasas en un escenario ya de por sí complicado por la inveterada cuestión racial. De esta manera, decidió hacerlo con la esperanza de poder consolidar su carrera como deportista a fin de poder hacerse de un mejor pasar junto con su familia en las duras condiciones que debía soportar en su país a raíz de la discriminación.

En tanto, intentando aplacar el movimiento de boicot, Alemania bajó la intensidad de la persecución a los judíos e incluso la delegación olímpica germana estuvo integrada por una espadachina de origen semita, Helene Mayer, quien se alzaría con una medalla de plata en aquellas justas.

La mirada del cine

Algunos de los pasajes más significativos de estos hechos aparecen retratados de manera muy atractiva en la biopic “Race”. Bajo el título de “El triunfo del espíritu” para Latinoamérica, el nombre original es un juego polisémico entre la doble acepción de raza y carrera que encierra la palabra. Dirigida por Stephen Hopkins y escrita por Joe Shrapnel y Anna Waterhouse, esta coproducción canadiense-franco-germana está protagonizada por Stephan James en el papel de Owens (conocido ya por haber encarnado al recientemente fallecido político y activista por los derechos civiles John Lewis en “Selma”, una película del 2014 sobre las marchas por el derecho al voto encabezadas por Martin Luther King). Entre los coprotagonistas se destaca por su actuación Jason Sudeikis, tradicionalmente muy vinculado a las comedias livianas, pero que tiene un estreno dramático brillante en el rol del entrenador Larry Snyder.




Entre tanto, un lugar enigmático es el que le toca a Leni Riefenstahl (interpretada por Carice van Houten), quien fue la designada por el régimen nazi para llevar el registro fílmico de aquel evento. Según podemos ver en “Race”, ante las sucesivas victorias del atleta negro, el jefe de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, ordena que las grabaciones se interrumpan, a lo Riefenstahl se niega y prosigue con su tarea hasta el final.

Respecto a la cineasta alemana se sabe que su documental sobre los juegos se estrenó bajo el nombre de "Olympia" en 1938. Hay datos contradictorios sobre el financiamiento, puesto que algunas fuentes afirman que corrió por cuenta del Ministerio de Propaganda, en tanto que otras señalan que el encargo fue realizado por el propio Comité Olímpico Internacional.

Considerada como una de las mejores 100 películas de todos los tiempos por la revista Time, además del registro documental de las competiciones en distintas disciplinas, incluye encenas de vanguardia para la época con imágenes de la Antigua Grecia con una mezcla de profundo simbolismo y desnudos.

Además de la impactante carrera deportiva de Owens, la cinta también se ocupa de aspectos más íntimos de su vida intentando abarcar en la mayor dimensión posible esa compleja, extraordinaria y contradictoria personalidad, que según sus críticos no supo entender la tarea histórica que le tocó cumplir. Mucho se le ha recriminado, por ejemplo, el reproche a sus colegas Tommie Smith y John Carlos por haber hecho en el podio de las Olimpiadas de México 1968 el saludo del poder negro (el brazo levantado con el puño cerrado), aunque años después revirtió su posición.

Escena de la película “Race”.

Los orígenes de “La bala”

Nacido en los campos de algodón de Alabama en 1913, James Cleveland Owens se instaló siendo aún niño junto con su familia en Ohio huyendo de la segregación del sur. El ambiente hostil en el que creció a raíz de su condición racial habrá resultado fecundo para forjar ese carácter que supo extraer de la adversidad sus mayores lecciones y logros.

Conocido como “La bala”, Owens empezó a ganar notoriedad en el atletismo como estudiante de la Universidad Estatal de Ohio en las competiciones de la National Collegiate Athletic Association (NCAA) logrando ocho títulos entre 1935 y 1936. No obstante ello, junto con otros colegas afroamericanos, debía alojarse fuera del campus debido al segregacionismo. Además, a pesar de sus extraordinarias condiciones para el deporte, nunca recibió una beca y tuvo que trabajar en un taller de calzado, entre otras labores, para costear sus estudios. Entrenaba antes de las clases y trabajaba luego de ellas.

La proeza

Han pasado 84 años de aquel 3 de agosto de 1936, cuando ganó su primera medalla de oro en los 100 metros. Sin embargo, la película se enfoca más en la medalla obtenida el 4 de agosto en salto de longitud con una marca de 8,6 metros. El atleta alemán Carl Long le ayudó (en el film le marca con una toalla el lugar donde debía saltar) para no ser descalificado. Empero, algunos autores sostienen que esta historia es apócrifa bajo el argumento de que un atleta de élite debería saber bien por sí mismo en lugar exacto donde saltar. Luego de finalizada la prueba, ambos se pasan la mano y se abrazan para saludar al público.

“Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz Long en aquel momento”, declaró Owens tiempo después cuando, finalizada la guerra, viajó a Alemania para conocer a la familia de su amigo, quien falleció en combate durante la invasión aliada a Sicilia en 1943.

Sobre su amistad con Long, Owens llegó a decir: “Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz Long en aquel momento”.

El "desplante"

Un momento central de la película es la escena en la que Hitler, con rostro adusto, se retira del estadio con el supuesto fin de evitar saludar a Owens. Sin embargo, varios biógrafos del atleta sostienen que este aseguraba que Hitler le había saludado y que incluso exhibía una foto que registró ese momento. Se cuenta que Owens había hecho varios esfuerzos para cambiar –sin éxito– la versión oficial de lo ocurrido, que él consideraba incorrecta.

En declaraciones a The Pittsburgh Press el 24 de agosto de 1936, Owens afirmó: “Hitler tenía controlado su tiempo tanto para llegar al estadio como para marcharse. Sucedió que debía irse antes de la entrega de medallas de los 100 metros. Pero antes de que se fuera yo me dirigí a una transmisión televisiva y pasé cerca de él. Él me saludó y yo le correspondí. Creo que es de mal gusto criticarle si no estás enterado de lo que realmente pasó”.

En cambio, el corredor sí se quejó de que el entonces presidente de EEUU, Franklin Delano Roosevelt, un líder tenido por “progresista”, nunca le cursó una invitación a la Casa Blanca y ni siquiera le envió un mensaje de felicitación, tal como era costumbre hacerlo con los atletas que ganaban medallas olímpicas.

Según cuentan los analistas de la época, el motivo habría sido que Roosevelt se encontraba en plena campaña por la reelección y no quería ganarse la contrariedad de los votantes del sur. A más de ello, en una recepción en su honor realizada en un hotel neoyorquino no se le permitió ingresar por la puerta principal, por lo que tuvo que utilizar el ascensor de servicio.

Aquel talento extraordinario tuvo un fin prematuro en el atletismo, puesto que tuvo que retirarse a los 23 años. Por aquella época el amateurismo era un requisito para los atletas olímpicos. Después de su presentación en Berlín fue utilizado por el presidente del Comité Olímpico de Estados Unidos, Avery Brundage, como un objeto de exhibición hasta que, cansado, abandonó la gira y retornó a su país.

A raíz de ello le retiraron el estatus de amateur, por lo que su carrera deportiva llegó a su fin y sobrevivió dando charlas motivacionales, haciendo exhibiciones en las que corría contra caballos, entre otras actividades, hasta que el 31 de marzo de 1980 un cáncer de pulmón a consecuencia del tabaquismo le costó la vida a los 66 años.

Dicen que fue un héroe contra su voluntad y que no pudo rendir tributo a su propio legado. En cambio, su vida y obra siguen siendo una inspiración para quienes, en el mundo deportivo o fuera de él, intentan forjar su propio destino en un camino no exento de obstáculos, caídas y decepciones, pero al mismo tiempo pleno de victorias y logros inimaginables.

viernes, 31 de julio de 2020

La procesión

Durante una caravana religiosa se registró un grave y extraño evento que algunas versiones atribuyen al espíritu de un niño que deambula por el lugar.

Imagen ilustrativa: captura de video

Sobre esa mansión abandonada del barrio Rosedal de Villa Elisa había rumores e historias de todo tipo. Según uno de los tantos relatos que escuché, en la casa vivía una joven pareja que no hacía mucha vida social en el barrio y que tenía un hijo autista de unos siete años.

Nadie sabía mucho de ellos ni la rutina que transcurría detrás de las altas murallas de la casa de tres niveles, enclavaba en la cumbre de una de las zonas más altas de la ciudad. Cuentan que luego de la horrible muerte del niño se marcharon del lugar y que desde entonces nadie más volvió a habitar la casa.

A pesar del paso de los años y del desgaste, la residencia es una inexpugnable fortaleza con macizos muros coronados con alambres de púas y portones herméticamente cerrados con enormes candados. Hacia mediados de los noventa solíamos ir con mis amigos del barrio a esa casa durante nuestros recorridos hondita en mano jugando a ser cazadores.

No obstante el miedo que transmitía la mansión, quizá nuestras armas de niños nos daban la confianza necesaria para entrar pese a las horribles historias que se contaban sobre ella. Había un túnel en el que en medio de la oscuridad se podían apenas divisar unos grillos, cadenas y viejos barriles llenos de polvo.

En aquella época eran muy tradicionales y frecuentes las procesiones para rendir tributo a los diversos santos en su día. La festividad que reunía la más potente batería de pirotecnia era la de María Auxiliadora, que se celebraba el 24 de mayo con largas caravanas que recorrían los distintos barrios, cuyas calles eran adornadas para el efecto con banderines blancos y amarillos. A su paso el desfile era saludado por los devotos con la explosión de petardos y fuegos de artificio.

Cuando este tipo de peregrinación pasaba frente a la casa, el niño y su perro eran llevados al sótano, donde el padre cultivaba su afición por el añejamiento de vinos. En una ocasión, solo estaban la madre y el pequeño. En el momento en que escuchó a lo lejos la explosión de los petardos, la mujer se apresuró a llevar al niño hasta la bodega subterránea junto con el cachorro para tratar de disminuir el terrible ataque que sufría por el estruendo de las bombas. Estas hacían enloquecer al niño, quien cuando las escuchaba se presionaba la cabeza con vehemencia como si sufriera una jaqueca insoportable al tiempo de que gritaba y zapateaba contra el suelo desesperadamente.

Entonces la madre lo abrazaba y mientras intentaba tranquilizarlo lo sujetaba con firmeza contra su pecho. Mientras tanto, él trataba de escaparse y daba cabezazos contra el hombro o el rostro de su madre. A medida que iba creciendo la reacción era más violenta.

Cuando la explosión era muy cercana o la pirotecnia muy abundante, se ponía a gruñir como un animal salvaje mientras se daba bofetadas y se estiraba de los cabellos. Cuando lograba desprenderse de los brazos de su madre, se golpeaba la cabeza contra la pared. En las grandes festividades como Navidad y Año Nuevo debían encadenarlo para que no se haga daño.


Sobre la mansión abandonada se contaban historias y rumores de todo tipo.

Fue en un caluroso crepúsculo de mayo cuando ocurrió el terrible evento. La caravana se aproximaba a lo lejos, pero ya se escuchaba el estrépito. Cuando la madre ya se había acomodado en el sótano junto con el niño y el perro, de pronto sonó el teléfono. Antes de subir las escaleras para atender la llamada, abrazó fuertemente a su hijo, le dio un beso y le dijo que volvería enseguida.

Subió rápidamente, descolgó el tubo del teléfono y del otro lado escuchó la voz de su esposo, quien le pidió que busque en su agenda la clave de la radio del auto que estaba en avanzadas tratativas de venta.

-¿En qué parte está? –le preguntó ella.

-No recuerdo en qué parte. Revisá todas las hojas, por favor –le dijo casi susurrando.

Luego de buscar por varios minutos, finalmente pudo encontrar la clave de cuatro dígitos.

-Acá está. 9133 –le dijo algo fastidiada al ver que la había molestado por un número tan fácil de recordar.

Intentando compensar la molestia, él le dijo un par de cosas lindas y se quedaron hablando un cierto rato. Un par de minutos después se despidieron y ella colgó el teléfono. Se quedó abstraída por un momento. Así se quedó perdida en el sopor de sus pensamientos cuando de pronto volvió a sí misma sacudida por la descarga de los cohetes, uno de los cuales estalló bien cerca de la ventana.

-¡Hijo! –exclamó angustiada.

Bajó corriendo los escalones hasta el subsuelo, donde se encontró con una escena atroz: el perro degollado y el niño se había cortado la mano izquierda con una sierra y exhalaba sus últimos suspiros empapado en un charco de sangre. Tenía la piel azulada y un sudor frío emanaba de sus sienes llegándole hasta el cuello. Estaba inconsciente por efecto de la hemorragia. La madre tomó una sábana, envolvió completamente la mano herida y lo alzó para llevarlo al hospital, pero todo fue en vano. Ya nada pudo hacerse. Cuando llegó a sala para recibir una trasfusión de urgencia, el niño murió desangrado.

Luego de lo ocurrido, nunca más se supo de la pareja y nadie volvió a ocupar la vivienda. Esta historia permaneció por mucho tiempo olvidada hasta unos raros sucesos que tuvieron lugar hace no mucho tiempo durante el día de María Auxiliadora.

Cuando la procesión estaba pasando frente a la mansión abandonada, justo en el momento en que uno de los feligreses se aprestaba a encender una bomba 12x1 y apuntarla al cielo, antes siquiera de poder escucharse la detonación, la mano de uno de los parroquianos estalló en el aire entre el humo de la pólvora. El hombre se puso a gritar casi desvanecido por el dolor.

-¡Ay!, ¡mi mano, mi mano! –se lamentaba entre gritos y rugidos.

Sin embargo, al momento de ser socorrido por los concurrentes, estos se percataron con asombro de que no era una quemadura, sino el corte limpio de una filosa guillotina.

sábado, 18 de julio de 2020

Los arcades en la Villa Elisa de antaño

Un breve repaso de las casas de videojuegos más emblemáticas que funcionaron en nuestra ciudad en los años noventa. Te invito a embarcarte a este viaje pleno de nostalgia por esos establecimientos de finales del siglo pasado. 


 

Las máquinas de videojuegos a ficha o monedas son una de las tantas formas de entretenimiento y negocios que han desaparecido al paso del avance de la tecnología y la accesibilidad. Yo empecé a ser asiduo concurrente de estas casas allá por el año 1995, cuando tenía doce años y andaba siempre deambulando por Villa Elisa en búsqueda de aventuras montado en mi bicicleta.

Yo era especialmente habitué de Lalo, que estaba sobre la avenida Américo Picco casi Guavirá, donde el juego de culto era Mortal Kombat. Allí atendía la madre de Lalo, doña Margarita, con su nieta María Eugenia, quien ahora vende en el lugar deliciosas hamburguesas caseras.


Lalo, un verdadero templo para los gamers villaeliseños de mediados de los noventa.
 

El otro era Chile Sur, también sobre Américo Picco, pero bien “en el pueblo”, como decíamos antes, a unos pasos de la municipalidad y del actual Paseo de los Ilustres. Esa era entonces la única cuadra de camino interno asfaltada de Villa Elisa.

Esta era la casa con más diversidad, donde los juegos más populares eran Mortal Kombat y Street Fighter, ambos también éxitos de taquilla en sus respectivas versiones cinematográficas.  


Uno de los lugares pioneros en la ciudad fue el desaparecido Chile Sur.
 

A pocas cuadras estaba Jovino, al costado de la plaza Von Poleski, sobre la calle Mariscal López casi Virgen del Carmen.

El local más escondido era Don Rey, en Venezuela casi Colombia. Aquí también se juntaba la cofradía de los adeptos a Mortal Kombat.

De este lugar me queda un recuerdo poco grato. En una ocasión, iba para lanzarme en bicicleta a la pendiente que está en la otra cuadra, la que termina en la calle José Asunción Flores, cuando repentinamente escucho que Gustavito me grita.


Jovino, un emblemático local de juegos frente a la plaza que sigue funcionando en otro rubro.

-Vení, rápido, estoy ganando –exclamó entusiasmado.

Frené bruscamente, giré, puse la patita y dejé la bici en la vereda. No había tiempo de ponerle la cadena. Le ganó a Goro y luego debía enfrentar al jefe de todos, el hechicero Shang Tsung, quien se comía el alma de quienes había derrotado, por lo que tenía el poder de adoptar la apariencia y los poderes de los luchadores vencidos.

Gustavito jugaba, como la mayoría lo hacíamos entonces, con Liu Kang, también el héroe en la película, cuya trama gira en torno a una competencia de artes marciales a muerte para salvar la tierra.

Agónicamente, en el tercer round, logró que la bola de fuego de Kang dara en el blanco aplicando el golpe de gracia. Tsung cayó para no levantarse más. Ya no dio tiempo para el Fatality. Estallamos de alegría. Contemplábamos extasiados la ceremonia y los honores al campeón del torneo.

Sin embargo, la alegría no duraría mucho para mí, pues al salir me encontré con que mi bici ya no estaba. Me puse a correr y la busqué por todas partes, pero sin resultados. Caía la llovizna y anochecía mientras yo seguía deambulando sin rumbo. Aquella sería la última aventura que viví con ese gladiador de dos ruedas.



Don Rey, lugar al que hice mi último paseo en aquella bicicleta Fera USA azul.