sábado, 11 de mayo de 2013

La tierra: madre de todas las luchas


La acumulación capitalista en el Paraguay tiene su expresión más violenta en la tenencia de la tierra. 



Los resultados del Censo Agropecuario Nacional muestran que el 2,6% de las fincas acaparan el 85,5% de la superficie. 

Según el censo agropecuario del 2008, el 85,5% de la superficie censada es acaparada por el 2,6% de las fincas de 500 o más hectáreas.

Si de por sí estos grados de concentración resultan escandalosos, el problema se agrava si consideramos que una gran porción de ellas han sido adquiridas de manera fraudulenta durante el periodo de la tiranía de Alfredo Stroessner.

Reafirmando el carácter profundamente antidemocrático del sistema capitalista y de cualquier cosa que se le parezca, en nuestro país, como en gran parte de la región, la estructura de la propiedad de los medios de producción se ha forjado bajo el amparo de las dictaduras militares patrocinadas por Washington.

En el caso que nos toca, la Comisión de Verdad y Justicia consigna en su informe sobre tierras malhabidas que entre 1954 y 2003 el Estado entregó 12 millones de hectáreas, de las cuales 7, 8 millones fueron adjudicadas ilegalmente entre jerarcas del stronismo, militares, empresarios amigos, etc. Es decir, el 60% de las tierras fueron destinadas a personas no sujetas a la reforma agraria. Esta distorsión de la figura de la reforma agraria, más que desacreditarla, lo único que demuestra es la necesidad impostergable de llevarla a cabo.

La muestra más patente nos proporciona el caso Curuguaty, un producto de las desviaciones –por decir lo menos– en que se apoya la propiedad rural en nuestro país. ¿Es acaso necesario reiterar que los mártires caídos aquella mañana solo reclamaban lo que por derecho les correspondía? Es decir, tierras del Estado que debían ser destinadas a asentamientos campesinos, pero que estaban siendo ocupadas por la empresa del fallecido empresaurio colorado Blas N. Riquelme.

Tierras fiscales de Ñacunday que debían ser colonias campesinas. El 90% del territorio está cubierto de soja.  

Y casos como estos se multiplican, como por ejemplo el “rey de la soja” Tranquilo Favero, cuyas estancias Toro Blanco, Santa Catalina y Campobello ocupan casi 200.000 hectáreas de tierras fiscales solo en el Chaco. Igual mención se merecen las tierras de Ñacunday, donde el informe de la intervención del Indert encontró que las 30.000 hectáreas de tierras fiscales que debían ser destinadas a colonias campesinas están cubiertas en un 90% por plantaciones de soja.

Los tres ejes de la problemática

El economista Luis Rojas, de Base Investigaciones Sociales, ha dividido el problema de la tierra en Paraguay en tres ejes fundamentales: la estructura de la tenencia de la tierra, la legislación y las políticas públicas.

A los fines de esta exposición, nos centramos especialmente en el primer punto. En los últimos años la problemática se ha ido agravando en la medida del avance del agronegocio.  Si en el año 1991 las fincas de entre 20 y 100 hectáreas sumaban 1.359.000 hectáreas, para el 2008 estas bajaron a 1.079.000 ha. En contrapartida, en 1991 las fincas de más de 100 hectáreas llegaban a 20.988.000 ha y para el 2008 sumaban 30.107.000 ha. Es decir, en ese periodo de 17 años se ha registrado un movimiento en dos direcciones contradictorias. Por un lado, la disminución de las fincas de 20 a 100 hectáreas y el aumento de las que tienen 100 o más hectáreas. 

Esto a su vez ha invertido la distribución de la población en las zonas rurales y urbanas. Si en el año 1962, de acuerdo a los datos proporcionados por el mismo economista, el 62% de la población se concentraba en zonas rurales con relación al 32% que se asentaba en zonas urbanas, para el año 2012 el 67% de la población pasó a residir en zonas urbanas y el 33% en zonas rurales.

Pero la cuestión radica en que la dinámica de desplazamiento ha sido forzada y no voluntaria, principalmente a raíz de que pequeños productores cercados por grandes monocultivos transgénicos se ven obligados a migrar por la destrucción de sus cosechas alcanzadas por el glifosato y por la imposibilidad misma de seguir respirando el aire fumigado. 

Todo esto ha derivado en que más del 50% de los hogares rurales carezcan actualmente de tierras. Aunque Rojas sostiene que no existen datos oficiales sobre la cantidad de familias sin tierras, remitiéndose a la Encuesta Permanente de Hogares de 2009, que ha censado a 600.346 hogares rurales, y el Censo Agropecuario 2008, que ha cuantificado 288.875 fincas rurales, se puede llegar a la conclusión de que las familias sin tierras sumarían 311.471.

La ley y el latifundio

La Constitución Nacional, en su artículo 115 “De las bases de la reforma agraria y del desarrollo rural”, estipula que “La reforma agraria y el desarrollo rural se efectuarán de acuerdo con las siguientes bases:

1) la adopción de un sistema tributario y de otras medidas que estimulen la producción, desalienten el latifundio y garanticen el desarrollo de la pequeña y la mediana propiedad rural, según las peculiaridades de cada zona”.

Rojas retruca que “el impuesto inmobiliario no desalienta el latifundio, sino lo estimula, dada la bajísima carga tributaria que representa, solo el 1% del valor fiscal de la tierra, no el valor de mercado”.

En este sentido, el economista ejemplifica que en Alto Paraná el valor fiscal de una hectárea es de unos 45 dólares frente a unos 5.000 dólares del valor de mercado. Pero el impuesto a pagar se deduce de su valor fiscal, por lo que el impuesto abonado es de 0,45 dólares en lugar de por lo menos 50 dólares.

Otra expresión de que el orden de la propiedad rural está basado en el fraude es la inexistencia de un catastro, lo que, entre otras cosas, provoca la superposición de títulos, que en total suman más de 500.000 km² cuando que la superficie del país es de 406.752 km².
 Tierras del Indert ocupadas por la estancia Toro Blanco de Tranquilo Favero. 

Así se entiende muy bien por qué los detentadores de este orden y sus voceros mediáticos gruñen amenazadoramente cuando apenas se pronuncia la palabra para ellos prohibida: mensura. Recordemos precisamente que en el intento de mensura en Ñacunday los grandes propietarios ya habían instalado el cháke del juicio político contra Fernando Lugo.

Aunque la ley declarativamente se exprese en contra del latifundio, sabemos que la llamada “institucionalidad democrática” es apenas una proyección y un mundo ordenado por la fuerza del capital. En Paraguay será posible discutir muchas cosas, pero la tierra es un tema vedado. No obstante, como dijera el periodista Julio Benegas, si en este país “no se disputa la tierra nada esencial se disputa”.


Fuentes
Censo Agropecuario Nacional 2008. Disponible en: http://www.mag.gov.py/PresentacionCAN2008.pdf) 

Informe final de la Comisión de Verdad y Justicia “Tierras malhabidas”. Disponible en: http://www.cipae.org.py/V2/informe-final-anive-agua-oiko/

Informe final de Intervención al Indert 2012. Disponible en:  http://www.redrural.org.py/V3/uploads/2012/08/INTERVENCION-INDERT-INFORME-FINAL.pdf

Rojas, Luis “Movimiento por la tierra” (ponencia)




miércoles, 13 de marzo de 2013

“Para que la mirada de la arquitectura vuele a la altura de valles y montes”



Fotografía de Irina Rivero que retrata a los guaikurú en las festividades de San Pedro y San Pablo, Altos, 2008
Gizella Alvarenga (foto de Leonardo Méndez)
Bajo el título de “Ceremonias”, la arquitecta Gizella Alvarenga Codas desarrolla un trabajo sobre el uso del espacio social en las festividades de San Pedro y San Pablo en una comunidad campesina de Itaguazú, Cordillera de los Altos. Su investigación, presentada como tesis de grado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Asunción, fue reconocida con la segunda mención internacional en la XVIII Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito.

“La arquitectura necesaria-la ciudad necesaria” fue el lema de dicha bienal, realizada en noviembre de 2012 y en la cual se desarrolló el Concurso de teoría, historia y crítica de la arquitectura, el urbanismo y el paisaje. El jurado –integrado por los arquitectos Patricia Rodríguez (Cuba), Jorge Ramos (Argentina) y Antonio Narváez (Ecuador)– destacó del trabajo de Alvarenga Codas “el valor testimonial, la puesta en valor del sitio y el rescate de la evidencia a través de la ritualización de la vida cotidiana de la cultura ancestral”.

La autora señala en esta entrevista que el objetivo de estudiar las prácticas rituales en su relación con el espacio social pretende darle un impulso a la arquitectura para que “vuele a la altura de valles y montes”. Asimismo, explica que el trabajo va en búsqueda de nuevas fuentes a fin de construir una arquitectura humanizada y, en tal sentido, dirige la mirada al sentido del rito como un texto temporal y espacial.

–¿Qué busca una arquitecta cuando decide estudiar rituales religiosos?

–La obra comenzó como una tesis de grado con la tutoría del antropólogo Guillermo Sequera. El afán fue de contribuir al avance de la arquitectura paraguaya, eliminando así la figura del arquitecto de casas al estilo Miami Beach, para pasar de la disciplina arquitectónica dura, rígida y pocas veces humanizada, a servir a soluciones de problemas de habitabilidad de los ciudadanos comunes.
–¿Cómo en se cruzan en la investigación la arquitectura y la antropología?

–Cuando decidí llamar a esta investigación “Ceremonias” fue con la idea de profundizar las figuras de quienes convocan a participar de estos rituales; quienes, coincidentes con la coreografía cosmogónica del imaginario colectivo, deciden mostrar a la comunidad sus prácticas ritualizadas, repetidas en tiempos anuales, para lograr mantener a la comunidad viva en sus memorias.
Para pensar y analizar la arquitectura definitivamente debe reflexionarse profundamente a partir de lo que pervive en las comunidades culturales, en la creación y reproducción de sus espacios ritualizados. Es por esto que también en el ámbito académico de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la UNA, en la materia donde desde hace más de cinco años asumo como auxiliar, con Mito Sequera decidimos continuar el trabajo colectivo junto con los demás profesores, para hacer que la mirada de la arquitectura vuele a la altura de valles y montes.
En este espacio de trabajo contamos con grandes arquitectos de prestigio internacional, como Solano Benítez y Javier Corvalán, entre otros. Desde el inicio propusimos como grupo abordar el pensamiento crítico e investigativo de la materia.
–En las celebraciones que describís las escenas representan a los kamba y guaicurúes en función del papel que cumplían, pero ahora retratados en ausencia. ¿Qué lugar ocuparon en el origen de estos ritos el “indio” y el “negro” y cuál es su rol actual?

–La primera vez que en el ámbito académico tuve la oportunidad de exponer las razones que generaron esta investigación de alto contenido cualitativo, me enfrenté al verdadero atraso mental y ultraconservador de la casa académica. Eso hizo que mi búsqueda se fortalezca en la medida de la profundización de la lectura de los documentos y fuentes de primera mano, con las que se realizó esta labor investigativa. Así fui descubriendo que dos personajes de gran significación aparecen en diversos momentos, en los cuales se posicionan como personajes periféricos, y en otras protagonizan las escenas centrales.
Kambas y guaikurúes han sido las comunidades originarias de los territorios de La Cordillera. Por un lado, el grupo afro fue distribuido en diversos pueblos, y por el otro, los indígenas guaikurúes que iban bajando desde el Norte Oriental defendiendo sus tierras de los ataques paulistas. En un relato compacto de la historia se puede señalar que pudieron haberse trasladado de territorio con aquel primer Altos, fundado más al Norte, como se indica en una de las cartografías del libro, documento hecho con base en cartografías del arquitecto argentino Ramón Gutiérrez (quien fue el autor de uno de los libros que mejor describe hechos arquitectónicos ligados a breves reseñas históricas, que data de 1982).
Hoy estos son personajes míticos que fundan el relato de los primeros ocupantes, donde se exalta la libertad de los kamba representada en personajes enmascarados sumado a la estética guaikuru, que tras el rapto de las mujeres, avivan el fuego central con entrantes y salientes del centro unificador de la noche, dando lugar a una coreografía mitificada que actualiza a la comunidad los hechos que marcaron los fundamentos del año.
–En el libro se aprecian muchas prácticas de inspiración indígena pero con nombres cristianos. ¿Cómo opera el desplazamiento de la simbología indígena hasta llegar cristianizada en esta población campesina?
–La colonización ha catequizado a los pueblos originarios, es decir, desembocó en la conquista de la religiosidad. Así, logró identificar las imágenes de los santos al calendario de los rituales agrícolas.
Los indomables que habitaban esas tierras no se dejaron reducir, y siguieron haciendo los rituales a los que habitualmente estaban acostumbrados. Y lo siguieron haciendo, así como cuentan tantas historias de afuera también, en las que el colonizador hizo coincidir calendario agrícola con calendario colonizador, para poder paliar aquella irreductibilidad no coincidente en un principio.

La fiesta del fuego, del solsticio de invierno, entonces pasa a ser la de San Juan, o San Pedro y San Pablo en comunidades más bien agrícolas. La del solsticio de verano coincide con la Navidad cristiana.

Considero que en el sector de La Cordillera se dio el fenómeno de localización de comunidades indígenas y de negros, donde se hacían estos rituales de origen agrícola, que hoy asumen ciertos personajes como son los kamba y guaikuru, quienes probablemente hayan sido los primeros partícipes de estas ceremonias

–En los fundamentos de la investigación apuntás que el objetivo es examinar la producción de los espacios y su vinculación con el ejercicio y práctica social del ritual. ¿Cuáles son los hallazgos y apariciones manifestados en esta búsqueda?

–El valor más intenso que he encontrado en las prácticas de socialización espacial representadas en rituales dentro de la comunidad de Itaguazú, es la puesta en escena de los fundamentos de identidad colectiva local. Ante todo, las cualidades sensibles del espacio campesino, a flor de piel, en las entrevistas profundas y acercamientos casuales ordinarios y extraordinarios a los pobladores, las hicieron distinguir como comunidad. Lo provocativo fue pensar ¿cómo asegurar este bien patrimonial inmaterial obtenido? Mi respuesta fue el sistema de documentación, ordenación y puesta en página de los hechos e historias que basan su existencia en ejes transversales que desfiguran toda disciplina académica. Esto ha sido fruto de la metodología de aproximación investigativa para reflexionar sobre el Paraguay, buscando siempre la oportunidad de ser los generadores de la integración regional latinoamericana y caribeña.

sábado, 9 de marzo de 2013

Paraguayos en EE.UU., expectantes ante reforma migratoria


Desfile de los paraguayos en Nueva Yersey en conmemoración del Bicentenario en 2011.


El anuncio del presidente de EE.UU., Barack Obama, de que en su segundo mandato impulsaría finalmente una reforma migratoria integral ha venido a corroborar la progresiva presencia que ha ganado la comunidad latina en ese país. Luego de los últimos comicios, en los que Obama fue reelecto con el 71% del voto latino a su favor, los republicanos han empezado a pensar en estrategias para atraer a ese esquivo electorado, entre las que se cuenta el apoyo a un cambio en la política migratoria.

Rodrigo Zelada, miembro de la organización
"Paraguayos Migrantes en Nueva Jersey"
En esta entrevista vía e-mail con Rodrigo Zelada, de la  organización "Paraguayos Migrantes en Nueva Jersey", nos cuenta que la comunidad paraguaya en Norteamérica, y la latina en general, recibe con buenos augurios la señal del Mandatario estadounidense, quien ha expresado que una mayor apertura del país y la formalización del estatus migratorio de los residentes sin papeles puede dinamizar la economía en un momento en que la recuperación de la crisis se está demorando más de lo previsto.

–¿Cómo recibe la comunidad paraguaya el anuncio del presidente Barack Obama de que en este segundo mandato impulsará una reforma migratoria integral?
–La comunidad paraguaya, y la migrante en general, espera que esta promesa se cumpla no solo porque es una necesidad, sino que los migrantes hicieron su trabajo. En tiempos de la administración de George W. Bush se llevó a votación un proyecto de reforma migratoria. En esa ocasión, a pesar de las multitudinarias movilizaciones, el proyecto fue rechazado. Esto llevó a que las organizaciones reflexionaran sobre su estrategia y se llegó a la conclusión de que no solo era necesario movilizarse, sino tener poder político. Entonces se comenzó una campaña para instar a los residentes legales a hacerse ciudadanos, que se inscriban y luego participen en las elecciones.
La estrategia tuvo sus frutos. Los hispanos habilitados para votar llega a una cifra de dos dígitos: cerca del 12% del electorado total en el 2012, comparado con alrededor de 9,5% en 2008. Como lo señaló Luis Heredia, director ejecutivo del partido Demócrata en Arizona: “En los últimos años, hemos visto un incremento en la organización de los latinos y creo que ha sido una respuesta a las políticas que promueven los republicanos. Nos hemos dado cuenta de que no basta solo con el enojo, hay que pasar a la acción”.
De esta cantidad de inscriptos es importante destacar que estos salieron a votar y más del 70% votaron por Barack Obama, siendo decisivos en estados claves como Arizona, Colorado y Nevada. En este último con un crecimiento impactante del 117%.
–¿En qué hechos se traduce esta gravitancia que está adquiriendo la comunidad latina?
–En las votaciones del 2012 los latinos han hecho llegar sus reclamos y mostrado  su peso político. Actualmente los demócratas están más unidos apoyando la reforma y tenemos al Partido Republicano a la defensiva en el tema migratorio. Esto a tal punto de que Carlos Gutiérrez, exsecretario de Comercio de la era Bush, dijo que “debemos cambiar nuestra política hacia los latinos si no queremos seguir perdiendo elecciones”. Y hasta surgen figuras latinas importantes en el Partido Republicano, como el senador Marco Rubio, señalado como un presidenciable dentro de las filas republicanas, distanciado del discurso antiinmigrante que caracterizó a estos en las últimas elecciones. Otro ejemplo del poder latino es la presencia de la jueza de origen hispano Sonia Sotomayor  como una de las integrantes de la Corte Suprema de Justicia,  que logró que en los escritos de esta máxima instancia judicial se dejara de referir a los migrantes en situación irregular como “ilegales” y sea sustituido el término por “indocumentado” haciéndose eco de una de las consignas del movimiento de migrantes: “Ningún ser humano es ilegal”.
–Partiendo de lo que se anunció hasta ahora sobre las características del proyecto, como que los inmigrantes indocumentados puedan convertirse en residentes permanentes en ocho años, qué virtudes y deficiencias se observa en el plan.
–Un hecho digno de destacar es que el nuevo proyecto de reforma migratoria es una iniciativa bipartidista (Republicana y Demócrata), cuenta con el decidido impulso del presidente Barack Obama, el apoyo de grupos evangélicos y católicos, de grupos empresariales y particularmente la aprobación de una gran mayoría de la población americana que piensa que es hora de solucionar la situación de cerca de 11.000.000 de personas que viven en situación migratoria irregular.
Lo preocupante es que para adquirir la residencia permanente se tardaría entre 8 a 10 años, de acuerdo a las diferentes posturas, lo cual significaría que para ser elegibles para la ciudadanía se tardaría aproximadamente 15 años.
Pero todo depende de las movilizaciones, las negociaciones y llamadas a los representantes parlamentarios. En esto las organizaciones migrantes y sus aliados, entre ellas las poderosas cadenas televisivas latinas (Univision y Telemundo), estarán jugando un papel importantísimo para lograr la reforma migratoria, que mejorará el nivel de vida de millones de personas y también estará dando un gran impulso comercial a la economía de los EE.UU.
–Con vistas a las próximas elecciones generales cómo están las condiciones para que el voto de los paraguayos en el exterior se haga efectivo.
–Para hacer  efectivo el derecho conquistado gracias al referéndum del 9 de octubre del 2011, se debe hacer que la inscripción y votación se pueda realizar por internet, ya que los paraguayos se hallan dispersos a lo largo de los 50 estados de la Unión Americana. El sistema de inscripción es caro, deficiente y altamente discriminatorio, pues excluye a muchísimos ciudadanos paraguayos de ejercer este derecho. Pero tropezamos con los intereses corporativos del Tribunal Superior de Justicia Electoral y de los partidos políticos tradicionales, que encontraron en el derecho al voto en el exterior un recurso para realizar costosas vacaciones a los EE.UU., España o la Argentina a costa del Estado paraguayo. 
Uno de los colectivos con mayor tasa de crecimiento
Cada 10 años se realizan en EE.UU. censos nacionales de población muy útiles para definir políticas públicas. En mayo de 2011, la Oficina del Censo de los EE.UU. publicó los resultados de la medición de la población en la Unión Americana informando que los paraguayos suman 20.023. Los hispanos en general han señalado un ascenso en su demografía.
Entre este colectivo, Paraguay está entre los que han crecido más del doble: 128,3% con respecto al Censo del 2000. En esa ocasión los paraguayos censados eran 8.769, es decir, hay 11.254 compatriotas más según este documento.
Zelada relata que muchos paraguayos no participaron del censo 2010, debido al temor de que estas informaciones sean usadas por el Servicio de Inmigración, cosa que, según señaló, es improbable, ya que por ley estas no pueden ser usadas para perseguir.
El número de compatriotas que no fueron censados fue significativo, pero de ninguna manera la población paraguaya en el país del Norte se aproxima a los 50.000, tal como sostienen algunas estimaciones extraoficiales.
Haciendo un promedio entre los datos del censo y los cálculos demográficos más inflados, los paraguayos en EE.UU. sumarían unos 30.000. De esta cantidad tal vez algo más de la mitad se encuentren en situación migratoria irregular.
Por ello, una eventual reforma migratoria abriría una vía para que los paraguayos sin papeles puedan formalizar su situación en el país y acceder a mejores condiciones laborales y sociales que las que ofrece el mercado no registrado.



lunes, 4 de marzo de 2013

Un puñado de tierra


Néstor Castro y Rubén Villalba (internet)

Una elegía a esa tierra ausente, marcada por el exilio y la sangre, los versos de Hérib Campos Cervera retratan la lejana evocación de esa entidad que habitamos y nos habita. Un puñado de tierra con “la sonrisa y la sangre de tus muertos”. Por un puñado de tierra, por eso, las balas, la muerte y la cárcel.

“Por un pedazo de tierra oiko péa orerehe”, explica Néstor Castro a la delegación de artistas, intelectuales y activistas que fueron el pasado sábado 2 de marzo a llevar su apoyo a los presos en huelga de hambre que exigen la libertad de los campesinos encarcelados por el caso Curuguaty. 

Entre las rejas del penal La Esperanza, y a 33 días de haber iniciado la huelga de hambre, reafirma que estando ya sea dentro o fuera seguirá luchando por la causa nacional, la recuperación de la soberanía y las tierras del Estado.

“Jahypýi ko yvy tome’ê hi’a/ Ñamboapy ko sapukái/ yvytu vevére ñahendu iñe’ê/ ñande kóga purahéi. (Reguemos esta tierra para que dé sus frutos/. Juntemos este grito/. En el vuelo del viento escuchamos su palabra/ el cantar de nuestros cultivos”. Alberto Rodas canta ese homenaje al chokokue, Ñemitÿ, melodía de José Asunción Flores con letra de Carlos Federico Abente. ¿Dónde están? “Están allí donde ya no podrán morir”, prosigue.

Mario Casartelli reclama en su guitarra que “Algo tenemos que hacer” y el poeta Ricardo de la Vega interpela “A ti, Paraguay”, escrito que deja como presente a Néstor. El cuadro de Bernard Hermosa sobre la masacre del 15 de junio marca un horizonte rojizo sobre el que trazan sus formas la geografía paraguaya, 17 cruces y un helicóptero policial.

De carácter taciturno, Néstor responde a las expresiones de apoyo con breves acotaciones, gestos de asentimiento y los ojos cada vez más cristalizados. El día de la masacre un proyectil le destrozó la mandíbula, lo cual le valió dos operaciones, aunque debe ser intervenido nuevamente porque el platino fue mal colocado.

Fortalecido por la convicción de estar luchando por algo justo, a sus familiares y compañeros eleva el mensaje de que “ani pejepy’apy cherehe, aime en lucha. Ani ñande kane’o (No se preocupen por mí, estoy en lucha. No nos cansemos).

La comitiva, frente al penal de Tacumbú (internet).
Luego de los efusivos abrazos de despedida, la delegación se traslada a la penitenciaría de Tacumbú. Rubén Villalba, quien el día de la visita llevaba 36 días de huelga de hambre, nos recibe sentado en una cama de la enfermería con una pañoleta en la cabeza que lleva inscripta la leyenda “libertad o muerte”.

Está decidido y no claudicará. “Ndaje entregamoái (No me entregaré). Los latifundistas no pueden beneficiarse de tierras del Estado”, esgrime al aludir al uso torcido de la figura de la usucapión hecho a favor de Campos Morombí, pero que por esos actos fallidos que a veces hacen justicia fue emitida por error con el número de otra finca. “Tierra fiscal ko ñande mba’e (las tierras fiscales son nuestras)”, añade.

“Ojalá el gobierno escuche su grito”, interviene Zully, la solidaria enfermera de la cárcel y agrega que Rubén está muy débil, con mareos y necesita ser asistido para ir al baño.

Rubén sonríe con júbilo cuando se anuncia la guitarreada. Él mismo empieza con las palmas y luego toda la delegación entona eufórica la consigna de esta causa. “Libertad, libertad a los presos por luchar”. Un policía irrumpe en la sala y ordena que se baje el tono de los cánticos.

Posteriormente, Villalba reseña sus comienzos en la lucha y cuenta que pusieron pecho a numerosos desalojos salvajes y que en varias ocasiones fue perseguido por sicarios de los sojeros brasileños, quienes están avanzando sobre nuestro territorio y desplazando forzosamente a los campesinos de sus tierras. Con respecto a Marina Cue, relata que 15 personas fueron asesinadas mientras pescaban o cazaban en los bosques, que van siendo progresivamente devastados por los cultivos mecanizados de transgénicos.

Recordemos que aquellas tierras del Estado reivindicadas por los campesinos debían ser destinadas a la reforma agraria, pero están siendo usurpadas por Campos Morombí. Por este legítimo reclamo, en un procedimiento totalmente irregular, fueron asesinados 11 campesinos y los sobrevivientes están acusados de asociación criminal, invasión de inmueble y homicidio doloso en grado de tentativa. También cayeron 6 policías, que según la versión oficial fueron sin armas para dialogar. Pero muchos sabemos que la policía no dialoga y que siempre asesta el primer golpe.

No existe causa alguna por invasión contra la empresa del fallecido jerarca colorado Blas N. Riquelme, el verdadero invasor en esta historia. Completan el elenco el fiscal colorado Jalil Rachid y el juez José Benítez, quien dictara la viciada orden de allanamiento que derivó en la matanza y es cuestionado por el rol que desempeñó en la fraudulenta usucapión a beneficio de Campos Morombí.

Pero en medio de todo este cuadro, y reduciendo a polvo y cenizas el oprobio, auguramos a la lucha campesina el mismo desenlace que el de aquellos versos del poeta: “Un puñado de tierra./Eso quise de ti. /Y eso tengo de ti”.



martes, 12 de febrero de 2013

Cuando la prensa decide callar

Varios países han protestado por la violación de su espacio aéreo durante las operaciones de los drones estadounidenses (internet) 



En una reciente entrevista al periodista uruguayo Washington Uranga, le consultaba sobre un artículo en que hacía alusión a cómo los medios editorializan no solo en lo que dicen, sino también en lo que callan. Uranga respondía que al omitir determinadas situaciones los medios cercenan el derecho de las audiencias a la vez que distorsionan los hechos. “Tan grave como mentir es omitir”, aseveraba.

Ahora bien, hasta ahora puede verificarse que el concepto de derecho a la libertad de expresión se ha sobrepuesto al de derecho a la información privilegiando a los medios por encima del público, al que habla por encima del que escucha. (Y cuando decimos escuchar no nos referimos a un acto pasivo, sino al hecho de informarse de lo que ocurre en la sociedad para participar activamente en ella). En consecuencia, los medios actúan como si fueran los amos y titulares de la información tomando y desechando a su arbitrio.

Sin embargo, ese bien público que es la información pertenece a todos los ciudadanos, que delegan en la prensa su administración como delegan en los funcionarios electos la administración del Estado. Al igual que en un Estado democrático estos se deben a aquellos, una prensa que se precie de democrática tendría que deberse a la ciudadanía.

Por tanto, las supresiones constituyen una violación al derecho a la información equiparable en gravedad a los ataques contra la prensa registrados a diario. Ante estos abusos existen innumerables organizaciones encargadas de denunciar los atropellos contra la libertad de expresión, pero ¿quién nos protege de lo que los medios no nos cuentan? Ante estas faltas estamos simplemente indefensos.

Saco esto a colación a propósito de un reciente episodio en que la prensa norteamericana tuvo que admitir que no informó sobre la base de drones (aviones no tripulados) de la CIA en Arabia Saudí y desde la que se emprendían ataques contra presuntos terroristas. ¿El motivo? Lo que siempre argumentan los gobiernos para no rendir cuenta de sus actos: razones de “seguridad nacional”.

“Una vez más, los medios estadounidenses fueron descubiertos en flagrante delito de colusión para ocultar secretos del gobierno que hubieran merecido las portadas. Sus excusas para ocultar esas informaciones son livianas”, acusó sin ambages el periodista inglés Glenn Greenwald, del diario The Guardian, citado por la agencia AFP.

Lo particularmente grave del caso es que el Washington Post decidió publicarlo cuando se enteró de que otro medio –la agencia AP– había decidido romper el acuerdo establecido con el gobierno para ocultar el asunto bajo el supuesto riesgo de que Al Qaida emprenda acciones. Así también The New York Times reconoció que tenía conocimiento del tema desde hace un año pero no lo reveló a razón del mismo pacto.

En declaraciones reproducidas por el mismo despacho, el profesor de periodismo Dan Kennedy sostuvo que los medios “intentan congraciarse con la administración (de Barack Obama) de una manera totalmente inapropiada para una prensa independiente”, al hacer referencia a la relación del episodio con la comparecencia de John Brennan, supervisor de los programas de drones, ante el Senado para su confirmación como titular de la CIA.

Por lo tanto, la falta fue rectificada no para reparar el violentado derecho de los ciudadanos de estar informados, sino para ganarle la mano a la competencia en el preciado mercado de las primicias. Esto nos revela –por si hicieran falta mayores elementos– lo que en esencia significa la información para las empresas periodísticas (simple mercancía) y que en los casos en que los dividendos radiquen en dejar de informar estarán muy bien dispuestas a callar y ocultar.

Incluso asumiendo que no haya existido coacción a la prensa de parte de un gobierno para ocultar su accionar y que, por lo tanto, no se haya vulnerado el derecho a la libertad de expresión, sí se vulneró el derecho de las audiencias de acceder a esa noticia. En definitiva, tomando las palabras del autor brasileño Barbosa Lima Sobrinho (citado por Loreti, 1995), “el derecho a la información no se limita al periodista que lo utiliza, sino también al público que de él se sirve. Y es así porque en relación al periodista deja de ser un derecho para convertirse en un deber, el deber de informar”.


Informe sobre el uso de los drones con fines de espionaje interno

sábado, 9 de febrero de 2013

“Omitir es una forma de distorsión de la realidad”


En esta entrevista con Washington Uranga, periodista uruguayo residente en la Argentina, el comunicador nos habla sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), que se encuentra actualmente paralizada por una acción de inconstitucionalidad interpuesta por el Grupo Clarín contra la cláusula antimonopólica. Uranga reivindica la importancia de la norma en un proceso de desconcentración de la propiedad de los medios a fin de pluralizar el escenario comunicacional. Asimismo, advierte que las omisiones que diariamente practican los medios cercenan el derecho a la información de las audiencias. “Omitir es una forma de distorsión de la realidad”, enfatiza.

Washington Uranga, periodista, docente e investigador

Llego al café unos diez minutos antes de las 15:00. Mientras espero, hojeo las páginas del quincenario de sátira política Barcelona. El calor de Buenos Aires, al menos para un asunceno, se siente apenas como un leve cosquilleo. De pronto entra Washington. Nos saludamos, se sienta y me pregunta sobre la situación en Paraguay. “Muchas dudas. Pero la sangre de campesinos y policías sí que resultó un gran negocio para algunos”, le respondo, palabras más palabras menos. Washington hace una mueca que denota cierta compunción. Charlamos un rato más, un intervalo de silencio a manera de señal, activo la grabadora y empezamos.

–¿Cuál es la situación actual de la LSCA y las trabas que impiden su aplicación efectiva?

–Hay dos tipos de problemas. La ley hace más de tres años que fue aprobada por abrumadora mayoría en el Congreso y tiene un artículo, el 161, que establece que los grupos que concentren medios en la propiedad deben desprenderse de parte de ellos. El principal grupo es Clarín, que ha opuesto un recurso de inconstitucionalidad para no desprenderse de medios. La ley está trabada judicialmente, es decir, no se puede aplicar en uno de sus puntos, el referente al combate a los monopolios.

Si ahora la Corte declara la constitucionalidad de la norma, el Estado puede actuar de oficio y licitar las licencias en los casos de grupos que estén excedidos para que aparezcan nuevos oferentes. Y ya la Corte dijo que no está afectada la libertad de expresión, sino eventualmente la propiedad de un grupo, lo cual no es suficiente para declarar inconstitucional la ley. 

El otro problema es que el Gobierno ha puesto demasiado foco en este punto, legítimo, y no hay suficiente política activa para promover otros recursos de la ley que hacen a la democratización. Hay que trabajar más en la idea de radio y televisión pública. En esto tampoco la oposición ha ayudado porque ha trabado todo lo que está a su alcance.

Todo lo que significa el porcentaje de medios reservados para los espacios comunitarios necesitan de políticas activas. No basta con que tengan el derecho de acceder a las licencias, sino que necesitan recursos, inversiones. No es que el Estado tenga que financiar todo, pero sí promoverlo porque si no la lucha es muy desigual frente a los medios concentrados. La ley es buena, pero no es suficiente.

–¿De qué manera la LSCA puede contribuir a un proceso de “reciudadanización” de las voces actualmente silenciadas por un régimen de propiedad de los medios excesivamente concentrado?

–El solo hecho del debate previo a la aprobación de la ley, sobre todo con lo que fueron los 21 puntos de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, ayudó a mirar el sistema de medios desde otro lugar, a desmitificar aquella idea de que los medios traducen la “verdad”. Eso es un proceso de ciudadanía. También ayudó a hacer un proceso de lectura crítica de los medios.

Y puede contribuir más en tanto y en cuanto produzca efectivamente el proceso de desconcentración de la propiedad de los medios, de que garantice más pluralidad. Un proceso de ciudadanía comunicacional pasa por el ejercicio del derecho a la comunicación entendido como derecho humano fundamental, pero que no se restringe estrictamente al sistema de medios, sino que tiene que hacer pensar lo comunicacional como transversal a los procesos, por ejemplo, de política pública.

–Precisamente también hablás de la necesidad de pensar la comunicación más allá de los medios.

–No se puede hacer política pública sin comunicación. Hay que pensar la comunicación como relacional, cómo la comunicación nos relaciona como personas, como ciudadanos. Pensar la comunicación debe llevarnos a pensar la historia en su dinamismo relacional. Salir de la idea de que la historia es una fotografía para mirarla como una película de la que participan multiplicidad de actores. Me parece que la trama de la historia es comunicacional. Y no digo que todo sea comunicación, sino que existe la posibilidad de mirar los procesos históricos y sociales desde la comunicación, desde la construcción de relaciones, como se puede mirar desde la sociología, la antropología, etc.

Hay una idea importante, que también nos enseñó en su momento Juan Díaz Bordenave, según la cual el resultado de la relación es un proceso totalmente inédito. El encuentro entre dos o más sujetos da un resultado que no es la suma de uno y otro, sino algo absolutamente nuevo, que es el proceso de la interacción. 

Para mí ese es el sentido del concepto de mediaciones de Jesús Martín Barbero. Es decir, la posibilidad de interacción y de la generación no de un entremedio, sino de un nuevo resultado que surge del diálogo entre sujetos cuando, enfrentados en situaciones diferentes, pueden generar un otro mensaje, una otra situación, una otra mirada.

Como comunicadores sociales deberíamos plantearnos cuál es el aporte que hacemos en la construcción de lo ciudadano y en la construcción de lo público. Deberíamos trascender la mirada estricta del periodista como puente informativo para ser un articulador de saberes y prácticas en el espacio público.

–¿Y con respecto a las críticas de que el gobierno de Cristina Fernández está desconcentrando por un lado para concentrar hacia los sectores que le son afines?

–Efectivamente hay más medios cercanos al Gobierno, pero si uno mira la cobertura que esos medios tienen no son realmente significativos con relación a quienes ejercen todavía hoy situaciones monopólicas. Lo que a mí me parece más criticable es el manejo de la radio y televisión pública, porque estas deben ser públicas, no del Gobierno de turno. Por lo tanto, necesitarían de un ejercicio de pluralidad, de presencia de diversidad de actores. Lo que pasa es que desde el punto de vista político estamos en una situación muy polarizada, con mucha mirada binaria. Y la radio y la televisión pública quedan enredadas en ese lugar.

–¿Cómo observa el mapa mediático en Paraguay y el estado de la libertad de expresión en el contexto posgolpe?

–En Paraguay hay un nivel altísimo de concentración de propiedad de los medios. En este sentido el gobierno de Lugo, apenas muy tímidamente, había comenzado a romper esa situación. Luego del golpe hubo un retroceso muy grande. Lo preocupante son las trabas a las radios alternativas y comunitarias. Muchas de las llamadas radios comunitarias en realidad no lo son, están amañadas por dirigentes políticos y propietarios que hacen negocios. Además lo que significaron todas las trabas que el propio Congreso puso para la legislación de las radios comunitarias. En Paraguay es muy difícil la vigencia del derecho genuino a la comunicación. El hecho de que la TV Pública no haya seguido prosperando por el camino que empezó a andar y que la radio pública ahora no manifieste una pluralidad de voces es un paso atrás muy grande.

–En uno de sus trabajos plantea la paradoja de que en un mundo superinformatizado el conocimiento de la “realidad” se hace cada vez más difícil o, al menos, problemático.

–En medio de la vorágine informativa y en un supuesto contexto de superinformación hay sectores de la sociedad que siguen excluidos como sujetos de la información y como sujetos con derecho a comunicarse. Sus voces no son escuchadas y no son noticia para nadie. Esto es un modo más de exclusión. Si yo miro la comunicación como un derecho habilitante de otros derechos, quien no sabe que tiene derechos no los puede reclamar. Esta es una de las grandes paradojas que vivimos.

–A pesar de la evidencia de que el periodismo está cada vez más sometido a fuerzas externas que lo condicionan, cierta prensa insiste en rotularse como “libre e independiente”.

–Ese es un viejo recurso que viene del periodismo norteamericano. Tiene mucho más que ver con la libertad de empresa que con la independencia respecto de los contenidos. Es una mirada pretendidamente liberal que dice que el periodismo es independiente de toda presión. Hace 30 o 40 años todavía podía haber empresas periodísticas autónomas. Hoy las empresas periodísticas son parte de conglomerados. No existen empresas periodísticas que sean solo periodísticas; son parte de grupos económicos que tienen lo periodístico como parte de una estrategia en la que tienen emprendimientos industriales, donde tienen relaciones con la política, etc.

También hay relatos que pretenden ser completos, objetivos e independientes. Pero ni completos, ni objetivos ni independientes. Primero, no tenemos una mirada total de la realidad. Hacemos recortes. Para algunos es noticiable una cosa y para otros, otra. Tampoco objetivos porque miramos desde un lugar. Mucho menos independientes porque todos estamos marcados por nuestras propias historias, nuestras culturas. ¿Independientes de qué? Es más, yo no pretendo ser independiente. Yo prefiero que mis lectores sepan desde dónde hablo. Esa es una manera de generar libertad en el interlocutor para que tome o deje lo que yo diga.

Los periodistas no son independientes, son presionados permanentemente. No deciden lo que publican o lo que no publican, sino que son los gerentes editoriales los que fijan los lineamientos de lo que se publica y qué no. Las grandes corporaciones son las que insisten en ese discurso de independencia, que es mentiroso. Dos de los grandes intérpretes de esa posición son la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR), que son las organizaciones de los grandes grupos económicos. La SIP y la AIR, con el discurso de la objetividad, representan los intereses de las empresas.

–¿En qué consiste, y cómo trabajar en, la ciudadanía comunicacional?

–Consiste sobre todo en construir condiciones efectivas para el derecho a la comunicación. Eso significa que además de declamarlo hay que construir condiciones operativas. No basta con decir que todo el mundo tiene derechos. Eso se tiene que traducir en qué canales hablo y de qué manera. Es decir, traducir el derecho a la comunicación en condiciones objetivas y materiales para que pueda ser ejercido. O si no es una sola declaración de principios, pero que no sirve en términos conducentes porque no aporta al cambio. Además, hay que entender que lo comunicacional es esencial a la vida política y social. Y que, por lo tanto, se convierte en un espacio de lucha y de debate. El derecho a la comunicación no se regala, hay que conquistarlo. Es parte de una conquista ciudadana el pensar lo comunicacional como derecho humano, vincularlo con los derechos políticos, sociales y culturales.

–Usted advierte sobre la excesiva editorialización en perjuicio de la información no solo en lo que dicen los medios, sino sobre todo en lo que ocultan y dejan de decir.

–En esta pelea política y lógica binaria estamos perdiendo calidad informativa. Y no digo que no tengamos que opinar, pero hay que recuperar la calidad informativa. Hay que recuperar la veracidad. Asumir que contamos desde un lugar. Y lo que se oculta es lo que perjudica a los intereses económicos. La censura es una sustracción de la información. Robar información es quitarle derecho a las audiencias. Tan grave como mentir es omitir. Omitir es una forma de distorsión de la realidad.


Brevísimo CV

Washington Uranga nació en Montevideo y es periodista, docente e investigador de gestión y procesos comunicacionales. Actualmente preside el Instituto Latinoamericano de Comunicación para el Desarrollo (ILCD), fundado en Asunción en 2011, y se desempeña como editor de La Ventana, sección de análisis y teoría de la comunicación del diario bonaerense Página/12. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Hermosas palabras primeras: “El guaraní entrega su brazo solidario”


Reseña de una edición bilingüe guaraní-castellano de mitos y leyendas de pueblos originarios del Paraguay

Pintura corporal tomárãho (foto de Guillermo Sequera)


Ñe’ê porã tenonde (Hermosas palabras primeras) es el título de una reciente publicación que recoge algunas muestras del acervo oral de los ache, maka, mbya, nivakle y tomárãho, colectadas por Guillermo Sequera, compiladas por Mirta Roa y traducidas por Mauro Lugo.

Todos los relatos están en guaraní, con su correspondiente versión en castellano. “Tuichaite mba’eniko oñembokuatia umi Ñe’ê porã ypykue (es cosa grande bajar al papel aquellas hermosas palabras primigenias)”, escribe el antropólogo Guillermo “Mito” Sequera en el Ñepyrûmby (prefacio en guaraní).

Ante la diversidad de las lenguas originarias de nuestro continente, al guaraní históricamente le cupo esa función de lengua franca al punto de que llegó a ser considerada como una lengua colonialista. Esto a raíz de que las familias lingüísticas indígenas no guaraníes tuvieron que adoptarla para comunicarse con la sociedad nacional, llegando a darse incluso un proceso de sustitución lingüística.

“(Che) añe’ê upe oñamansáma va’ekue guaraníme” (Hablo el guaraní del amansado), refiere la Canción de Airági, que en ache significa “persona cuya alma tiene algo de muchacho bárbaro”. Este canto, recogido por Mark Münzel, describe la “domesticación” del ache y el abandono de la vida en el monte, que implicó como uno de sus factores causales el ablandamiento por y a través de la lengua.

Pero en este caso el guaraní “entrega su brazo solidario a otros idiomas y culturas del Paraguay para consagrarse como atadura vital de lingua fraterna, como vaso comunicante de otros pensamientos y lenguas ancestrales hacia aquellos que solo se expresan en guaraní”, afirma Mito en el prólogo.

El sincretismo cultural
Las historias seleccionadas nos muestran la vitalidad y el dinamismo de estas culturas, que han recreado su imaginario religioso en directa interacción con las vivencias y peripecias del mundo actual.

En una leyenda nivakle sobre el origen de la pobreza, esta se atribuye a la “necedad” de un ancestro que rechaza todos los ofrecimientos de nuestro padre Fizãõk’ãõyich, desde una escopeta para la caza hasta el dinero, que haría a los otros trabajar para él. “Por eso nosotros vivimos así ahora. ¡Lástima que era tan zonzo aquel nivakle antiguo!”, finaliza la narración que, a pesar del cuadro descrito, deja entrever un cierto dejo de humor e ironía.

Sin embargo, en la Oración a la Luna, dictada a Juan Belaieff por el informante Ka e su hut, un maka implora: “Luna, mujer extraña; una mujer quiero, un caballo, una escopeta, de dos caños, frente, pescado, ciervos”.

Por su parte, los mbya nos cuentan el Mito de los gemelos, en versión de León Cadogan, en el que el héroe solar Paî Rete Kuaray se enfrenta a un genio negador, Charía. Cuando aquel creo el pindó, este el cocotero; cuando aquel creó una anguila, este le replicó con una víbora venenosa y así sucesivamente.

Paî tenía una hija y Charía se enamoró de ella y pidió su mano. “Pero Charía se portó de manera indecente como si fuera un verdadero paraguayo, y al cruzar el arroyo la muchacha desapareció”. Posteriormente, el relato sigue hasta el origen de dos plantas de las que se creó la humanidad.

Por último, el compendio cierra con tres piezas yxyr que, en su conjunto y reunidas bajo el título de Relatos tomãráho  en otro volumen preparado por Mito, constituyen una especie de Las mil y una noches que cuenta, entre otras andanzas, las intrigas, disputas y desventuras de seres embarcados en conquistar la más alta dignidad de la que puede gozar un yxyr, la de ser konsaho, es decir, chamán, líder espiritual y maestro en las artes de la caza, el tejido y la recolección de frutos y miel. Todo ello reseñado a través de una extraordinaria estructura narrativa de temas y subtemas, que terminan rematando la historia principal con inesperados giros y cruzamientos.

Pero más allá de la magia de las exquisitas piezas literarias ofrecidas, el libro aspira a ser mucho más que un mero inventario de rarezas de museo, tentación frecuente de las etnografías. El proyecto, llevado a cabo por la Fundación Roa Bastos, entiende que solo a partir del conocimiento y el reconocimiento de la cultura de los pueblos originarios estos podrán gozar efectivamente de sus derechos. A la vez, la propiedad comunitaria de sus tierras debe estar garantizada a fin de que su cultura pueda seguir reproduciéndose ya que, según la conocida máxima, sin “tekoha no hay teko”. Es decir, sin el espacio sociocultural que sirve de base material al universo simbólico este indefectiblemente se deshace haciéndose polvo en el viento.    

“La acelerada deforestación de áreas boscosas, la emisión indiscriminada de gases tóxicos, la depredación y contaminación de recursos acuáticos, entre otras calamidades, configuran verdaderas amenazas para la preservación de hábitos y prácticas de las culturas originarias.

Ningún proyecto emancipador puede ser auténtico si no se tienen en cuenta los genocidios culturales que aún están sucediendo”, concluye Sequera.